De Dama A Reina

Capítulo 67 - ¿Encontraste Una Conexión?

—...

Petronilla permaneció inmóvil, con el ramo de flores entre las manos.

Durante unos segundos, no supo qué responder.

Rothesay Bradington acababa de pedirle una cita.

Una cita.

Después de haberse conocido formalmente la noche anterior.

¿Qué vendrá después?

La joven lo observó con una mezcla de desconcierto y resignación.

Primero un baile, después flores y ahora una cita...

Comenzaba a sospechar que las peticiones de aquel hombre aumentarían progresivamente hasta alcanzar proporciones imposibles de imaginar.

Rothesay, por su parte, esperaba su respuesta.

La sonrisa que había iluminado su rostro comenzó a desvanecerse al advertir el silencio de Petronilla.

Sus hombros descendieron ligeramente.

—Como imaginaba...

Murmuró.

—¿Es imposible?

La decepción de su expresión era tan evidente que Petronilla sintió una punzada de culpabilidad.

El joven bajó los ojos.

Con su cabello castaño ligeramente despeinado y aquella mirada desalentada, se parecía demasiado a un gatito abandonado bajo la lluvia.

No me mires así.

Petronilla apretó los labios.

No había hecho nada malo.

Tenía todo el derecho de rechazar una invitación.

Además, ya le había explicado que no estaba interesada en iniciar una relación.

Sin embargo, Rothesay parecía incapaz de ocultar lo que sentía.

Y esa sinceridad desarmaba parte de la firmeza que ella intentaba mantener.

La joven dejó escapar un suspiro.

—Está bien.

Rothesay levantó inmediatamente la cabeza.

—¿Perdón?

Petronilla apartó ligeramente la mirada.

—He dicho que está bien.

Durante un instante, el joven pareció no comprender.

Después, su rostro se iluminó.

—¿De verdad?

Petronilla sintió que se arrepentiría de aquella decisión.

—No pienso repetirlo.

Rothesay sonrió ampliamente.

—¡Muchas gracias, mi señora!
—Pero tengo una condición.

La sonrisa del joven se volvió más atenta.

—La que usted desee.

Petronilla sostuvo su mirada.

—Debo regresar a casa antes de que se ponga el sol.

No tenía intención de permitir que una salida aparentemente inocente se convirtiera en motivo de rumores.

Mucho menos cuando apenas conocía a aquel hombre.

Rothesay asintió con absoluta naturalidad.

—Por supuesto.

Su expresión adquirió un matiz solemne.

—No soy un hombre de costumbres libertinas, señorita Grochester.

Petronilla abrió ligeramente la boca.

Estuvo a punto de responder que, considerando la velocidad con la que intentaba cortejarla, podía dar una impresión bastante distinta.

Sin embargo, decidió guardar silencio.

No había necesidad de iniciar otra discusión.

Rothesay parecía tan satisfecho con su respuesta que inmediatamente comenzó a organizar la salida.

—Entonces, ¿Qué día le resultaría conveniente?

Petronilla parpadeó.

—Bueno...
—Si está libre ahora mismo, podríamos salir inmediatamente. Conozco algunos lugares agradables y...
—Ah, lo siento.

Petronilla lo interrumpió antes de que continuara.

—Hoy no puedo.

Rothesay se detuvo.

—¿Tiene compromisos?
—Sí.

La joven asintió.

—Debo dirigirme al Palacio Imperial.

Su expresión se volvió más seria.

—Hay asuntos que necesito discutir con Su Majestad la Emperatriz.

Rothesay comprendió inmediatamente.

—Entonces no quisiera interferir con sus obligaciones.

Petronilla sintió un pequeño alivio.

—Gracias.

Reflexionó unos segundos antes de añadir:

—Le enviaré un mensajero a la residencia del conde Bradington cuando tenga una fecha disponible.

Rothesay sonrió.

—Me parece maravilloso.

Su entusiasmo resultaba casi desconcertante.

Parecía dispuesto a esperar el tiempo que fuera necesario.

Petronilla lo observó.

Qué hombre tan extraño.

No podía comprender cómo alguien podía mostrarse tan feliz por una promesa tan poco concreta.

Sin darse cuenta, dejó escapar una pequeña risa.

Rothesay levantó las cejas.

—Oh.

Petronilla lo miró.

—¿Qué ocurre?

El joven sonrió.

—Acaba de reírse.
—...

Petronilla parpadeó.

—¿Y eso es importante?
—Muchísimo.

Su voz grave adquirió una calidez inesperada.

—Es la primera vez que se ríe mientras me mira.

La joven se quedó callada.

¿La primera vez?

Intentó recordar sus encuentros anteriores.

Estaba casi segura de haber sonreído en alguna ocasión.

Quizá incluso había reído durante el baile.

Pero no consiguió recordar un momento preciso.

Rothesay parecía demasiado convencido para discutirlo.

Petronilla bajó ligeramente la mirada.

—No creo que sea algo tan extraordinario.
—Para mí sí lo es.

La respuesta fue inmediata.

La joven sintió que las mejillas comenzaban a calentársele.

Otra vez está diciendo esas cosas...

Antes de que pudiera responder, Rothesay se levantó.

Petronilla alzó la cabeza.

—¿Ya se marcha?
—Sí.

El joven acomodó cuidadosamente su chaqueta.

—Me dijo que tenía asuntos importantes que atender.

Su sonrisa se volvió más tranquila.

—No deseo ocupar más de su tiempo.

Petronilla lo observó.

Aquello sí resultaba razonable.

—Entiendo.

Rothesay se acercó un paso.

—Entonces me despediré por hoy.

La joven asintió.

—Que tenga un buen día, señor Bradington.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

Después, antes de que Petronilla pudiera anticiparlo, se arrodilló frente a ella.

La joven abrió los ojos.

—¿Señor...?

Rothesay tomó delicadamente su mano derecha.

El contacto fue breve.

Sus labios rozaron el dorso de la mano en un saludo caballeroso.

Petronilla sintió que el rostro le ardía.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 14.10.2026

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