De Dama A Reina

Capítulo 37 - ¿Estás Detrás De Esto?

Patrizia mantuvo la mirada sobre el duque Ephreney durante unos segundos más.

El hombre ya había vuelto a sentarse, con las manos apoyadas tranquilamente sobre la mesa y una expresión perfectamente controlada.

Aquello la irritaba más de lo que debería.

Primero había cuestionado el impuesto extraordinario a la nobleza.

Por sí solo, eso no era ningún crimen.

Incluso Patrizia había terminado reconociendo que su preocupación sobre crear un precedente permanente tenía cierta lógica.

Pero algo en su manera de intervenir la inquietaba.

Quizá porque, desde que había comenzado aquella reunión, Ephreney parecía dispuesto a examinar con especial cuidado cada una de sus decisiones.

Patrizia bajó los ojos hacia los documentos.

No debía apresurarse.

Era la Reina Regente, no una muchacha discutiendo con otro noble durante una cena.

Además, la situación política del Imperio era demasiado delicada.

Lucio era el único descendiente directo de la línea del anterior Emperador.

No tenía hijos.

No había un príncipe imperial esperando detrás de él.

Si Lucio moría sin dejar heredero, la sucesión tendría que desplazarse hacia una rama colateral de la Familia Imperial.

Aquello explicaba parte del inmenso poder político que Lucio poseía.

No era únicamente Emperador.

Representaba la continuidad directa de la dinastía.

Patrizia, en cambio, era diferente.

Su autoridad como Regente era perfectamente legal, pero temporal.

Una autoridad prestada por las circunstancias.

Quizá Ephreney simplemente distinguía entre ambas cosas.

Patrizia levantó ligeramente una ceja.

No.

Todavía era demasiado pronto.

Una discusión y una objeción no convertían al duque en enemigo.

—El asunto será revisado junto con el Ministerio de Finanzas.

Dijo finalmente.

—Quiero las propuestas antes de tomar una decisión definitiva.

El vizconde Philistine inclinó la cabeza.

—Así se hará, Su Majestad.

Patrizia pasó la página.

—¿Qué sigue?

Uno de los funcionarios consultó sus notas.

—Los siguientes asuntos son aquellos que Su Majestad todavía no ha tenido oportunidad de estudiar.
—Entonces no tomaremos decisiones sobre ellos hoy.

Patrizia cerró una carpeta.

—Los revisaremos para la próxima reunión. ¿Queda algún asunto urgente?

Hubo un breve silencio.

Entonces una voz firme respondió:

—Sí, Su Majestad.

Patrizia levantó la mirada.

El marqués Bringstone.

El padre de Raphaella tenía el rostro más severo que de costumbre.

—Hable, Marqués.
—El intento de asesinato.

La temperatura de la sala pareció descender.

Nadie necesitó preguntar a qué se refería.

Bringstone apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Alguien intentó asesinar a la Reina del Imperio y, como consecuencia, el Emperador se encuentra inconsciente.

Su voz adquirió una dureza evidente.

—No podemos permitir que los responsables continúen libres.

Varios nobles asintieron.

Patrizia respondió con calma.

—Coincido.
—Entonces debemos iniciar una investigación completa inmediatamente.
—Ya ha comenzado.

El marqués la miró.

—¿Su Majestad?
—Lady Raphaella regresó a los terrenos de caza esta mañana acompañada por guardias imperiales.

Bringstone pareció sorprendido.

—¿Ella?
—Le ordené buscar cualquier rastro que pudiera haber quedado de los atacantes.

El marqués permaneció callado un momento.

Su expresión reveló que no le agradaba demasiado que su hija estuviera involucrada nuevamente en un asunto peligroso.

Sin embargo, no objetó.

Era una orden de la Regente.

—Comprendo.

Patrizia entrelazó los dedos sobre la mesa.

—También quiero revisar las entradas y salidas del palacio durante los días anteriores al torneo, movimientos inusuales de dinero y cualquier persona que pudiera haber tenido contacto con mercenarios.

Un murmullo recorrió la sala.

El duque Witherford habló:

—Es una investigación bastante amplia.
—Tiene que serlo.

Patrizia sostuvo su mirada.

—No sabemos cuántas personas participaron.
—¿Sigue sospechando de la señorita Phelps?

Patrizia no vaciló.

—Sí.

La palabra cayó con absoluta claridad.

Algunos nobles intercambiaron miradas.

Patrizia lo notó.

Naturalmente.

Todos conocían la relación entre la Reina y la concubina imperial.

Todos conocían también la bofetada.

Los rumores del palacio probablemente habían convertido aquel incidente en diez historias diferentes.

Por eso Patrizia debía ser cuidadosa.

—No estoy afirmando que la investigación haya terminado.

Aclaró.

—Estoy diciendo que existe una sospechosa principal.
—Por la confesión de los asesinos.

Señaló Bringstone.

—Exactamente.

El duque Witherford asintió lentamente.

—Estoy de acuerdo con Su Majestad. Una acusación de esa naturaleza no puede ignorarse.

Otro noble intervino:

—Especialmente cuando el Emperador también fue herido.
—Es un ataque contra la propia Familia Imperial.
—Los responsables deben recibir el castigo correspondiente.

Las voces comenzaron a sucederse.

Patrizia escuchó.

No todos parecían convencidos de la culpabilidad de Rosemond.

Pero casi todos coincidían en una cosa.

Debía investigarse.

Era suficiente.

Entonces Patrizia dirigió la mirada hacia Ephreney.

El duque permanecía extrañamente silencioso.

—Duque Ephreney.

El hombre levantó los ojos.

—Su Majestad.
—Todavía no ha expresado su opinión.

Ephreney tardó un momento en responder.

—Creo que la investigación debe realizarse.

Patrizia esperó.

Había un «pero» escondido detrás de aquellas palabras.

Y llegó.

—Sin embargo...



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 14.10.2026

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