De Dama A Reina

Capítulo 103 - ¿Puedo Decir Te Amo?

Capítulo 103 - ¿Puedo Decir Te Amo?

Sus rostros permanecieron muy cerca.

Tan cerca que Patrizia podía sentir la respiración entrecortada de Lucio rozándole los labios.

Durante unos instantes, ninguno dijo nada.

Entonces ella advirtió la humedad sobre sus mejillas.

—¿Está llorando?

Preguntó en un susurro.

Lucio negó ligeramente con la cabeza.

—No.

Patrizia lo observó.

—¿Está triste?
—En absoluto.

Su respuesta llegó en un murmullo.

Lucio la contempló con una ternura que parecía desbordarlo.

—¿Cómo podría estar triste cuando tengo delante una felicidad tan preciosa?

Patrizia guardó silencio.

Aquellas palabras le produjeron una emoción difícil de explicar.

No sabía si debía sentirse conmovida, avergonzada o todavía más confundida.

Así que, en lugar de responder, volvió a besarlo.

Esta vez no fue un beso vacilante.

Sus labios se encontraron con una necesidad que ninguno de los dos intentó disimular.

La delicadeza inicial fue cediendo poco a poco a una intimidad más intensa.

Patrizia cerró los ojos.

Quizá...

Un pensamiento inesperado atravesó su mente.

Quizá nosotros también podríamos encontrar una manera de estar juntos.

La posibilidad la asustó.

Había pasado demasiado tiempo convencida de que aquello era imposible.

Sin embargo, mientras Lucio la sostenía con cuidado, aquella certeza comenzó a resquebrajarse.

Patrizia dejó escapar una respiración temblorosa.

Lucio también.

Un pequeño sollozo se mezcló con su aliento.

—Ah... Su Majestad...
—Patrizia.

Él pronunció su nombre en voz baja.

Se apartó apenas lo suficiente para mirarla a los ojos.

Las mejillas de Patrizia estaban sonrojadas.

Su mirada, habitualmente tan firme, mostraba una vulnerabilidad que Lucio rara vez había tenido ocasión de contemplar.

Durante un instante, simplemente la observó.

Después levantó las manos hacia el chal que ella llevaba sobre los hombros.

Sus movimientos fueron lentos.

Cautelosos.

Como si temiera que un gesto demasiado apresurado pudiera romper la intimidad que acababan de compartir.

Desabrochó cuidadosamente la prenda.

El chal resbaló un poco, dejando al descubierto la curva de uno de sus hombros.

Lucio bajó la mirada.

Después se inclinó y depositó un beso sobre su piel.

Quiso que fuera un gesto suave.

Una caricia capaz de expresar todo el cuidado que no había sabido ofrecerle antes.

Pero la emoción que lo dominaba hizo que aquel contacto tuviera una intensidad inesperada.

Patrizia dejó escapar un pequeño gemido.

Lucio se detuvo inmediatamente.

—¿Te desagrada?

Su pregunta fue apenas audible.

La observó con inquietud.

Patrizia levantó la mirada.

No respondió con palabras.

En lugar de eso, acercó nuevamente su rostro al de él y lo besó.

Después llevó las manos hacia la corbata que Lucio llevaba alrededor del cuello.

La desató lentamente.

La tela cayó a un lado.

Lucio la contempló en silencio.

Patrizia comenzó a desabrocharle la camisa.

Sus dedos no estaban completamente firmes.

Todavía se sentía débil por la enfermedad, y la cercanía de Lucio hacía que su corazón latiera con una rapidez desconcertante.

Cuando terminó, levantó los ojos hacia él.

Sus mejillas ardían.

Lucio comprendió aquella mirada.

Se inclinó y la besó nuevamente.

No necesitaban explicaciones.

Ambos estaban eligiendo permanecer allí.

Juntos.

Sin imposiciones.

Sin promesas que ninguno pudiera sostener todavía.

Solo con el deseo compartido de acercarse.

Poco después, las prendas quedaron olvidadas a un lado.

La distancia entre ellos desapareció.

Patrizia acarició suavemente la mejilla de Lucio.

Él cerró los ojos ante el contacto.

Y cuando ella volvió a besarlo, Lucio la recibió entre sus brazos con una ternura que no intentó ocultar.

Lucio dormía con la cabeza apoyada sobre el pecho de Patrizia.

Ella permanecía despierta.

Contemplaba su rostro mientras escuchaba el ritmo tranquilo de su respiración.

¿Cuánto tiempo ha pasado?

No lo sabía con certeza.

La habitación estaba en silencio.

La luz tenue apenas alcanzaba a dibujar los contornos de los muebles.

Patrizia bajó los ojos hacia el hombre que descansaba junto a ella.

Su expresión era distinta cuando dormía.

No había desesperación en su rostro.

Ni aquella tensión constante que parecía acompañarlo incluso durante los momentos más tranquilos.

Solo una paz que rara vez le había visto.

Patrizia dejó escapar un suspiro silencioso.

He actuado por impulso.

No podía negarlo.

Pero tampoco podía afirmar que todo hubiera ocurrido únicamente por un arrebato.

Había conservado suficiente lucidez para comprender lo que estaba haciendo.

Había tenido oportunidades de detenerse.

Y no lo había hecho.

Aquella había sido su decisión.

Y también la de Lucio.

¿Qué más puedo decir?

Bajó la mirada.

La verdad era demasiado evidente para continuar evitándola.

Lo amo.

La admisión le produjo una tristeza inesperada.

Durante mucho tiempo, sus sentimientos habían permanecido divididos.

Una parte de ella se compadecía de Lucio.

Otra lo rechazaba por todo el sufrimiento que le había causado.

Había intentado mantener ambas emociones separadas.

Había querido convencerse de que la compasión era lo único que todavía sentía por él.

Pero ahora aquella explicación ya no bastaba.

Antes creía que ambas cosas pesaban lo mismo.

Patrizia contempló su rostro dormido.

Ahora parece que la balanza comienza a inclinarse.

No sabía qué hacer con aquella certeza.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 25.10.2026

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