El demonio que Amé

Capitulo 86: Una pequeña señal

La mañana siguiente comenzó con una sensación extraña para Mie-yeong. Durante los últimos meses se había acostumbrado a que cuando se despierta encuentre a dae-hyung con los ojos abierto y mirando hacia el techo , pero aquella vez, al abrir los ojos, lo primero que encontró fue a su esposo acostado a su lado con los ojos cerrados y el rostro completamente tranquilo. Por un instante pensó que finalmente había conseguido dormir como lo haría cualquier persona normal, algo que todavía le resultaba extraño teniendo en cuenta que Dae-hyung apenas necesitaba descansar debido a su naturaleza demoníaca.

Mie-yeong permaneció unos segundos observándolo, procurando no hacer ningún movimiento brusco. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro mientras lo miraba, pues aquella imagen le parecía curiosamente tierna.

—Vaya… al final sí conseguiste dormir —murmuró, convencida de que él seguía dormido.

Con mucho cuidado intentó levantarse de la cama para no despertarlo, pero apenas separó la cabeza de la almohada, Dae-hyung abrió los ojos y la miró directamente.

Mie-yeong se quedó inmóvil.

—¡Ah! ¿Estabas despierto?

Dae-hyung mantuvo la mirada fija en ella durante unos segundos antes de responder con su habitual tranquilidad.

—No estaba dormido.

—Entonces, ¿por qué tenías los ojos cerrados?

—Quería comprobar cómo se siente estar con los ojos cerrados durante mucho tiempo.

Mie-yeong lo observó con una expresión de incredulidad antes de dejar escapar un pequeño suspiro.

—A veces olvido que todavía haces cosas así.

—¿Qué tiene de extraño?

—Que pareces estar descubriendo cosas que cualquier persona aprende desde que nace.

Dae-hyung se incorporó lentamente.

—He vivido como humano durante un tiempo, pero eso no significa que entienda todas sus costumbres.

—Ya me di cuenta —respondió Mie-yeong con una pequeña sonrisa—. Aunque tengo que admitir que esta vez pensé que realmente estabas dormido.

—Eso significa que lo hice bien.

Mie-yeong negó con la cabeza mientras se levantaba.

—No sé si sentirme orgullosa o preocupada.

Ambos sabían que aquel día sería más agitado de lo habitual. El cumpleaños de Rumi se acercaba y todavía quedaban muchas cosas por preparar, así que no podían darse el lujo de pasar la mañana tranquilamente. Mientras Mie-yeong se dirigía a preparar el desayuno y algunos aperitivos para el viaje, Dae-hyung se encargó de vestir a Rumi.

Cuando terminó, comenzó a jugar con ella mientras intentaba colocarle correctamente la ropa. Rumi se movía constantemente, gateando de un lado a otro de la habitación y riéndose cada vez que su padre intentaba alcanzarla.

—Quédate quieta —le dijo Dae-hyung con seriedad—. Esto sería más sencillo si dejaras de moverte.

Rumi respondió con un balbuceo alegre y volvió a intentar escapar.

Dae-hyung la observó durante unos segundos.

—Entiendo. Has decidido no colaborar.

La bebé soltó otra pequeña risa, como si aquella conversación fuera perfectamente normal.

Mientras tanto, en la cocina, Mie-yeong terminaba de preparar el desayuno y revisaba una vez más la lista de cosas que debían comprar. Había decoraciones, adornos, algunos alimentos, pequeños detalles para los invitados y varias cosas necesarias para que la celebración del primer cumpleaños de Rumi fuera especial.

Cuando todo estuvo listo, llamó a Dae-hyung.

—¡Dae-hyung! ¡Ya está el desayuno! Trae a Rumi, por favor. Tenemos que salir temprano o terminaremos comprando todo a última hora.

Dae-hyung apareció unos momentos después cargando a Rumi.

Mie-yeong levantó la mirada.

Se quedó completamente quieta.

Sus ojos recorrieron lentamente la ropa de la bebé.

Rumi llevaba un conjunto predominantemente oscuro. El tono de la ropa, combinado con el estilo sencillo que había elegido Dae-hyung, le hacía parecer a su hija como si estuviera sufriendo.

Mie-yeong abrió los ojos con incredulidad.

—¿Qué le pusiste?

Dae-hyung miró a Rumi y después volvió a mirar a Mie-yeong.

—Ropa.

—¡Eso ya lo sé! Me refiero a por qué la vestiste así.

—Porque le queda bien.

Mie-yeong se llevó una mano a la frente.

—¡Parece que la llevamos a un velorio!

Dae-hyung volvió a observar a Rumi.

—No veo el problema.

—¡Claro que no lo ves! Para ti solamente es ropa.

—Exactamente.

—¡Es para una salida familiar! No puedes vestirla como si estuviéramos saliendo a un velorio.

Dae-hyung continuó observando a su hija sin comprender del todo cuál era el problema.

—Sigue siendo ropa.

—No, Dae-hyung tienes que saber vestir a tu hija dependiendo de la ocasión y el lugar.

—Ella está cómoda.

Mie-yeong respiró profundamente para evitar seguir discutiendo.

—Tú desayuna. Yo voy a cambiarla.

Dae-hyung le entregó a Rumi sin protestar.

Mientras caminaba hacia el cuarto de la bebé, Mie-yeong miró a su hija y negó con la cabeza.

—Es la última vez que dejo que tu papá escoja tu ropa sin supervisión.

Rumi respondió con una pequeña risa y movió las manos.

Dae-hyung, que ya se había sentado para desayunar, escuchó el comentario y dejó escapar una pequeña sonrisa.

—No parecía tan mal.

—¡Para ti!

Unos minutos después, Mie-yeong regresó con Rumi vestida con un conjunto mucho más alegre y adecuado para una niña pequeña.

—Así está mejor.

Dae-hyung la observó.

—Sí. Supongo que tienes razón.

—¿Supongo?

—Está mejor.

Mie-yeong sonrió satisfecha.

Después de terminar el desayuno y recoger rápidamente todo lo necesario, la pequeña familia salió de casa. Ya era cerca del mediodía, así que Mie-yeong sabía que no podían perder más tiempo. Su primera parada sería la casa de Céline y Soo-ming, donde las recogerían para comenzar las compras.

Después de unos minutos de camino finalmente llegaron. Rumi iba sentada en su carrito y, apenas vio salir a sus tías, comenzó a mover los brazos emocionada. Incluso intentó incorporarse mientras hacía pequeños sonidos de alegría.




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