Pintaré tus Sonrisas

12 - Miraflores

Bamvi

Hoy me levanté temprano, preparé el desayuno junto a Melanie y comimos juntas. Melanie me pidió cuidar de Melody un momento, así que ahora estoy dibujando en mi cuaderno de bosquejos, tratando de no quitar la vista de la pequeña por demasiado tiempo.

Melody está tumbada boca abajo en el suelo, mientras hace dibujos de caritas de colores en unas hojas blancas, balanceando su cabeza de un lado al otro, y pidiéndome una nueva hoja cada cinco minutos.

De repente escucho que alguien toca la puerta de la habitación.

—¡Pasa! —exclamo, cerrando el cuaderno para esconder el enésimo boceto de la sonrisa de Mateo.

—Con permiso —saluda Lucas, entrando por la puerta de metal—. ¿Adivina qué? Te tengo buenas noticias.

Elevo la mirada, abriendo mucho los ojos.

—¡Ya arreglaron el poste de luz!

—¡Sí! —grita Melody, poniéndose de pie para abrazar la pierna de su papá.

Yo apenas puedo reaccionar. Corro hacia mi celular, que dejé en la mesita de noche, y lo conecto al cargador.

Aprieto los labios, sosteniendo el cable en su lugar y viendo la pantalla oscura.

—¡Tranquila, Bamvi! Seguro tardará algunos minutos en prender.

Asiento, dejando el celular en la mesita y volviendo la vista hacia Lucas.

—Sí. Creo que sí —Me acomodo un mechón de cabello detrás de la oreja antes de volver a sentarme—. Lo siento, es que no he hablado con Mateo desde el lunes... No quisiera que se preocupe.

—Llevan saliendo como una semana, Bamvi... Seguro entenderá.

Asiento, mordiéndome el labio.

Pero es que yo también necesito saber de él. No sé aún cómo le fue con lo del caso. No sé qué ha hecho. Si ya comió o si tomó agua en lugar de cinco cafés.

—Melanie se quedará con Melody hoy —dice Lucas, sacándome de mis pensamientos—. Y ya que estoy aquí podríamos ir a traer tus cosas a donde Kat, como me pediste.

—¡Sí! Eso me gustaría. Tengo muchas cosas que recoger de allá... aunque no sé si quiera verla o hablar con ella, aún.

Lucas hace un pequeño chasquido y ve hacia el suelo blanco.

—Cuando encienda tu celular, deberías llamarle a Richard. Quizás él pueda tenerte un par de cosas listas.

—Es buena idea. Eso haré —digo volviendo la mirada hacia mi celular. La pantalla aún no enciende—. Y Lucas... —murmuro viendo ahora a sus ojos marrones—. Gracias por recibirme en tu casa. Te estaré eternamente agradecida.

—No te preocupes, Bamvi. Más bien, gracias a ti. Has cuidado muy bien de Melody. ¡Y ahora le gusta más dibujar!

—¡Sí! Y lo hace muy bien, ¿verdad Melody?

—Sí, porque Bami me enseñó —dice con una sonrisa. La niña pequeña se tira de nuevo en el suelo y continúa dibujando en su hoja blanca, usando un marcador naranja.

—Tu tía Bamvi —la regaña Lucas, pero ella hace un puchero en respuesta. Lucas entrecierra sus ojos hacia ella y luego vuelve su vista hacia mí—. Va, así quedamos entonces. Avísame si te responde Richard. Todavía es temprano —Levanta la muñeca y aleja su chaqueta de mezclilla para ver su reloj—. Yo pienso que en unos... 20 minutos estaría bien que salgamos de aquí. Para no encontrar tanto tráfico. Sino ya no llegamos a ningún lado. Lo bueno es que es sábado.

—Está bien. Gracias Lucas —digo y él sonríe.

—Vamos, bebé. Tu mamá te hizo panqueques.

—¿¡Panqueques?! —exclama ella, poniéndose de pie en tiempo récord y extendiendo sus brazos hacia él.

—¡Melody! Ya estás muy grande para que te cargue.

—¡No! —dice en un puchero, haciendo que sus mejillas se vean aún más redondas y pellizcables.

—Vení, pues —Lucas extiende sus brazos hacia ella y las risas de Melody inundan la habitación cuando la levanta en el aire, justo antes de que salieran por la puerta de metal.

Me doy la vuelta y tomo el celular en mis manos. Presiono el botón para encenderlo y finalmente veo la pantalla iluminarse frente a mí.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

Suspiro cuando veo que la pantalla de inicio aparece y que tengo tres barritas de señal.

—¡No más S.O.S!

Abro la aplicación de Instagram con los dedos temblándome y veo que Marcus tiene una nueva historia. La selecciono pero mi corazón se presiona contra mi pecho ante lo que veo.

Espera...

—¿Quién está con Marcus?

Acerco la pantalla pero solo veo una mano femenina sosteniendo la otra copa de vino. Examino la pantalla en busca de pistas, hasta que lo encuentro:

Reposteo de LaLu.Pereira

Y mis hombros se relajan.

—Ah... Es Laura.

Suspiro un poco aliviada y comienzo a buscar mis mensajes. Aunque noto que una sensación de vacío se ha depositado en mi pecho.

Sacudo la cabeza, como si pudiera sacudir esa extraña emoción, y observo mi bandeja de mensajes.

Tengo demasiados mensajes...

Selecciono los mensajes de Marcus Mateo, con premura y mis ojos escanean los muchos mensajes.

Marcus: Mi rayito, mi amor. Dime que estás bien.

Marcus: Si estás trabajando en algo lo entiendo, pero por favor respóndeme algo.

Marcus: Acepto cartas. Incluso señales de humo.

Marcus: Mi bella, no sé qué hacer si no estás. Por favor dime que estás bien.

Esos son los mensajes de ayer. Deslizo hacia arriba y veo aún más mensajes aparecer. Tengo mensajes de cada día de la semana. Cubro mi boca y luego empiezo a teclear mis respuestas, sintiendo ahora un nudo en la garganta.

Bamvi: Mi amor. Lo siento. Se fue la luz aquí donde estoy y no hubo señal. Luego mi celular se apagó desde el martes en la noche. Y estuve cuidando a mi sobrina, no podía salir de aquí. (Larga historia).

Bamvi: Perdón por preocuparte, mi amorcito.

Veo su nombre en la pantalla pero no parece estar en línea.

Trato de respirar hondo para controlar las lágrimas que se avecinan a mi ojos, pero no puedo controlarlas; comienzan a desbordarse sin mi permiso.




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