Un Huracán para el lobo

CAPITULO LXXXV

KATHRYN

El silencio reino el estudio durante varios minutos, roto únicamente por el crujido del cuero cuando Don Agustín se inclinó hacia adelante. El viejo patriarca nos observó, midiendo las implicaciones de lo que acababa de descubrir. Sus ojos, antes cargados de reproche, ahora mostraban la fría lucidez del estratega que evalúa un tablero de ajedrez completamente reconfigurado.

Me mantuve inmóvil, con la espalda recta y la respiración pausada, rehusándome a mostrar la más mínima debilidad frente al hombre que custodiaba el capital de mi primer gran proyecto, había luchado tanto por obtener mi lugar que renunciar a el no era una opción.

  • Esta es una encrucijada brutal, Maximiliano - habló finalmente Don Agustín, y su voz recuperó esa cadencia de autoridad incuestionable - Pero no voy a permitir que el escándalo hunda los cimientos del Hotel Alexander-Agustín, Gala tiene el derecho de la primogenitura cronológica y la simpatía de la junta pero tú, Kathryn, tienes mis millones bajo tu firma y la legitimidad de tu posición ejecutiva.

El anciano se puso de pie, apoyando con firmeza su bastón de plata contra el suelo.

  • Mi decisión es inamovible - sentenció, mirándome fijamente - Te quedas al frente de la dirección general del proyecto, Kathryn. No toleraré retrasos ni interferencias de la oficina de Gala. Si trabajas desde este ático, que así sea pero de ahora en adelante cada contrato, cada desembolso y cada decisión del hotel pasarán única y exclusivamente por tus manos. Yo me encargaré de silenciar los rumores en la junta directiva pero prepárense... porque cuando Gala descubra que su carta de triunfo ya no es la única en la mesa, su papel de víctima se convertirá en veneno puro.

MAXIMILIANO

La llamada de ni asistente ejecutiva a las cinco de la tarde confirmó las sospechas de Don Agustín, la tregua no había durado ni tres horas. Gala se había enterado de la decisión del patriarca a través de las filtraciones del departamento legal y la noticia de que el proyecto del hotel permanecía blindado bajo el control de Kathryn sumado al rumor inevitable de su embarazo la había hecho estallar.

No hubo lágrimas ensayadas esta vez, cuando respondí la línea privada de mi despacho, su voz no era la de la madre desprotegida que había suplicado compasión por la mañana.

  • ¿Así que esa era tu jugada, Maximiliano? - soltó Gala, y su tono trágico se había transformado en una vibración cargada de desprecio y despecho - ¿Una doble gestación para salvar tu imperio? Qué oportuno. Kathryn se embaraza convenientemente un par de semanas después de lo que pasó en la cabaña, solo para no perder sus privilegios ni el control de los fondos de Don Agustín.
  • Mide tus palabras, Gala - le solté, y mi voz vibró con una fuerza pausada que heló la línea.- Te advertí desde el principio que no te metieras en mi vida privada. El fideicomiso sigue en pie. Tendrás tu dinero, el apellido Alexander para nuestro hijo y la cobertura médica más costosa del país. Cumpliré con mi sangre al cien por ciento pero si intentas cuestionar la legitimidad del hijo de Kathryn o su posición en el hotel, te destruiré financieramente antes de que termine la semana.

Gala soltó una risa seca, un sonido agudo que destilaba una furia contenida.

  • ¿Crees que me vas a asustar con tus amenazas de consorcio, Maximiliano? Ya no estoy sola en esto. Mi vulnerabilidad es mi mayor arma y la junta directiva ya se está poniendo de mi parte - su tono bajó, volviéndose peligrosamente pacífico - No voy a tocar tus contratos del hotel, ni voy a discutir con tus abogados pero mañana mismo la prensa de negocios recibirá una copia anónima de las actas de la clínica y los detalles de tu fortaleza en el ático. Vamos a ver cómo reaccionan los inversionistas internacionales cuando se enteren de que el gran Maximiliano Alexander tiene a su representante financiera oculta, compitiendo en semanas de embarazo con la madre de tu primogénito. Si Kathryn quiere jugar a ser la dueña de tu cama, tendrá que hacerlo bajo el escrutinio de todo el país. Disfruta tu noche en el ático, Max, porque mañana tu apellido va a arrastrarse por el lodo.

El clic de la llamada terminada resonó en mi oído. Me quedé de pie junto al ventanal del despacho, apretando el teléfono con una fijeza feroz mientras mis pupilas se dilataban por la rabia, Gala había decidido prenderle fuego al tablero. El contraataque mediático estaba en marcha y esta vez, la tormenta no se detendría ante las puertas de mi ascensor privado.




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