Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

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CAPÍTULO 69

LA VERDAD QUE NOS DEVOLVIÓ

Marla no quería soltar a su madre.

Durante años había imaginado aquel momento de cientos de maneras.

Había imaginado que estaría enojada.

Que le reclamaría.

Que tendría miles de preguntas.

Que quizá no sabría qué decir.

Pero nada la había preparado para sentir nuevamente los brazos de Elena alrededor de ella.

Para escucharla llorar.

Para sentir que aquel abrazo, de alguna manera, llenaba un espacio que siempre había estado vacío.

—Mamá... —susurró Marla.

Elena le acarició el cabello.

—Perdóname.

Marla cerró los ojos.

—No quiero que me pidas perdón todavía.

Elena se apartó ligeramente.

—¿Por qué?

—Porque primero quiero abrazarte.

Elena sonrió entre lágrimas.

—Entonces abrázame todo lo que quieras.

Marla volvió a rodearla con los brazos.

A unos pasos de ellas, Isabella observaba la escena llorando.

Elena levantó la mirada.

Cuando vio a Isabella, se quedó inmóvil.

—Isabella...

La joven comenzó a llorar.

—Mamá.

Elena abrió los brazos.

Isabella corrió hacia ellas.

Por primera vez en más de dos décadas, las tres estuvieron juntas.

Madre e hijas.

Sin secretos.

Sin puertas cerradas.

Sin mentiras.

Pero alguien seguía observándolas.

Samuel.

—Qué escena tan conmovedora —dijo.

El ambiente cambió inmediatamente.

Adrián se colocó junto a Marla.

Gabriel dio un paso al frente.

—¿Qué quieres?

Samuel sonrió.

—Lo que siempre quise.

—¿El dinero?

—No.

Miró a Marla.

—El control.

Marla sintió que la rabia reemplazaba al miedo.

—Pues no lo vas a tener.

Samuel soltó una carcajada.

—Sigues siendo igual que tu madre.

Elena se puso delante de sus hijas.

—Y tú sigues siendo el mismo hombre miserable.

Samuel dejó de sonreír.

—Cuidado, Elena.

—Ya no te tengo miedo.

Samuel la observó durante unos segundos.

—Deberías.

Adrián habló.

—Se acabó.

Samuel lo miró.

—Tú eres Adrián.

—Sí.

—El esposo de Marla.

—Sí.

—Entonces sabes que esta familia no es precisamente sencilla.

Adrián respondió sin apartar la mirada:

—No necesito que sea sencilla.

Tomó la mano de Marla.

—Solo necesito que ella esté bien.

Samuel sonrió.

—Eso es precisamente lo que quería escuchar.

Marla frunció el ceño.

—¿Por qué?

Samuel sacó un documento.

—Porque significa que ya no puedo controlar tu vida.

Rompió el documento delante de ellos.

—Y eso me deja sin nada.

Gabriel miró los pedazos.

—¿Qué era?

Samuel respondió:

—El último documento que podía utilizar para reclamar las propiedades.

Alejandro se acercó.

—Entonces ¿todo esto era por eso?

Samuel negó.

—Al principio.

Miró a Elena.

—Después se convirtió en algo personal.

Elena no respondió.

Samuel respiró profundamente.

—Yo pensé que podía controlar a todos.

Bajó la mirada.

—Y terminé perdiéndolos a todos.

Marla no esperaba aquella confesión.

Pero todavía no confiaba en él.

—Eso no borra lo que hiciste.

—Lo sé.

—Intentaste separarnos.

—Sí.

—Hiciste que mi madre tuviera que esconderse.

Samuel cerró los ojos.

—Sí.

Marla sintió lágrimas en los ojos.

—Me quitaste años de mi vida.

Samuel no respondió.

Y por primera vez, pareció comprender realmente el daño que había causado.

La noche continuó con conversaciones difíciles.

Samuel finalmente contó toda la verdad.

Había manipulado documentos.

Había utilizado amenazas.

Había hecho creer a la familia que Elena había muerto.

Incluso había creado una falsa historia sobre la desaparición de la abuela.

Pero Elena había conseguido escapar.

Durante años vivió bajo otro nombre.




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