De Dama A Reina

Capítulo 12 - Si Tienes Siquiera Algo De Vergüenza

—Su Majestad.

Raphaella permanecía de pie junto a una de las ventanas de las habitaciones de Patrizia.

Aquella mañana no llevaba armadura completa, aunque la espada seguía descansando en su cintura como si fuera una extensión natural de su cuerpo.

Patrizia levantó la mirada de los documentos que estaba revisando.

—¿Sí?

Raphaella pareció elegir cuidadosamente sus palabras.

—Ha pasado ya algún tiempo desde que se convirtió oficialmente en reina.
—Me había dado cuenta.

Ella sonrió.

—Entonces creo que debería organizar una fiesta de té.

Patrizia dejó la pluma.

—Ah.

Silencio.

—Una fiesta de té.

No consiguió ocultar por completo la falta de entusiasmo.

Raphaella levantó una ceja.

—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—La que pondrías si te hubiera pedido organizar tu propia ejecución.

Patrizia se quedó inmóvil durante medio segundo.

Raphaella no notó el efecto de sus palabras.

—No es tan grave.

Añadió.

Patrizia relajó lentamente la expresión.

—Lo sé.

La fiesta de té no era una obligación imperial escrita.

Ninguna ley establecía que una nueva reina tuviera que ofrecer una.

Pero las tradiciones de la nobleza podían llegar a ser casi tan poderosas como las leyes.

Cada nueva reina acostumbraba reunir a las mujeres de las principales familias aristocráticas poco después de asumir su posición.

Una celebración.

Una presentación.

Y, sobre todo...

Una demostración de autoridad.

La mujer que organizaba aquella reunión no era simplemente la esposa del Emperador.

Era la señora de la Casa Imperial.

La figura femenina de mayor rango en el imperio.

Las mujeres que acudieran no estarían asistiendo únicamente para beber té.

Observarían a Patrizia.

Su comportamiento.

Sus gustos.

Sus amistades.

A quién sentaba cerca.

A quién mantenía lejos.

A quién hablaba primero.

Cada detalle podía transformarse en un mensaje político.

Patrizia suspiró.

—Supongo que tienes razón.

Raphaella sonrió.

—Lo sabía.
—No parezcas tan satisfecha.
—Solo estoy feliz de que no haya tenido que convencerte durante una hora.

Patrizia se apoyó contra el respaldo.

—¿Fue idea tuya?
—No exactamente.
—Entonces ¿De quién?

Raphaella dudó.

—Mi madre lo mencionó.
—La marquesa Bringstone.
—Sí.

Patrizia asintió.

—¿Por qué?
—Ayer la duquesa Vasi fue a visitarla.

Eso llamó la atención de Patrizia.

—¿Tricia?
—Su madre.
—Ah.

Raphaella continuó:

—Por lo que entendí, hablaron sobre que todavía no había existido una reunión formal entre Su Majestad y las principales damas de la nobleza.

Patrizia comprendió.

La sugerencia no era simplemente social.

Era una señal.

La nobleza esperaba que Patrizia comenzara a desempeñar visiblemente su papel.

Había sido coronada.

Había empezado a asumir autoridad administrativa.

Ahora debía aparecer también como centro de la corte femenina.

—Las reinas anteriores lo hicieron.

Murmuró Patrizia.

—Exactamente.
—Y si no lo hago...
—No pasará nada oficialmente.

Raphaella se encogió de hombros.

—Pero hablarán.

Patrizia soltó una risa sin humor.

—Siempre hablan.
—Sí.
—Si organizo la fiesta, hablarán.
—Sí.
—Si no la organizo, hablarán todavía más.
—Exactamente.

Patrizia apoyó la frente ligeramente sobre una mano.

—Maravilloso sistema.

Raphaella rio.

—Bienvenida a la nobleza.
—He pertenecido a ella toda mi vida.
—Ahora estás en la parte superior.

Eso era precisamente el problema.

Antes, Patrizia podía evitar muchas reuniones.

Podía permanecer cerca de personas conocidas.

Dejar que Petronilla hiciera conversación con desconocidos.

Ahora no.

La reina no podía esconderse detrás de su hermana.

—Está bien.

Dijo finalmente.

—Organizaré la fiesta.

Raphaella sonrió.

—Buena decisión.

Patrizia no parecía convencida.

Entonces recordó otro problema.

Rosemond.

Su humor empeoró inmediatamente.

Como baronesa recién reconocida, Rosemond pertenecía ahora formalmente a la nobleza.

Y, peor aún...

Era parte de la Casa Imperial como concubina de Lucio.

Eso significaba que no invitarla resultaría demasiado evidente.

Patrizia podía imaginar lo que ocurriría.

Rosemond acudiría a Lucio.

La reina me excluyó.

La reina me humilló.

La reina está intentando acosarme.

Y poco después...

Lucio aparecería en las habitaciones de Patrizia con aquella expresión fría para preguntarle por qué estaba tratando mal a su querida amante.

No.

Gracias.

Ya había tenido suficientes conversaciones semejantes.

Patrizia se masajeó ligeramente la sien.

—Me duele la cabeza solo de pensarlo.

Raphaella comprendió.

—Phelps.
—Phelps.

Ambas pronunciaron el apellido casi como si fuera una enfermedad.

Patrizia miró hacia Mirya.

—Mirya.

La joven se acercó.

—Sí, Su Majestad.
—Prepara las invitaciones.
—¿Para cuándo?

Patrizia pensó.

—La próxima semana.
—Sí.
—Invita a las duquesas, marquesas y condesas que correspondan. También a algunas jóvenes nobles que ya han sido presentadas oficialmente en sociedad.

Mirya asintió mentalmente mientras organizaba la lista.

Entonces dudó.

Patrizia ya sabía qué iba a preguntar.

—Su Majestad...
—Sí.
—¿Qué hacemos con la baronesa Phelps?

Silencio.

Raphaella hizo una mueca.

Patrizia cerró los ojos durante un instante.

No quería verla.

No después del encuentro en la biblioteca.

No después de la manera en que Lucio había intervenido.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 24.09.2026

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