CAPÍTULO 65
LA NOCHE EN QUE TODO CAMBIÓ
Marla sostuvo la fotografía con ambas manos.
No podía dejar de mirarla.
Era ella.
Un bebé pequeño, envuelto en una manta, dormida entre los brazos de su madre.
Elena.
Su madre la miraba con una expresión que Marla nunca había visto en ninguna fotografía anterior.
No había miedo.
Había amor.
Un amor inmenso.
Y detrás de aquella fotografía estaba escrita una frase:
«La noche en que intentaron llevársela.»
—¿Por qué nunca me contaron esto? —preguntó Marla con la voz quebrada.
Adrián se sentó a su lado.
—Quizás porque intentaban protegerte.
—Toda mi vida me han protegido escondiéndome cosas.
Él no respondió.
Porque sabía que tenía razón.
Marla sacó el resto de los papeles del sobre.
Había tres fotografías.
La primera mostraba a Elena con ella.
La segunda mostraba a Isabella cuando era bebé.
Y la tercera...
Marla se quedó inmóvil.
—No...
Adrián tomó la fotografía.
En ella aparecía Elena junto a una mujer mayor.
La misma mujer de la fotografía que Alejandro había encontrado.
Su abuela.
Pero había algo extraño.
En el fondo aparecía una casa.
Marla reconoció inmediatamente la fachada.
—Es la propiedad.
Adrián la miró.
—La casa de los documentos.
Marla asintió.
—Ella estuvo allí.
Cuando llegaron a casa, Isabella ya estaba esperando.
Marla puso las fotografías sobre la mesa.
Su hermana las observó en silencio.
—¿Dónde las conseguiste?
—Victoria.
Isabella levantó la mirada.
—¿La mujer del medallón?
—Sí.
Gabriel llegó poco después.
Al ver las fotografías, palideció.
—¿De dónde salió esto?
—De mi abuela.
Gabriel se quedó quieto.
—Entonces finalmente decidió hablar.
Marla se acercó.
—¿Tú sabías que estaba viva?
Gabriel cerró los ojos durante un instante.
—Tenía sospechas.
—Eso no es una respuesta.
—No.
Gabriel respiró profundamente.
—Pero sabía que algún día podía intentar contactarte.
Marla sintió que la rabia comenzaba a crecer.
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
—Porque tu abuela me pidió que esperara.
—¡Siempre hay alguien pidiendo que espere!
Isabella tomó suavemente el brazo de Marla.
—Marla...
—No, Isabella.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Estoy cansada de descubrir mi vida por partes.
Gabriel bajó la mirada.
—Tienes derecho a estar enojada.
—Quiero toda la verdad.
—Entonces tendrás que escuchar algo que quizás no quieras escuchar.
Marla se quedó quieta.
—Habla.
Gabriel señaló la fotografía.
—La noche en que intentaron llevarte, tu madre no estaba sola.
—¿Quién estaba con ella?
—Tu abuela.
Marla abrió los ojos.
—¿Y qué pasó?
Gabriel tardó unos segundos.
—Alguien entró en la casa.
El silencio se apoderó de la habitación.
—Querían llevarse a las dos niñas.
Isabella palideció.
—¿A nosotras?
—Sí.
Marla sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
Gabriel la miró.
—Por la familia a la que pertenecían.
Horas después, Marla estaba sentada en el balcón.
Adrián salió y se sentó junto a ella.
—¿Estás bien?
Marla negó.
—No.
Él asintió.
—Está bien.
Ella lo miró.
—¿No vas a decirme que todo estará bien?
—No.
Marla sonrió tristemente.
—Gracias.
—Porque no sé si todo estará bien.
Adrián tomó su mano.
—Pero sé que no tienes que enfrentarlo sola.
Marla apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Quiero conocerla.
—La conocerás.
—Quiero preguntarle por qué.
—Y podrás hacerlo.
—Quiero saber por qué me escondieron tantas cosas.
—También.
Marla guardó silencio.
Después de unos segundos, sonrió.