De Dama A Reina

Capítulo 52 - Realmente Parecía Una Locura

Era un episodio psicótico.

Uno común.

Aunque añadir la palabra común no hacía que aquello pareciera menos terrible.

Lucio lo sabía.

Había vivido suficientes veces aquella experiencia como para reconocer su mecanismo, incluso si durante el episodio perdía casi por completo la capacidad de comprender qué estaba haciendo.

La causa era otra cuestión.

¿Había algo mal en él desde el principio?

Quizá.

O quizá todo había comenzado después.

Después de aquello.

Lucio intentó calcularlo.

¿Un mes?

No.

Probablemente dos.

Sí.

Tal vez habían pasado aproximadamente dos meses desde esa cosa cuando sufrió el primer episodio.

No recordaba con precisión.

Aquella época de su vida estaba formada por fragmentos.

Días enteros que parecían mezclarse.

Noches interminables.

Silencios.

Pesadillas.

Y después...

Eso.

Quizá su mente había necesitado tiempo.

Tiempo para comprender lo ocurrido.

Tiempo para aceptar el impacto.

Y, cuando ya no pudo soportarlo de manera consciente, había encontrado otra forma de mantenerlo vivo.

Cruel.

Pero efectiva.

Lucio había escuchado alguna vez que Dios solo entregaba a los hombres el sufrimiento que podían soportar.

Durante años había considerado aquella frase una estupidez.

Ahora ya no estaba tan seguro.

Tal vez era cierta.

Dios le había dado exactamente la cantidad de sufrimiento que podía soportar.

Ni más.

Ni menos.

Solo había un pequeño problema.

Parecía haber calculado aquel límite justo antes de la muerte.

Lucio habría reído si hubiera tenido fuerzas.

Su cuerpo también era inteligente.

Demasiado.

El día anterior había vuelto a demostrarlo.

Veintiuno de julio.

Él podía ignorar la fecha.

Su cuerpo no.

Cuando comenzaba un episodio, casi nadie podía detenerlo.

Casi.

Hubo una persona.

No.

Dos.

Lucio cerró los ojos.

Ya no importaba.

Ambas estaban muertas.

Los muertos no podían sostenerlo.

No podían hablarle.

No podían arrancarlo de aquello.

Solo podían aparecer en sus sueños.

Y allí no lo calmaban.

Allí lo destrozaban.

Normalmente, recuperaba completamente la conciencia cerca del amanecer.

Era una sensación extraña.

Casi como despertar después de haber ingerido una droga demasiado fuerte.

Durante el episodio, el tiempo desaparecía.

La memoria se volvía confusa.

El cuerpo actuaba sin permiso.

Y después...

Vergüenza.

Una cantidad insoportable de vergüenza.

Lucio abrió los ojos.

Una tenue claridad entraba por la ventana.

Amanecer.

Respiró lentamente.

Su cabeza pesaba.

Le dolía el cuerpo.

La garganta estaba seca.

Y se encontraba...

Lucio miró alrededor.

Su rostro perdió el color.

El Palacio de la Reina.

Otra vez.

Era la segunda vez que un episodio lo llevaba hasta allí.

—Maldita sea...

Murmuró.

Intentó incorporarse.

Entonces vio algo a su lado.

Se quedó completamente inmóvil.

Patrizia.

Dormida.

Durante varios segundos, Lucio simplemente la miró.

Su mente se vació.

La Reina estaba allí.

En aquella habitación.

Junto a él.

Dormida.

—...

El horror llegó lentamente.

Después de golpe.

—¡Criada!

Su voz salió ronca.

Aun así, alguien esperaba fuera.

La puerta se abrió inmediatamente.

—¿Llamó, Su Majestad?

Una criada mayor entró y se inclinó.

Lucio señaló a Patrizia.

—¿Por qué está la Reina aquí?

La mujer se quedó inmóvil.

—Yo...
—¿Por qué está aquí?

La criada bajó la cabeza.

—Su Majestad...
—Habla.

Ella apretó las manos.

—Anoche, la Reina escuchó ruido desde sus habitaciones.

Lucio cerró los ojos.

No.

—Continuó siguiéndolo.
—...
—Las criadas intentaron detenerla.
—¿Y?
—Su Majestad insistió.

Lucio pasó una mano por su rostro.

—Por supuesto.

No sonaba enfadado.

Solo derrotado.

—Entró en la habitación.

La criada hizo una pausa.

—Y lo vio.

Lucio no preguntó qué vio.

Lo sabía.

O, al menos, podía imaginarlo.

Los episodios no eran discretos.

—¿Todo?

La mujer vaciló.

Lucio abrió los ojos.

—Pregunté si lo vio todo.
—No sé exactamente cuánto presenció, Su Majestad.

Eso era incluso peor.

Lucio miró a Patrizia.

Ella continuaba dormida.

Su respiración era tranquila.

Como si la noche anterior no hubiera visto al Emperador de Mavinous perder completamente la razón.

—¿Por qué está durmiendo aquí?

La criada explicó con cautela.

—Se quedó con usted.

Lucio se volvió hacia ella.

—¿Qué?
—Su Majestad la Reina permaneció en la habitación.
—¿Por qué?
—No lo sé.

La criada pareció pensar.

—Usted no quería que se marchara.

Lucio quedó inmóvil.

—...

La mujer comprendió demasiado tarde que quizá aquella información no ayudaba.

—¿Yo hice qué?
—Le pidió que se quedara.

Lucio miró al suelo.

No recordaba.

Fragmentos vagos comenzaron a aparecer.

Una voz.

Una presencia.

Calor.

Alguien diciéndole que respirara.

Después nada claro.

—Maldita sea.

Se cubrió los ojos con una mano.

La humillación fue peor que el dolor de la muñeca.

De todas las personas...

Patrizia.

Precisamente Patrizia.

La mujer a la que había dicho en su noche de bodas que no debía esperar amor.

La mujer frente a la cual siempre había intentado mantener una distancia formal.

La Reina que ya había tenido que salvarle la vida una vez.



#326 en Fantasía
#1886 en Novela romántica

En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 14.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.