El reino estaba cubierto por una gruesa capa de nieve y hielo. Las montañas se alzaban a lo lejos bajo un cielo gris y oscuro, mientras el viento arrastraba la nieve por las llanuras desiertas. Tyr permaneció inmóvil hasta que distinguió una pequeña cabaña en medio de aquella inmensidad.
Se acercó lentamente.
Desde el interior comenzaron a escucharse gritos.
Tyr aceleró el paso y rodeó la cabaña hasta llegar a una de sus ventanas. Se asomó con cautela y lo que vio hizo que permaneciera completamente quieto.
Una mujer jotnar yacía sobre una cama improvisada. Su cuerpo estaba exhausto después del parto y había perdido una cantidad considerable de sangre. A su lado se encontraba un hombre sosteniendo cuidadosamente al recién nacido entre sus brazos.
Tyr reconoció al hombre inmediatamente.
Era Odin.
El bebé lloraba entre sus brazos mientras Odin lo contemplaba con una expresión que Tyr jamás había visto en él. No había dureza en su mirada ni aquella severidad que tantas veces había observado en sus memorias. Por unos instantes, Odin parecía simplemente un padre contemplando a su hijo recién nacido.
La mujer respiraba con dificultad.
Sus ojos apenas podían mantenerse abiertos.
—Odin...
El dios se acercó inmediatamente a ella sin soltar al pequeño.
—Estoy aquí.
La mujer reunió las pocas fuerzas que le quedaban y extendió una mano temblorosa hacia él.
—Prométeme que nuestro hijo estará a salvo.
Odin tomó su mano entre las suyas.
—Te lo prometo.
La mujer dirigió entonces la mirada hacia el bebé. Una débil sonrisa apareció en su rostro mientras escuchaba el llanto del pequeño.
—Protégelo...
Odin apretó suavemente su mano.
—Lo haré. No importa lo que ocurra, nuestro hijo estará a salvo.
La respiración de la mujer comenzó a debilitarse.
Odin comprendió lo que estaba sucediendo.
—No... todavía no.
Ella lo miró una última vez.
—Cuida de él...
Su voz apenas fue un susurro.
Después cerró los ojos.
Su mano perdió lentamente la fuerza hasta quedar inmóvil entre las de Odin.
El silencio llenó la pequeña cabaña.
Odin permaneció junto a ella durante varios segundos, incapaz de apartar la mirada de su rostro. Finalmente bajó los ojos hacia el recién nacido que todavía sostenía entre sus brazos.
El niño había dejado de llorar.
Odin lo contempló en silencio.
Entonces acercó al pequeño contra su pecho.
—Te protegeré.
Su voz estaba cargada de una determinación que Tyr nunca había escuchado antes.
—Y no permitiré que nadie te haga daño.
Odin miró nuevamente al rostro del recién nacido y una expresión de orgullo comenzó a aparecer en sus ojos.
—Nuestro hijo no tendrá una vida común. Será más fuerte que cualquier guerrero que haya existido antes que él. Su fuerza será capaz de cambiar el equilibrio entre los reinos y su nombre será recordado durante generaciones.
Odin hizo una pausa mientras contemplaba al niño.
—Será el guerrero más poderoso que los Nueve Reinos hayan conocido.
Sus brazos rodearon con mayor firmeza al recién nacido.
—El poderoso Thor.
Tyr permaneció inmóvil frente a aquella escena.
Por unos instantes, parecía incapaz de procesar lo que acababa de descubrir. Volvió la mirada hacia el recién nacido que Odin sostenía entre sus brazos y después hacia la mujer jotnar que yacía sin vida sobre la cama.
Thor.
Aquel niño era Thor.
Pero había algo más que Tyr jamás había imaginado.
Thor no era completamente asgardiano.
Era mitad jotnar, mitad asgardiano.
Tyr sintió que aquella verdad golpeaba con una fuerza inesperada. Durante toda su vida había creído conocer el origen de Thor, pero ahora descubría que una parte fundamental de su historia había permanecido oculta incluso para él.
—No puede ser... —murmuró Tyr, sin apartar la mirada del niño.
La revelación no terminaba de encajar en su mente. Thor, el hijo de Odin y Frigg según todo lo que había conocido, había nacido de una mujer jotnar. Entonces, ¿por qué Odin había ocultado algo así durante tantos años?
Tyr volvió a mirar a Odin.
La expresión que había visto en su rostro momentos antes ya no parecía tan sencilla.
Había algo que no comprendía.
Una pregunta comenzó a formarse en su mente.