Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

63

CAPÍTULO 63

ALGUIEN ESTÁ OBSERVANDO

Marla permaneció inmóvil mirando la pantalla.

El mensaje seguía ahí.

«No busques a tu abuela.»

Y debajo:

«Ella no es la única persona que sobrevivió.»

Adrián tomó el teléfono con cuidado.

—No respondas.

—No pensaba hacerlo.

—Bien.

Marla tragó saliva.

—¿Quién podría saber que estamos investigando esto?

Adrián levantó la mirada.

—Alguien que conoce tu historia.

—Pero esa historia estuvo escondida durante años.

—Entonces alguien de tu familia pudo haber hablado.

Marla negó lentamente.

—Mi familia tampoco sabe todo.

—Precisamente por eso tenemos que averiguar quién sabe más de lo que aparenta.

Marla se abrazó a sí misma.

—Esto ya no me gusta.

Adrián dejó el teléfono sobre la mesa.

—A mí tampoco.

Ella lo miró.

—Tengo una idea.

—Eso nunca empieza bien.

—Cállate.

—Te escucho.

—Quiero volver mañana.

—¿A dónde?

—A casa.

Adrián asintió.

—De acuerdo.

Marla respiró profundamente.

—Quiero hablar con Isabella, con Gabriel y con Alejandro. Todos juntos.

—¿Y después?

—Después vamos a buscar esa propiedad.

Adrián sonrió ligeramente.

—Sabía que no ibas a dejarlo pasar.

—¿Y qué esperabas? ¿Que leyera "no busques a tu abuela" y dijera "bueno, será mañana"?

Él soltó una risa.

—Eso sí sería preocupante.

Marla le dio un pequeño golpe en el brazo.

—No te burles.

—No me burlo. Me gusta esa parte de ti.

—¿Cuál?

—La que tiene miedo y aun así sigue adelante.

Marla bajó la mirada.

—Yo no me siento valiente.

Adrián tomó su mano.

—No necesitas sentirte valiente para serlo.

A la mañana siguiente regresaron.

Isabella fue la primera en llegar.

—¿Dónde está el mensaje?

Marla se lo mostró.

Isabella lo leyó dos veces.

—Esto no es una amenaza cualquiera.

—Lo sé.

—Alguien quiere asustarnos.

Gabriel entró unos minutos después.

Al ver los rostros serios, dejó de sonreír.

—¿Qué ocurrió?

Alejandro llegó detrás de él.

Marla puso el teléfono sobre la mesa.

Nadie habló durante unos segundos.

Gabriel tomó aire.

—Hay algo que nunca les conté.

Marla levantó inmediatamente la mirada.

—¿Qué cosa?

Gabriel se sentó.

—Cuando ocurrió la separación de tu madre y tu familia, no todos desaparecieron.

Isabella frunció el ceño.

—¿Quién más estaba involucrado?

Gabriel miró a Marla.

—Un hombre llamado Esteban.

Marla sintió un extraño escalofrío.

—¿Quién es?

—Era una persona muy cercana a tu abuela.

—¿Y dónde está ahora?

Gabriel negó con la cabeza.

—Eso es precisamente lo extraño.

Alejandro intervino:

—Esteban desapareció hace años.

Marla apretó los dedos.

—¿Desapareció?

—Sí.

—¿Y creen que está vivo?

Gabriel miró hacia la ventana.

—No lo sé.

Entonces Isabella preguntó:

—¿Por qué nunca nos hablaste de él?

Gabriel bajó la mirada.

—Porque tu abuela me pidió que no lo hiciera.

Marla se quedó completamente quieta.

—¿Mi abuela?

—Sí.

—Entonces ella sabía que algo podía pasar.

Gabriel no respondió.

No hacía falta.

Marla entendió.

Su abuela había estado escondiendo algo.

Y quizá había estado intentando protegerlas.

Horas después, Alejandro consiguió la dirección exacta de la propiedad.

Estaba lejos.

Una casa antigua, rodeada de árboles y prácticamente aislada.

Marla observó la fotografía del lugar.

—¿Y si ella está ahí?

Adrián estaba sentado a su lado.

—Entonces llamaremos a la puerta.

—¿Y si no quiere abrir?

—Esperaremos.

—¿Y si nos pide que nos vayamos?

—Nos iremos.

Marla lo miró sorprendida.

—¿Así de fácil?




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