De Dama A Reina

Capítulo 134 - Antes De Que Salga El Sol

Capítulo 134 - Antes De Que Salga El Sol

—Esto es un problema.

Patrizia pronunció aquellas palabras con absoluta seriedad mientras negaba lentamente con la cabeza.

Mirya, que permanecía a su lado, dejó escapar una sonrisa incómoda.

—¿No cree que es simplemente una muestra de cuánto la quiere Su Majestad?
—Pero esto es demasiado, Mir.

Patrizia señaló la mesa que tenía delante.

—¿De verdad es posible conseguir tantas fresas en pleno invierno?

La marquesa siguió la dirección de su mirada.

Sobre la mesa se alzaba una auténtica montaña de frutos.

Había fresas, arándanos, frambuesas, moras, grosellas y otras variedades que Patrizia apenas reconocía.

Algunas estaban dispuestas en delicadas bandejas de plata.

Otras llenaban cestas cuidadosamente adornadas.

Todas parecían frescas, maduras y seleccionadas con una atención extraordinaria.

Patrizia las contempló con incredulidad.

¿De dónde ha sacado todo esto?

Era invierno.

El frío se había instalado sobre la capital y los jardines del Palacio Imperial permanecían cubiertos por una fina capa de escarcha durante buena parte de las mañanas.

Conseguir frutas frescas en aquella estación ya era complicado.

Pero reunir semejante cantidad parecía una hazaña.

—Nunca había visto tantas bayas juntas en toda mi vida.

Volvió a negar con la cabeza.

Mirya sonrió.

En realidad, todo había comenzado de una manera bastante sencilla.

Después de superar los primeros meses de embarazo, Patrizia había dejado atrás las náuseas más intensas.

Su apetito, que durante un tiempo había sido escaso e irregular, comenzó a aumentar.

Y, con él, aparecieron los antojos.

De pronto deseaba comer alimentos que antes apenas le interesaban.

Algunos días pedía platos que no había probado en años.

Otros, se despertaba pensando en sabores muy concretos y no conseguía quitárselos de la cabeza.

Mirya estaba encantada.

Después de haber visto a su señora sufrir por la falta de apetito, le producía una alegría inmensa poder llevarle algo que realmente disfrutara.

Por eso visitaba las cocinas con frecuencia y daba instrucciones al cocinero imperial.

Y, naturalmente, Lucio terminó enterándose.

Bastó con que alguien le comentara que Patrizia llevaba varios días deseando comer fresas.

Desde entonces, las frutas no habían dejado de llegar al Palacio de la Reina.

Patrizia contempló nuevamente aquella abundancia.

—Por mucho que me gusten las fresas, esto es exagerado.
—Entonces, ¿Hay alguna otra cosa que te apetezca comer?

Una voz familiar interrumpió la conversación.

Patrizia volvió inmediatamente la cabeza.

Lucio estaba junto a la puerta.

Y, como de costumbre, llevaba algo entre las manos.

¿Ahora qué habrá traído?

Patrizia entrecerró ligeramente los ojos.

Después distinguió el contenido de la bandeja.

Por todos los dioses...

Era una tarta de fresas.

Una hermosa tarta cubierta de frutos rojos, con una base dorada y una superficie cuidadosamente decorada.

Patrizia abrió los ojos.

—Su Majestad...

Su voz estaba cargada de resignación.

—A este paso, mi piel terminará volviéndose roja.

Lucio soltó una pequeña risa.

—No hablarás en serio.

Se acercó a ella con una sonrisa.

El aroma de las fresas frescas y de la masa horneada con mantequilla llegó hasta Patrizia.

Su expresión se suavizó inmediatamente.

Huele delicioso...

Aquel hombre parecía conocer cada vez mejor sus debilidades.

Lucio colocó la bandeja sobre la mesa.

—Hoy he preparado esta tarta especialmente para ti.

Su sonrisa se volvió algo expectante.

—Espero que te guste.

Patrizia lo contempló con ternura.

—Por supuesto que me gustará.

Hizo una pausa.

—Conozco tus habilidades en la cocina mejor que nadie.

Lucio pareció complacido.

Tomó un cuchillo y comenzó a cortar cuidadosamente la tarta.

Después colocó una porción sobre un pequeño plato y se la ofreció a su esposa.

Patrizia la recibió con una sonrisa tímida.

Ha vuelto a esforzarse tanto por mí...

A veces, el cariño de Lucio resultaba tan abundante que casi la abrumaba.

Bajó la mirada hacia el postre.

—Has puesto demasiadas fresas.
—Eso es bueno.

Lucio respondió con absoluta naturalidad.

—Así podrás comer muchas.

Patrizia soltó una pequeña risa.

—Entonces comamos juntos.

Él negó suavemente.

—Me basta con verte disfrutar.
—Su Majestad...

Patrizia lo miró con expresión suplicante.

—No podré terminar toda esta tarta yo sola.

Le señaló el asiento junto a ella.

—Por favor, acompáñame.

Lucio sonrió.

—Está bien.

Se sentó a su lado.

Mirya, comprendiendo que los esposos deseaban pasar un momento juntos, se retiró discretamente.

Patrizia tomó el tenedor.

Cortó un pequeño trozo de tarta.

Y se lo llevó a la boca.

La dulzura de las fresas se mezcló con la suavidad del relleno y el sabor delicado de la masa.

Sus ojos se iluminaron.

—¡Está deliciosa!

Lucio sonrió con satisfacción.

—Me alegra que te guste.

Después señaló las frutas que cubrían la mesa.

—Come cuanto quieras.

Su voz fue cálida.

—Todas han sido seleccionadas cuidadosamente para ti.

Patrizia bajó la mirada hacia su plato.

Después contempló su vientre.

—Si sigo comiendo así, voy a engordar demasiado.

Lucio levantó ligeramente las cejas.

—¿Qué?

Patrizia suspiró.

—Últimamente me siento más hinchada.

Se tocó suavemente la cintura.

—Creo que debería empezar a controlar un poco lo que como.

Lucio la miró con incredulidad.

—Rizi...

Su voz adquirió un tono serio.

—Estás embarazada.

Patrizia levantó los ojos hacia él.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 25.10.2026

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