De Dama A Reina

Capítulo 53 - ¿Me Estás Evitando?

—¿De qué están hablando?

La voz inocente hizo que Mirya y Raphaella se volvieran al mismo tiempo.

Petronilla estaba detrás de ellas.

Llevaba un plato entre las manos y una sonrisa satisfecha en el rostro.

—¿Está pasando algo interesante?
—Ah...

Mirya parpadeó.

Raphaella miró hacia otro lado.

La reacción de ambas bastó para despertar todavía más la curiosidad de Petronilla.

—Definitivamente estaban hablando de algo.
—No es nada importante.

Respondió Mirya.

—Eso es exactamente lo que dice alguien cuando está hablando de algo importante.

Raphaella dejó escapar una pequeña risa.

Mirya la miró.

—No ayudas.
—No dije nada.

Petronilla se acercó.

—Entonces, ¿Qué ocurrió?

Mirya dudó.

Petronilla era la única de las tres que ignoraba por completo lo sucedido aquella noche.

No había estado en el Palacio Imperial.

Había regresado temprano a la residencia Grochester y, desde entonces, nadie había considerado necesario explicarle el extraño incidente.

Mirya miró a Raphaella.

Raphaella se encogió de hombros.

No parecía existir una razón seria para ocultarle a la hermana de la Reina aquello que ellas mismas sabían.

Que, en realidad, era muy poco.

—Hubo un pequeño disturbio hace unos días.

Dijo finalmente Mirya.

Petronilla arqueó las cejas.

—¿Un disturbio?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Por la noche.

Petronilla lo comprendió enseguida.

—Debió de ser el día que regresé temprano a casa.
—Sí.
—¿Qué pasó?

Mirya bajó un poco la voz.

—Su Majestad tiene el sueño ligero.
—Eso lo sé.
—Escuchó algo.

Petronilla esperó.

—Un ruido extraño.
—¿Dentro del Palacio de la Reina?
—Sí.
—¿Y?
—Salió a buscar de dónde provenía.

Petronilla miró alternativamente a las dos mujeres.

—¿Sola?
—Al principio no.

Respondió Raphaella.

—Nosotras fuimos con ella.
—Eso tiene más sentido.
—Hasta que nos ordenó esperar.

Petronilla frunció el ceño.

—¿Rizi hizo eso?
—Sí.
—¿Por qué?

Raphaella extendió las manos.

—Si lo supiera, no estaría intentando averiguarlo ahora.

Mirya suspiró.

—Lo único que sabemos es que Su Majestad siguió el sonido y encontró al Emperador.

Petronilla se quedó quieta.

—¿Al Emperador?
—Sí.
—¿En el Palacio de la Reina?
—Exactamente.

La expresión de Petronilla cambió.

—Eso es... extraño.
—¡Eso dije yo!

Exclamó Raphaella.

Mirya la hizo callar con una mirada.

Raphaella bajó la voz.

—Las criadas del Palacio Central también estaban allí.

Petronilla inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Criadas personales del Emperador?
—Varias.
—Entonces él no llegó por accidente.

Mirya asintió.

—Probablemente no.
—¿Qué estaba haciendo?

Silencio.

Petronilla miró a Raphaella.

—¿Ella?
—No sé.
—¿Mirya?
—Tampoco.

Petronilla pareció sorprendida.

Raphaella se cruzó de brazos.

—Nos hicieron esperar.
—Rizi les ordenó esperar.

Corrigió Mirya.

—Sí, pero después las criadas imperiales nos pidieron que guardáramos silencio.

Raphaella frunció el ceño.

—Todavía no sé con qué autoridad pueden ordenarnos algo así.
—Probablemente tenían una razón.

Dijo Mirya.

—Una que no conocemos.
—Eso no mejora mi curiosidad.
—Precisamente ese es el problema contigo.

Petronilla dejó escapar una pequeña risa.

Después volvió a ponerse seria.

—¿Rizi permaneció con el Emperador?
—Sí.

Respondió Mirya.

—Durante bastante tiempo.
—¿Hasta cuándo?
—Cerca del amanecer, el Emperador ordenó que la llevaran de vuelta a sus habitaciones.

Petronilla guardó silencio.

Su mirada se volvió pensativa.

Raphaella lo notó.

—¿Qué pasa, Nil?

Petronilla levantó los ojos.

—Nada.
—Parecía que habías pensado en algo.
—Solo estoy intentando entenderlo.
—¿Sabes algo?
—No.

Petronilla negó.

—Pero si las criadas del Emperador estaban allí y pidieron silencio...

Hizo una pausa.

—No creo que sea algo conocido por muchas personas.

Mirya asintió.

—Yo también pensé eso.
—¿Y Rizi?
—No ha dicho una palabra.
—¿Nada?
—Nada.

Petronilla miró hacia la puerta de la oficina de su hermana.

—Entonces será mejor no preguntarle.

Raphaella abrió la boca.

Petronilla se adelantó:

—A menos que ella quiera hablar.

Raphaella volvió a cerrarla.

—No hay razón para levantar una costra.

Concluyó Petronilla.

Mirya sonrió.

—Estoy de acuerdo.

El tema terminó allí.

Petronilla levantó entonces el plato que llevaba.

—Mucho mejor.

Raphaella miró la tarta.

—¿Eso es lo nuevo del chef?

La sonrisa de Petronilla regresó de inmediato.

—Sí.
—¿Está buena?
—Maravillosa.
—¿Qué tiene?
—Pruébala y descúbrelo.

Raphaella extendió una mano.

Petronilla apartó el plato.

—Después.
—¿Por qué?
—Primero Rizi.

Raphaella la miró con decepción.

—Dijiste que debíamos probarla todos.
—Y lo harán.
—¿Cuándo?
—Cuando mi hermana haya comido.

Mirya rio.

—Nos conformaremos con las sobras.
—Exactamente.

Petronilla sonrió mostrando los dientes.

Había algo casi infantil en su expresión.

Ligero.

Refrescante.

Completamente distinto de los temas que acababan de discutir.

—Voy con ella.

Anunció.

Caminó alegremente hasta la oficina.

Abrió la puerta.

—Rizi.

Patrizia levantó la mirada.

—Nil.

La sonrisa de Patrizia apareció de inmediato, aunque Petronilla notó cierta tensión en ella.

Entró y cerró la puerta.

—Pareces nerviosa.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 14.10.2026

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