LA PISTA QUE NO ESTÁBAMOS BUSCANDO
La mañana llegó demasiado tranquila.
Y, después de todo lo que había vivido últimamente, Marla había aprendido a desconfiar de las mañanas demasiado tranquilas.
Abrió los ojos lentamente y encontró a Adrián todavía dormido a su lado.
Durante unos segundos simplemente lo observó.
Su respiración tranquila. El cabello ligeramente desordenado. La expresión relajada que casi nunca tenía cuando estaba despierto.
Marla sonrió.
—Qué lindo se ve cuando no está hablando.
Adrián abrió un ojo.
—Te escuché.
Marla se quedó congelada.
—¿Tú estabas despierto?
—Desde que dijiste que me veía lindo.
—Yo no dije eso.
—Lo pensaste.
—No te emociones.
Adrián soltó una pequeña risa y la abrazó.
Marla intentó apartarse.
—Tengo hambre.
—Buenos días para ti también.
—Buenos días. Tengo hambre.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—¿Ni siquiera un beso?
Marla lo miró seriamente.
—Depende.
—¿De qué?
—De si hay desayuno.
Adrián se echó a reír.
—Eres imposible.
—Y aun así te casaste conmigo.
—Precisamente por eso.
Marla terminó sonriendo antes de darle un beso.
Por unos minutos, el mundo pareció sencillo.
No había secretos familiares.
No había amenazas.
No había fotografías antiguas.
No había preguntas sobre su abuela.
Solo ellos.
Y aquella sensación de haber llegado finalmente a un lugar donde podían respirar.
Pero la tranquilidad duró exactamente hasta que Marla vio su teléfono.
Tenía un mensaje.
De Alejandro.
Necesito hablar contigo. Es sobre la fotografía. Encontré algo más.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Adrián lo notó inmediatamente.
—¿Qué pasó?
Marla le mostró el teléfono.
Él leyó el mensaje.
—¿Quieres llamarlo?
—No.
—¿Por qué?
—Porque si me llama, quiero poder colgarle.
Adrián levantó una ceja.
—Eso no responde mi pregunta.
—Me pone nerviosa.
Adrián tomó su mano.
—Entonces no tienes que hacerlo sola.
Marla respiró profundamente.
—Quiero saber la verdad.
—La sabremos.
—¿Y si mi abuela realmente está viva?
Adrián guardó silencio durante un momento.
—Entonces la encontraremos.
Marla bajó la mirada.
—¿Y si no quiere verme?
—Eso será decisión de ella.
Marla sintió un nudo en la garganta.
—¿Y si descubre que yo existo y me culpa por todo lo que pasó?
Adrián se acercó más.
—Marla, tú no eres responsable de las decisiones que tomaron los adultos antes de que nacieras.
Ella lo miró.
—A veces siento que nací en medio de una historia que nadie me contó.
—Entonces ahora tienes la oportunidad de escribir la siguiente parte.
Aquellas palabras se quedaron con ella.
Horas después, Marla y Adrián estaban sentados frente a Alejandro.
Isabella también había llegado.
Alejandro dejó una carpeta sobre la mesa.
—No quería decirles nada hasta estar seguro.
Marla cruzó los brazos.
—Entonces habla.
Alejandro abrió la carpeta y sacó varias fotografías.
La primera era la misma que Marla había visto.
Su madre.
La mujer que podía ser su abuela.
Pero debajo había otra fotografía.
Más reciente.
Marla la tomó entre sus dedos.
—¿Cuándo fue tomada?
—Hace aproximadamente seis meses.
El corazón le dio un vuelco.
—¿Seis meses?
Alejandro asintió.
—Y hay algo más.
Sacó un documento.
—Encontré registros de una propiedad que perteneció a tu familia.
Isabella se inclinó hacia adelante.
—¿Dónde?
Alejandro respondió:
—En un pequeño pueblo fuera de la ciudad.
Marla miró a Adrián.
Él ya estaba mirándola.
—¿Y qué tiene que ver eso con mi abuela?
Alejandro señaló el documento.
—La propiedad sigue registrada a nombre de una mujer con el mismo nombre que aparece en los documentos antiguos de tu familia.
Marla dejó escapar el aire lentamente.
—¿Eso significa...?