De Dama A Reina

Capítulo 94 - ¿No Te Me Insinuaste Anoche?

Capítulo 94 - ¿No Te Me Insinuaste Anoche?

—Mmm...

Izu Ephreney abrió lentamente los ojos.

Durante unos instantes permaneció inmóvil, todavía atrapada en aquella confusión que separaba el sueño de la vigilia.

Le dolía ligeramente la cabeza.

Su cuerpo se sentía extraño.

Y no conseguía recordar cómo había llegado hasta allí.

—¿Ya estás despierta?

Una voz masculina sonó a su lado.

Izu se sobresaltó.

Volvió bruscamente la cabeza.

—¿Señor...?

Era James.

El joven rubio estaba acostado junto a ella.

Izu parpadeó varias veces, incapaz de comprender lo que veía.

—¿Qué...?

Su mirada recorrió la habitación.

No reconocía aquel lugar.

—¿Qué está pasando?

James la contempló con una expresión de sorpresa.

Después dejó escapar un suspiro.

—Oh, Dios mío...

Su rostro adquirió un aire desolado.

—¿Es posible que no recuerdes nada de lo que ocurrió anoche?

Izu sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Anoche?

Intentó ordenar sus recuerdos.

El baile.

El pañuelo.

La sonrisa de James.

El cóctel.

La terraza.

Después...

Nada.

Solo fragmentos confusos que no conseguía reunir.

—¿A qué se refiere?

Su voz tembló.

James apartó la mirada.

Parecía debatirse entre hablar y guardar silencio.

—Anoche, tú...

Se detuvo.

Izu lo observó con creciente inquietud.

—¿Yo qué?

El joven respiró profundamente.

Después preguntó con evidente vacilación:

—¿No fuiste tú quien se me insinuó anoche?

Izu se quedó helada.

—¿Qué...?

Sus labios temblaron.

—¿Yo?

James guardó silencio.

La joven lo contempló con los ojos muy abiertos.

¿Insinuarme?

La palabra resonó en su cabeza.

¿Yo hice algo semejante?

Nunca, en toda su vida, había imaginado encontrarse en una situación como aquella.

Sintió que el rostro se le encendía.

¡Dios mío!

La vergüenza fue tan intensa que deseó desaparecer.

Pero entonces bajó la mirada.

Y descubrió algo todavía peor.

La sábana blanca cubría su cuerpo.

Debajo de ella no llevaba ropa.

James tampoco estaba vestido.

Izu sintió que el mundo comenzaba a girar.

No puede ser...

Cerró los ojos con fuerza.

La conclusión era demasiado evidente.

No sabía qué había ocurrido durante aquellas horas perdidas.

Pero el estado en que ambos se encontraban parecía ofrecer una respuesta.

—Entonces...

Su voz apenas consiguió salir.

—Anoche, usted y yo...

James la observó con una tristeza que parecía sincera.

—Me pediste que no te dejara.

Izu abrió los ojos.

Él continuó:

—Me suplicaste que te abrazara.

La joven sintió que el pecho se le oprimía.

—Yo...

No consiguió terminar.

Estoy perdida.

Recordó inmediatamente las enseñanzas de la señora Anderson.

La importancia de preservar la virtud.

La obligación de comportarse con decoro.

La prudencia que debía observar una dama noble en presencia de los hombres.

Todas aquellas lecciones parecían haberse desvanecido en una sola noche.

¿Cómo pude hacer algo así?

Izu levantó la mirada.

Sus ojos estaban húmedos.

—¿De verdad...?

Tragó saliva.

—¿De verdad hice eso?

La expresión de James cambió.

Pareció herido por la pregunta.

—Mi señora...

Su voz adquirió un tono de reproche.

—Si continúa preguntándome lo mismo...

Hizo una pausa.

—Comenzaré a pensar que me está acusando de haberla violado.

Izu se estremeció.

—¡N-no!

Negó rápidamente con la cabeza.

—¡Por supuesto que no!

Se incorporó ligeramente, sujetando la sábana contra su pecho.

—Jamás pensé eso de usted.

Su voz se volvió desesperada.

—Es solo que no consigo recordar...

James bajó la mirada.

—Todo es culpa mía.

Izu se quedó inmóvil.

El joven continuó con expresión abatida:

—No debí ofrecerte aquel cóctel.

Su voz estaba llena de aparente arrepentimiento.

—Si hubiera sabido que reaccionarías de esa manera...

Se interrumpió.

Izu lo observó con inquietud.

—Señor...

James cerró brevemente los ojos.

—Nunca habría...

Pareció costarle terminar la frase.

—Nunca me habría acostado contigo.

El silencio que siguió resultó insoportable.

Izu sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Entonces es verdad.

Habían compartido una intimidad que, según todo cuanto le habían enseñado, solo correspondía a un matrimonio.

Y ella ni siquiera recordaba haberla consentido.

Pero las palabras de James, pronunciadas con tanta seguridad, hicieron que la culpa se apoderara de sus pensamientos.

Debí perder completamente el juicio.

La joven apretó los dedos contra la sábana.

—No...

Su voz fue débil.

—No es culpa suya.

James levantó la mirada.

Izu continuó apresuradamente:

—Usted no podía saber que me ocurriría algo así.

Su expresión estaba llena de angustia.

—Yo tampoco lo sabía.

El joven no respondió.

Durante unos instantes, Izu permaneció en silencio.

Después reunió el valor suficiente para preguntar:

—¿Hay... algo que quiera que haga?

James frunció el ceño.

—Por supuesto que no.

Su voz fue inesperadamente fría.

Izu se estremeció.

El joven continuó:

—¿Cómo podría exigirle algo a la hija de un marqués después de lo ocurrido?

Hizo una pausa.

—No soy un hombre que venda su afecto.

La dureza de aquellas palabras hizo que Izu bajara la cabeza.

—Yo no quise insinuar...

James dejó escapar un suspiro.

Su expresión volvió a suavizarse.

—Perdóname.

La contempló con aparente ternura.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 25.10.2026

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