De Dama A Reina

Capítulo 123 - Deseo Estar A Tu Lado Para Siempre

Capítulo 123 - Deseo Estar A Tu Lado Para Siempre

—Solo será un momento, Nil.

Rothesay habló con tanta dulzura que Petronilla no tuvo motivos para dudar de él.

Confiaba en aquel hombre.

Confiaba en su sinceridad, en sus palabras y en la manera en que siempre procuraba hacerla feliz.

Así que sonrió ligeramente y cerró los ojos.

Rothesay respiró profundamente.

Bien.

Había llegado el momento.

Con movimientos apresurados, pero procurando no hacer demasiado ruido, comenzó a disponer los últimos detalles de su sorpresa.

Sacó las velas que había ocultado previamente y las colocó formando un gran corazón.

Después tomó un enorme ramo compuesto por cientos de rosas.

Era una proposición bastante tradicional.

Quizá incluso anticuada.

Rothesay lo sabía.

Había pensado en muchas otras posibilidades, algunas más elaboradas y otras más sorprendentes.

Pero, al final, ninguna le había parecido tan adecuada como aquella.

Rosas.

Luz de velas.

Y una promesa hecha desde lo más profundo de su corazón.

No necesito nada más.

Su deseo era sencillo.

Quería transmitirle a Petronilla cuánto la amaba.

Quería que comprendiera que no se trataba de una emoción pasajera.

Que deseaba permanecer a su lado.

Protegerla.

Cuidarla.

Y amarla durante el resto de sus días.

Rothesay levantó la mirada hacia ella.

Petronilla continuaba con los ojos cerrados, aguardando pacientemente.

Nil...

Su corazón comenzó a latir todavía más deprisa.

Había esperado aquel momento durante tanto tiempo que ahora le resultaba difícil creer que finalmente hubiera llegado.

Voy a pedirle que sea mi esposa.

La idea le produjo una mezcla de felicidad y terror.

Mientras él intentaba tranquilizarse, Petronilla comenzó a impacientarse.

—¿Ya puedo abrir los ojos, Ro?

Rothesay dio un pequeño respingo.

—¡Ah! ¡Espera!

Se apresuró a acomodar el ramo.

—¡Un momento más!

¡Todavía no estoy preparado!

No se refería a las flores.

Ni a las velas.

Todo estaba dispuesto.

El verdadero problema era su corazón.

¿Cómo voy a decirlo sin que me tiemble la voz?

Respiró profundamente.

Una vez.

Después otra.

Esperó a que disminuyera el calor de sus mejillas.

Finalmente, cuando sintió que podía hablar sin perder completamente la compostura, levantó la mirada.

—Nil...

Su voz tembló ligeramente.

—Ya puedes abrir los ojos.

Petronilla obedeció.

Sus párpados se levantaron despacio.

Y, cuando descubrió lo que había frente a ella, se quedó inmóvil.

Un corazón de velas iluminaba suavemente el jardín.

Las pequeñas llamas se agitaban con la brisa nocturna.

Y, en medio de aquella luz cálida, Rothesay la esperaba sosteniendo un enorme ramo de rosas.

Petronilla abrió los ojos de par en par.

—Ro...

Su voz apenas fue un susurro.

Rothesay sintió que el rostro se le encendía.

Me está mirando.

Había imaginado aquella escena muchas veces.

Pero descubrir la sorpresa reflejada en los ojos de Petronilla resultaba mucho más abrumador de lo que había previsto.

Sonrió con torpeza.

—Esto es un poco vergonzoso...

Petronilla lo contempló sin apartar la mirada.

—¿Qué es todo esto...?

Rothesay dejó escapar una pequeña risa nerviosa.

—Al principio quería hacerlo durante el día.

Su voz fue suave.

—Pensé que sería más romántico poder mirarte directamente a los ojos mientras te decía todo lo que siento.

Hizo una pausa.

Después sonrió con evidente vergüenza.

—Pero me di cuenta de que no sería capaz.

Petronilla parpadeó.

Rothesay continuó:

—Si tuviera que mirarte bajo la luz del sol mientras te confieso cuánto te amo, creo que mi corazón terminaría explotando.

Soltó una pequeña risa.

—Así que decidí hacerlo de noche.

La oscuridad parecía ofrecerle un poco de valor.

No porque sus sentimientos fueran menos intensos.

Sino porque, en aquel momento, necesitaba toda la ayuda posible para mantener la serenidad.

Decirle a Petronilla que la amaba era una cosa.

Pedirle que compartiera toda su vida con él era algo completamente distinto.

Sin embargo, al observarla, Rothesay descubrió que sus esfuerzos habían valido la pena.

Los ojos de Petronilla brillaban de emoción.

—Oh, Ro...

Su voz estaba llena de ternura.

Rothesay sintió que una cálida esperanza comenzaba a extenderse por su pecho.

Hasta ahora, todo va bien.

Respiró profundamente.

Después pronunció su nombre.

—Señorita Petronilla.

La joven levantó ligeramente la cabeza.

Hacía mucho tiempo que Rothesay no la llamaba de aquella manera.

Para él, se había convertido simplemente en Nil.

Su amada Nil.

Pero aquella noche deseaba dirigirse a ella con toda la solemnidad que merecía aquel momento.

Petronilla asintió suavemente.

Después dio un pequeño paso hacia él.

Rothesay sintió que el corazón volvía a acelerarse.

Tranquilo.

Se obligó a respirar.

Solo tienes que decirle la verdad.

Y eso fue lo que hizo.

—Mi familia no posee el mismo rango que la tuya.

Su voz fue sincera.

—Y yo no soy un hombre especialmente extraordinario.

Petronilla lo contempló con sorpresa.

Rothesay continuó:

—No puedo afirmar que sea el más talentoso, ni el más capaz, ni siquiera el más atento.

Aquellas eran preocupaciones que había guardado durante mucho tiempo.

Su padre era conde.

El padre de Petronilla era marqués.

Y, aunque ella jamás había demostrado interés por aquellas diferencias, Rothesay sabía que la sociedad noble no siempre era tan indiferente.

Petronilla era una mujer maravillosa.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 25.10.2026

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