Pintaré tus Sonrisas

17 - Atemporal

17 - Atemporal

Bamvi

Muevo la cabeza levemente de un lado al otro, disfrutando la canción que suena en la radio.

Es una de Maná, con una melodía de guitarra que me relaja.

Mateo va en el asiento de enfrente, observando los paisajes en el camino con emoción. Daniel ríe de vez en vez, a veces sin hacer ruido, pero distingo cómo sus hombros suben y bajan.

Yo recuesto mi cabeza en el respaldo del asiento. Deslizo mi mano hasta su hombro, y él no tarda en tomarla.

—La música de Maná me suele relajar —murmuro.

—¿Sí? A mí me hace querer rockear —afirma Daniel, moviendo un poco la cabeza y haciendo que su cabello negro y un tanto largo se mueva de un lado al otro.

—Hostias, no recuerdo haber escuchado tantas canciones de ellos antes. Me encanta —admite Mateo, apagando la pantalla de su celular.

—¡Andas suertudo! Yo tengo toda la discografía —dice Daniel orgulloso—. Tenemos más discos para escuchar de regreso a casa.

—¡Espero que el tiempo sea suficiente! —exclama él con una sonrisa.

Daniel ríe ante su comentario y tamborilea con los dedos en el timón.

Yo en cambio veo hacia el camino, mientras bajamos por la colina, serpenteando en una carretera que hace que Daniel no despegue sus ojos de la carretera.

—Ya casi vamos a llegar —dice, bajándole volumen a la radio.

—¿Ya les había contado que Nico vino aquí? —menciona Mateo, sacando su celular para tomarle fotos a los puestos artesanales que vamos pasando.

—Nico, tu primo, ¿va?

—Sí, sí. El mismo.

—Yo me enteré cuando fuimos a Cádiz —digo, pegando mi barbilla al asiento frente a mí.

—¡Sí! Y es gracioso porque Nico dice que venía en el mismo avión que tú.

—¡Sí! Pero me hizo creer que no sabía dónde estaba Guatemala —exclamo, agudizando la voz y rodando los ojos.

—¿Y esa vez por qué no viniste con él? —pregunta Daniel, sin dejar de ver hacia el frente.

Marcus traga fuerte, aún con el celular apuntando hacia los puestos en el camino.

—Yo... No me había vuelto a subir a un avión desde el accidente.

Mis labios se sellan y siento un nudo en la garganta.

Marcus se subió a un avión porque estaba preocupado por mí.

Me muerdo el labio y siento un peso extraño hacerse espacio en mi pecho.

—¡Ah! ¡Me encanta esa canción! —exclama Daniel, cambiando de tema.

No hace falta que vea la pantalla del auto para saber que se trata de "Oye, mi amor".

Me hago un segundo para atrás en el asiento y saco mi celular del bolsillo, mientras que tanto Daniel como Mateo mueven su cabeza al ritmo de la música.

—¡Esa sí la conozco! —exclama Mateo entre risas.

Yo río también, contagiada por ellos. Luego vuelvo la vista a la pantalla de mi celular. Son poco más de las seis de la mañana.

Mientras comíamos tamales anoche, Daniel tuvo la idea de venir a visitar la Antigua Guatemala, para poder enseñarle un pedacito colorido del país a Mateo.

A Mateo y a mí nos encantó la idea. Aunque, para evitar el tráfico, nos tuvimos que despertar a las cinco de la mañana.

Al final, no me arrepentí de haber dormido casi todo el domingo. Creo que no había dormido tantas horas de corrido en toda mi vida. Y a pesar de eso, sigo teniendo los ojitos un poco pegados.

Abro mis mensajes de WhatsApp más por inercia, ya que no tengo mensajes nuevos, y así quizás la luz azul me despierte un poco más.

Mi pecho se apachurra de nuevo cuando veo los chats de mamá y de Kat. Sus fotos de perfil ya no aparecen y sus chats no me permiten enviarles mensaje.

Estuve considerando la idea de ir a visitarlas, de presentarle a Mateo a los abuelos y a mamá. Sin embargo, ver los chats bloqueados hizo que descartara la idea. Cada vez que lo recuerdo, mi vista se vuelve borrosa. (Sí, WhatsApp no es la única aplicación de la que me bloquearon).

—¿Estás bien, mi rayito? —la voz grave pero suave de Mateo hace que vuelva a la realidad.

Asiento, mordiéndome el labio.

—Sí. Creo que aún tengo un poco de sueño.

—¡Está bien! Ya estando allá se nos va a quitar. Conozco un excelente lugar de desayunos chapines —dice Daniel, y veo sus ojos cansados en el retrovisor.

—¡Qué tuanis! —exclamo y Daniel ríe.

—¿Como veinte en inglés? —pregunta Mateo, con sus cejas oscuras casi tocándose.

—¡Oh, no! Tuanis es como decir... "cool" —explico.

—To-a-nis...

—Sí, sí. Es como cuando algo te gusta mucho —agrego.

—¡Ah! Como tú —dice, y su mirada serena encuentra la mía.

—¡Y tú no te quedas atrás! —exclamo con una sonrisa, aunque siento la tensión en mis mejillas.

Él entrecierra un poco los ojos. Es casi como si pudiera ver a través de mis muros.

Vuelvo a ver el celular luego de que vibra, usándolo de excusa para romper el contacto visual.

Elena: Tía. Hostias. Me tenías hecha un lío. Existen señales de humo también, podrías haber usado eso.

AH. Pero me alivia saber que estás bien.

Hostias, tía. Hubieras visto cómo tenías a Marcus. A ese tío le estaba dando algo.

Yo le ofrecí unos relajantes pero se negó rotundamente.

Comienzo a teclear mi respuesta, con una mueca de lado.

Bamvi: Gracias Elena. De nuevo, discúlpame por no haberme comunicado.

Las burbujas en el chat de Elena no se hicieron esperar.

Elena: No te preocupes ya, tía. Ahora, lo que yo quiero que me respondas es si mandaste ese paquete.

Muerdo mi labio y bajo el celular a mi regazo, decidiendo volver la vista a un lado.

Tomo valor y enciendo el celular de nuevo para releer el último mensaje de Elena, recordando el sobre de manila que se quedó en el pick up de Lucas.

Bamvi: Un día de estos podemos hablar por llamada. Hay muchas cosas que te quisiera explicar.

Toco el botón de enviar y guardo el celular en mi pantalón de mezclilla, mientras que esa decisión vuelve a dar vueltas por mi mente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.