De Dama A Reina

Capitulo 31 - Lo Necesito Más Que Nunca

Raphaella siguió avanzando.

Más rápido.

Más lejos.

Había dejado atrás hacía tiempo el sector donde había realizado la mayor parte de su cacería.

Ahora apenas prestaba atención a las presas que aparecían entre los árboles.

Un ciervo cruzó a cierta distancia.

No levantó siquiera el arco.

—Patrizia...

Miró alrededor.

Nada.

Solo árboles.

Vegetación.

Senderos embarrados.

Huellas de caballos que se mezclaban unas con otras.

Raphaella había recorrido una buena parte del terreno de caza.

Después otra.

Y otra.

No había rastro de la Reina.

Al principio había intentado mantenerse tranquila.

Patrizia podía haber cambiado de dirección.

Podía estar persiguiendo alguna presa.

Quizá incluso había decidido descansar sola.

Era exactamente el tipo de cosa que haría después de semanas rodeada de sirvientes, nobles y obligaciones.

Pero cuanto más tiempo pasaba...

Menos convincente resultaba aquella explicación.

Raphaella tiró de las riendas.

Su caballo redujo la velocidad.

—Vamos.

Murmuró.

—¿Dónde estás?

No obtuvo respuesta.

Naturalmente.

Raphaella miró el cielo.

Todavía quedaban unas horas para que terminara oficialmente la competencia.

Eso le daba tiempo.

Tiempo suficiente para encontrar a Patrizia antes de que alguien más empezara a notar su ausencia.

Porque si llegaba el final del torneo...

Y la Reina no aparecía...

Ya no sería una simple demora.

Sería un problema.

Uno enorme.

Raphaella apretó la mandíbula.

—Estoy exagerando.

Dijo en voz alta.

Necesitaba escucharlo.

—Seguro que está bien.

Su caballo avanzó lentamente.

—Probablemente está cabalgando por alguna parte.

Otra pausa.

—Disfrutando.

Las palabras no consiguieron tranquilizarla.

Raphaella sabía demasiado bien que Patrizia era capaz de cuidarse.

Pero también sabía que eso no justificaba haberla dejado completamente sola.

Ella era su amiga.

Sí.

Pero también era su caballera.

Aquellas dos cosas no siempre podían tratarse de la misma manera.

Raphaella había permitido que la primera ganara.

Porque entendía la necesidad de Patrizia de tener un poco de libertad.

Porque verla siempre rodeada de gente le producía lástima.

Porque había pensado:

¿Qué podría ocurrir dentro de los terrenos de caza imperiales?

Ahora esa pregunta le parecía especialmente estúpida.

—Solo un poco más.

Raphaella hizo avanzar nuevamente al caballo.

No sacaría conclusiones.

Todavía no.

Primero buscaría.

Después volvería al punto de partida.

Si Patrizia ya estaba allí...

Raphaella aceptaría gustosamente que se burlara de ella durante semanas por haberse preocupado demasiado.

Giró hacia otro sendero.

Entonces vio algo.

Blanco.

No.

No exactamente.

Tela.

Entre unas ramas.

Raphaella tiró inmediatamente de las riendas.

El caballo se detuvo.

Ella permaneció inmóvil.

Había algo familiar en aquello.

Demasiado.

Raphaella desmontó.

—No...

Se acercó lentamente.

Cada paso aumentó la presión en su pecho.

Se agachó.

Apartó unas hojas.

Y lo vio.

La tela estaba mojada.

Manchada.

Rasgada en algunos puntos.

Pero reconocería aquella confección en cualquier parte.

La había visto esa misma mañana.

El traje de caza.

El de Patrizia.

Raphaella dejó de respirar.

—No.

Tomó la prenda con ambas manos.

La desplegó.

Definitivamente.

Era de la Reina.

—Patrizia...

Su voz tembló.

La respuesta no llegó.

Raphaella se levantó bruscamente.

Miró alrededor.

—¡Patrizia!

Nada.

—¡Su Majestad!

Su voz atravesó el bosque.

Solo regresó el eco.

Raphaella sintió que el miedo le apretaba el pecho.

—¡PATRIZIA!

Una hora después, Patrizia abrió los ojos.

Tardó unos segundos en recordar dónde estaba.

Piedra.

Oscuridad.

El sonido de lluvia.

Una respiración cercana.

Entonces todo regresó.

El acantilado.

La flecha.

El río.

La scula.

Lucio.

Patrizia se incorporó de golpe.

—Su Majestad.

Miró inmediatamente hacia él.

Lucio seguía tendido sobre la paja.

Inmóvil.

Patrizia se acercó.

Colocó una mano sobre su frente.

Se quedó quieta.

Caliente.

No abrasador.

Simplemente...

Caliente.

Humano.

Vivo.

Patrizia cerró los ojos.

—Gracias a Dios.

La fiebre había disminuido.

No sabía cuánto.

No tenía termómetro.

No podía evaluar su condición como un médico.

Pero aquello era mejor.

Mucho mejor.

La respiración también parecía más estable.

Patrizia mantuvo los dedos sobre su cuello.

Pulso.

Ahí estaba.

Ya no tan débil como antes.

La crisis más inmediata parecía haber pasado.

Patrizia retiró lentamente la mano.

Y entonces sintió que toda la fuerza que había reunido durante las últimas horas desaparecía de golpe.

Se sentó.

Apoyó la espalda contra la pared.

Después escondió el rostro entre las rodillas.

—Dios...

Su voz salió rota.

Había estado demasiado ocupada para sentir miedo.

Primero luchar.

Después escapar.

Después nadar.

Salvar a Lucio.

Encontrar la scula.

Conseguir comida.

Bajar la fiebre.

Cada problema había sido reemplazado inmediatamente por otro.

No había tenido tiempo de procesar nada.

Ahora...

Por primera vez...

Lucio parecía relativamente estable.

Y Patrizia pudo sentir todo.

El agotamiento.

El terror.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 24.09.2026

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