De Dama A Reina

Capítulo 91 - Sin Misericordia

Capítulo 91 - Sin Misericordia

—...

Petronilla había esperado una respuesta inmediata.

Después de todo, acababa de preguntarle a la duquesa Ephreney si se había casado con su marido por amor.

Parecía una pregunta sencilla.

Una mujer que había defendido su matrimonio durante tantos años debería poder responderla sin vacilar.

Sin embargo, la duquesa permaneció en silencio.

Sus ojos se habían vuelto distantes.

Petronilla la observó atentamente.

¿Está empezando a dudar?

No creía que la duquesa hubiera tomado aquella decisión basándose únicamente en sus sentimientos.

Habían intervenido demasiadas circunstancias, demasiadas presiones y expectativas.

Pero no necesitaba que la mujer reconociera la verdad en ese mismo instante.

Bastaba con que comenzara a cuestionar lo que hasta entonces había dado por cierto.

—Mi señora.

Dijo finalmente, con voz tranquilizadora.

—Si esos rumores son falsos, siempre podrá desmentirlos públicamente.

La duquesa levantó lentamente la mirada.

Petronilla le ofreció una sonrisa amable.

—No tiene por qué preocuparse.

La expresión de la mujer se endureció.

—¿Quién demonios está difundiendo semejantes historias?

Su voz tembló.

—¿Acaso pretenden insultarme?

Petronilla negó suavemente con la cabeza.

—Por favor, cálmese.

Conocía perfectamente el origen de aquellos rumores.

Y sabía que no habían comenzado a circular por casualidad.

Pero su expresión no dejó entrever nada.

—Así es la sociedad aristocrática, mi señora.

Dejó escapar un pequeño suspiro.

—La gente convierte cualquier historia en un escándalo. A veces repiten rumores sin fundamento como si hubieran presenciado los hechos con sus propios ojos.

La duquesa guardó silencio.

Petronilla continuó:

—No les conceda demasiada importancia.

Su voz fue suave.

—Con el tiempo, los comentarios terminarán desapareciendo.

¿De verdad desaparecerán?

Petronilla sabía que aquello era poco probable.

Y, aunque los rumores acabaran perdiendo fuerza, su propósito ya estaría cumplido.

La duda era una cosa difícil de arrancar.

Una vez que una persona comenzaba a sospechar de un recuerdo, incluso los detalles más insignificantes podían adquirir un significado diferente.

Una palabra.

Una mirada.

Una contradicción que antes había pasado inadvertida.

Todo podía convertirse en motivo de desconfianza.

Ahora que has escuchado la historia, no podrás olvidarla tan fácilmente.

Petronilla observó el rostro pálido de la duquesa.

Espero que las cosas resulten más sencillas de aquí en adelante.

No tenía intención de presionarla más.

La mujer estaba demasiado agotada.

—Creo que debería descansar un poco más, mi señora.

Petronilla se levantó.

—No quiero cansarla con una visita demasiado larga.

La duquesa no intentó detenerla.

La joven noble hizo una reverencia respetuosa.

Después vaciló.

Había algo que todavía debía decir.

—Sobre el joven amo Ephreney...

Su expresión se entristeció.

—Lamento profundamente su pérdida.

La duquesa permaneció inmóvil.

Petronilla continuó con sinceridad:

—Estoy segura de que ahora descansa en un lugar mejor.

Durante unos segundos no hubo respuesta.

Finalmente, la duquesa murmuró:

—Eso espero.

Su voz fue tan apagada que apenas parecía pertenecerle.

Petronilla comprendió que la conversación había terminado.

Inclinó nuevamente la cabeza.

—Con su permiso, mi señora.

Y abandonó la habitación.

Al salir de los aposentos de la duquesa, Petronilla se encontró con January.

La concubina avanzaba por el corredor con una expresión sombría.

Petronilla se detuvo.

Lo primero que llamó su atención fueron las marcas rojizas que cubrían parte de su rostro.

Parecían arañazos recientes.

Algunas eran lo bastante visibles como para resultar imposibles de disimular.

Vaya...

Petronilla levantó ligeramente las cejas.

Sin embargo, no preguntó qué había ocurrido.

En lugar de eso, le ofreció una sonrisa cortés.

—Buenos días, señora January.

Hizo una pequeña reverencia.

—Ha pasado bastante tiempo.

January la contempló con frialdad.

—Sí.

Su respuesta fue seca.

—Ha pasado tiempo.

Petronilla fingió no advertir su mal humor.

—Acabo de visitar a la duquesa.

Su expresión se volvió compasiva.

—Parece estar atravesando un momento muy difícil después de la muerte del joven amo.

January apretó los labios.

—Sí.

Después señaló con amargura su propio rostro.

—Por eso he terminado así.

Petronilla abrió ligeramente los ojos.

—Oh, Dios mío.

Su voz mostró una preocupación perfectamente educada.

—Qué situación tan lamentable.

January no respondió.

La joven noble continuó:

—Espero que pueda comprenderla.

Hizo una pausa.

—Ha perdido a su único hijo. Debe de ser un dolor insoportable.

La concubina respiró profundamente.

—Sí.

Su voz fue rígida.

—Supongo que tendré que comprenderla.

Petronilla sonrió suavemente.

—Me alegra que lo vea de esa manera.

Después inclinó la cabeza.

—Entonces me retiraré.

Sus ojos se dirigieron brevemente hacia las marcas del rostro de January.

—Cuide esas heridas.

January no respondió.

Petronilla tampoco esperó una despedida.

Continuó caminando hasta la entrada de la residencia.

Poco después, subió al carruaje que la aguardaba.

Cuando la puerta se cerró, dejó escapar un largo suspiro.

Se recostó contra el respaldo.

Su expresión social desapareció.

La primera etapa ha terminado.

Los rumores ya habían llegado hasta la duquesa.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 25.10.2026

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