De Dama A Reina

Capítulo 19 - ¿Estás Loco?

Patrizia ya había escuchado aquella voz antes.

No era una voz que llegara a sus oídos con frecuencia.

Tampoco una que deseara escuchar demasiado.

Pero era definitivamente familiar.

Demasiado.

Su cuerpo se tensó antes incluso de que pudiera girarse.

Durante un segundo permaneció completamente inmóvil, con una mano todavía cerca de su rostro y los ojos húmedos por las lágrimas que había tratado inútilmente de contener.

No.

No podía ser él.

De todas las personas que podían encontrarla allí, precisamente tenía que ser...

Patrizia se volvió lentamente.

La figura avanzaba hacia ella bajo la tenue luz de la luna.

Cabello oscuro.

Postura alta.

Aquella expresión difícil de interpretar.

Su respiración se detuvo.

—¿Su... Su Majestad?

Lucio se detuvo a varios pasos de ella.

No parecía acompañado por guardias.

Aquello ya era extraño.

Todavía más extraño era encontrar al Emperador deambulando por los jardines a aquellas horas de la noche.

Sus ojos recorrieron el rostro de Patrizia durante un instante.

—¿Qué haces aquí tan tarde?

Patrizia parpadeó.

¿Eso era lo primero que iba a preguntarle?

Se llevó rápidamente una mano a las mejillas y secó cualquier rastro de humedad que pudiera quedar.

Qué vergüenza.

De todas las personas del Imperio Mavinous, Lucio era probablemente la última frente a la que deseaba ser sorprendida llorando.

Rosemond ocupaba una posición bastante cercana en aquella lista, naturalmente.

Pero Lucio...

No.

Definitivamente no.

Patrizia levantó el mentón, intentando recuperar algo de dignidad.

—¿Qué está haciendo usted aquí, Su Majestad?

Lucio la observó.

—Te pregunté primero.

Patrizia guardó silencio.

Claro.

Por supuesto que no dejaría pasar la pregunta.

¿Por qué tenía que mostrarse tan innecesariamente persistente precisamente aquella noche?

Patrizia apartó ligeramente la mirada mientras buscaba alguna respuesta aceptable.

No podía decir:

Estaba llorando porque recordé a mi hermana muriendo en otra vida por haberse casado contigo.

Tampoco:

Estoy cansada de este palacio, de Rosemond, de ti y de un futuro que solamente yo recuerdo.

No.

Necesitaba algo normal.

Algo completamente inofensivo.

Sus ojos se elevaron hacia el cielo.

La luna.

Perfecto.

—Solo estaba...

Hizo una pausa.

—Mirando la luz de la luna.

Lucio no reaccionó.

Patrizia continuó, tratando de sonar más convincente.

—Brilla mucho esta noche. Se veía hermosa.

Silencio.

Lucio siguió mirándola.

Patrizia comenzó a sentirse incómoda.

—¿Qué?

Él señaló tranquilamente:

—Todavía tienes marcas de lágrimas en la mejilla.

Patrizia se quedó inmóvil.

Maldita sea.

Se limpió inmediatamente.

—Es baba.

Silencio.

Un silencio absoluto.

Patrizia deseó desaparecer.

Lucio parpadeó.

Una vez.

Después otra.

Incluso en la oscuridad, Patrizia pudo distinguir la expresión desconcertada del Emperador.

Se le calentaron las mejillas.

¿Por qué?

¿Por qué había dicho eso?

Existían cientos de explicaciones mejores.

Polvo.

Alergia.

El viento.

Cansancio.

Incluso admitir que estaba llorando habría sido más digno.

Pero no.

Ella había elegido baba.

Patrizia cerró los ojos durante un instante.

Había cavado su propia tumba.

Otra vez.

Lucio metió una mano dentro de su abrigo y sacó un pañuelo.

Lo extendió hacia ella.

Patrizia lo contempló.

Después lo miró a él.

—Estoy bien.

Lucio no retiró la mano.

—No lo necesitas.

Nada.

—Su Majestad.

El pañuelo seguía allí.

Patrizia frunció ligeramente el ceño.

¿Acaso pensaba permanecer con el brazo extendido hasta que ella aceptara?

Qué hombre más obstinado.

Pero continuar rechazándolo también comenzaría a parecer descortés.

Y todavía era el Emperador.

Patrizia dejó escapar un pequeño suspiro y finalmente extendió la mano.

—Gracias.

Tomó el pañuelo.

Era de buena calidad.

Naturalmente.

Todo lo que pertenecía al Emperador probablemente costaba más de lo necesario.

Patrizia secó cuidadosamente sus mejillas.

Luego miró el pañuelo.

Después miró a Lucio.

Una idea infantil apareció en su mente.

Probablemente nacida del cansancio.

O del mal humor.

Quizá de ambos.

Y antes de pensarlo demasiado...

Se sonó la nariz.

Muy fuerte.

El sonido rompió completamente la quietud del jardín.

Lucio se quedó inmóvil.

Patrizia levantó ligeramente los ojos.

La expresión del Emperador...

Oh.

Aquello sí era satisfactorio.

Por primera vez desde que lo conocía, Lucio parecía genuinamente perturbado por algo completamente insignificante.

Patrizia tuvo que contener una sonrisa.

No lo consiguió del todo.

—Haré que lo laven y se lo devolveré.

Doblando cuidadosamente el pañuelo, añadió:

—No tiene que parecer tan alarmado.

Lucio tardó un instante en responder.

—Es un pañuelo importante.

Patrizia levantó una ceja.

—¿Importante?
—Sí.
—¿Tanto?
—Debes devolverlo.

Algo desagradable se agitó inmediatamente en el interior de Patrizia.

Importante.

Un simple pañuelo.

¿Por qué?

La primera explicación llegó demasiado rápido.

Rosemond.

Por supuesto.

Quizá aquella mujer se lo había entregado.

Quizá era un pequeño obsequio entre amantes.

Quizá Lucio conservaba incluso aquel objeto porque provenía de ella.

Una punta venenosa de resentimiento se clavó en algún rincón del corazón de Patrizia.

Era absurdo.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 24.09.2026

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