Marcus
El aire fresco me acaricia las mejillas, todavía tibias después de caminar. La ciudad es colorida e incluso alcanzo a escuchar el sonido de las aves.
Es mi primer día de vuelta en el set y me siento... diferente. Tengo un nudo en la garganta, pero a la vez, una oleada de alivio me calienta el pecho.
El móvil vibra en mi chaqueta y lo saco.
Es un mensaje de mi bella.
Bamvi: ¡Feliz día, mi estrella del alba! Ya me voy a dormir. Espero que todo te salga bien en el set.
—Vaya, esa sonrisa tan grande solo puedo atribuírsela a una persona —escucho una voz varonil, aunque un poco nasal, a mi lado.
Eric está recostado en la pared, con las manos en los bolsillos, fumando un cigarrillo.
—¡Eh, bro! —saludo con un choque de puños.
—¡Marcus! Tío, qué bueno tenerte de vuelta —responde, extendiendo su brazo para darme un abrazo de lado.
—¿Sabes quiénes vinieron hoy? —pregunto, soltando el abrazo y echando un vistazo a la puerta de al lado—. ¿Estáis todos?
—Sí. La mayoría. Pero te advierto: Ángela está un poco... estresada.
Aprieto los labios.
—Vale. Entraré ahí y veremos qué tal.
Al entrar al set, con pasos lentos para que parezcan más bien... controlados, me encuentro con Ángela.
—¡MARCUS MATEO LUNA!
Vale. Eric tenía razón. Eso no se escucha nada bien.
La pequeña mujer de ojos almendrados se acerca a mí con pasos cortos pero rápidos. Sus labios están apretados y sus ojos oscuros parecen perforarme.
—Puedo explicarlo —levanto las manos frente a mi pecho y muestro los dientes en un intento de sonrisa nerviosa.
—¿Y cómo te fue? —pregunta, parándose frente a mí. Yo frunzo el ceño y bajo las manos muy lentamente.
—¿A qué te refieres? ¿No estás molesta?
—¿Cómo te fue? —repite, esta vez con un tono más grave.
—Ah... bien. Muy bien. Bamvi está bien.
—Vale. Perfecto —dice tomando notas en su portapapeles.
¿Por qué toma notas?
—¿Está todo...?
—Haré unas llamadas. Tenemos un listado de personas para las audiciones del papel que Octavio abandonó. Trataré de que venga la mayoría entre hoy y mañana —su voz suena firme pero va a mil por hora—. Y usted, querido Director, no se va a poder levantar de esa silla —señala la silla negra frente a mí—, hasta que haya escogido a un actor para Marcus y una para Bamvi.
Mi ceño se frunce más y trato de entender qué está sucediendo. Vuelvo la vista y noto a Nico de pie a la distancia. Me hace una mueca y un ademán de pasar su mano recta por su cuello. Eric, que ha entrado silenciosamente, se recuesta en otra pared con una mueca en los labios.
—¿Entendido? —pregunta.
—Sí.
—Ahora. Puedes ir a tu oficina. Te avisaré cuando vengan los candidatos.
Giro sobre mis talones casi como un robot.
—Y Marcus... —murmura.
Me detengo un segundo.
—Me alegra que estéis bien. Salúdame a Bamvi —cambia su tono de voz a uno más agudo y sale caminando a quién sabe dónde.
Continúo caminando hacia mi oficina y Nico se acerca a mí.
—Pudo haber sido peor —murmura, cerrando la puerta detrás de él.
—Joder, me asustó. Creo que me asustó más que mis dos madres juntas.
—Ya lo creo —dice Nicolás, tomando asiento frente a mí.
Pulso el botón de encendido del ordenador.
—¿Y... qué tal? ¿Cómo se siente estar de vuelta después de una semana larguísima?
Hago una mueca y miro a mi primo, prácticamente mi hermano.
—Se siente como un castigo, pero a la vez como algo positivo.
—¡Así de fácil me cambiaste! Vaya...
—Ja, ja. No... es que... Joder, bro. ¿Qué hago?
Nico baja la mirada un poco. Sus dedos juegan con el lápiz azul que está sobre el escritorio.
—No sé qué hacer con este sentimiento... Es todo muy nuevo para mí.
—Creí que mi diagnóstico era acertado, pero fallé —dice, elevando poco a poco sus ojos miel.
Yo lo miro con los ojos entrecerrados.
—Estás mucho peor de lo que pensé.
Bufo y niego con la cabeza.
—Vale, ya. Hablas como si nunca te hubieras enamorado —murmuro—. ¡Sé que debe haber alguien que haya robado el corazón de Nicolás Pereira!
Su mirada vuelve al lápiz en el escritorio, y carraspea.
—Es mejor no hablar de esos temas.
Asiento y decido enfocar mi atención en el documento abierto frente a mí.
~~~~~~~~~~~~~~~~
—¡Carlos Rivera! Por favor, pase.
Juego con el lápiz azul en mi mano derecha. No sé si Nicolás sabía cuando lo tomó del escritorio, pero es el lápiz de Bamvi.
Miro al muchacho de cabello oscuro actuar una de las escenas del guion. Creo que es el duodécimo.
Ángela está al lado mío, anotando cosas en su portapapeles.
—Gracias, te avisaremos si te quedas con el papel.
—Gracias por su tiempo —saluda el muchacho, casi tropezando con su propio pie al salir.
—¿Y bien?
—¿Y bien qué?
—Marcus Mateo Lu...
—Ya, ya. Entendí. Es que... es complicado —me rasco la nuca por inercia.
—No lo es, solo debes escoger a una persona —aclara ella, con el ceño fruncido.
—No... Debo escoger a alguien que transmita... Ninguno lo ha hecho.
—No como tú quieres.
—¡Pero es lo que necesita el papel!
—Joder... —dice entre dientes—. ¡Dylan Davis! Pase, por favor.
Un llanto ahogado me fuerza a elevar la vista y apretar el guion.
Se sienta en el suelo, revolviendo su cabello de manera errática para luego cubrir su rostro.
Yo me acomodo en mi asiento e inclino mi rostro hacia el frente.
El hombre no solo llora, deja todo de él en ese suelo, y hace que a todos los presentes se nos erice la piel.
Nico deja su mano sobre mi hombro y dice en un murmullo:
—Lo encontramos...
Trago fuerte y asiento lentamente.
—Es él.
Me acerco a Ángela, quien ya está levemente inclinada hacia mí.
—Ya no hace falta ver más —susurro.