De Dama A Reina

Capítulo 90 - ¿Crees Que No Sé Lo Que Estás Tramando?

Capítulo 90 - ¿Crees Que No Sé Lo Que Estás Tramando?

—Bienvenida a casa, mi señora.

El primero en recibir a la duquesa Ephreney fue el anciano mayordomo de la residencia.

Había servido a la familia durante muchos años y conocía perfectamente las costumbres de su señora.

Sin embargo, al verla descender del carruaje, comprendió que aquella no era una ocasión para formalidades innecesarias.

La duquesa parecía haber envejecido varios años durante su ausencia.

Su rostro estaba pálido, sus movimientos eran lentos y sus ojos carecían de la vivacidad que antes los había caracterizado.

El mayordomo sintió que se le oprimía el pecho.

Sabía lo que había ocurrido.

Sabía que el joven amo Henry no regresaría jamás.

Pero, en lugar de ofrecer unas palabras de consuelo que probablemente no servirían de nada, decidió ocuparse primero de las necesidades más inmediatas de su señora.

—He ordenado que preparen un baño caliente.

Explicó con delicadeza.

—Después de un viaje tan largo, debe de estar agotada. Si le parece bien, las damas de compañía pueden acompañarla directamente a sus aposentos.
—...

La duquesa no respondió.

Sus ojos permanecieron fijos en algún punto indefinido del vestíbulo.

Una criada se acercó para ayudarla a caminar.

La duquesa permitió que la guiara sin mostrar interés por el lugar al que se dirigían.

No parecía reconocer su propia residencia.

Tampoco advirtió que su marido no había acudido a recibirla.

Y mucho menos reparó en la mujer que la observaba desde un costado del vestíbulo.

January.

La concubina del duque contemplaba el regreso de la señora de la casa con una expresión difícil de interpretar.

Había esperado aquel momento.

La muerte de Henry había cambiado por completo las posibilidades de su hijo Jacob.

Sin embargo, ver a la duquesa en semejante estado le produjo una impresión inesperada.

Parece un cadáver que todavía camina.

January comprendía que lo más prudente sería guardar silencio y mantenerse alejada.

La duquesa acababa de perder a su único hijo.

Cualquier palabra podía resultar inoportuna.

Pero el deseo de contemplar de cerca su desgracia terminó imponiéndose a la cautela.

—Hermana mayor.

Su voz fue suave.

Había procurado darle un tono de tristeza apropiado para la ocasión.

—Has regresado.

La duquesa continuó caminando.

January insistió:

—Debes de estar muy cansada, hermana.

Esta vez, la duquesa levantó lentamente la mirada.

Sus ojos se encontraron.

Y January sintió un escalofrío.

Nunca había visto una expresión semejante.

Los ojos de la duquesa estaban tan vacíos que resultaba difícil creer que pertenecieran a una persona viva.

No había rabia.

Tampoco tristeza visible.

Solo un vacío profundo.

January tragó saliva.

Aun así, decidió continuar.

—Lamento muchísimo lo ocurrido con el joven amo.

La duquesa se detuvo.

Durante unos instantes, permaneció inmóvil.

Después sus labios se separaron lentamente.

—¿Lo lamentas?

Su voz fue apenas un murmullo.

January asintió.

—Por supuesto, hermana.

La duquesa la contempló.

—¿Por qué?

La pregunta fue tan inesperada que January parpadeó.

—¿Perdón?

Una sonrisa extraña apareció en el rostro de la duquesa.

Era la primera emoción que mostraba desde su regreso.

Pero no había alegría en ella.

—¿Por qué habrías de lamentarlo?

Su voz continuó siendo baja.

—La muerte de mi hijo es una buena noticia para ti.

January sintió que el cuerpo se le tensaba.

La duquesa dio un paso hacia ella.

—Henry ya no está.

Sus ojos permanecieron fijos en el rostro de la concubina.

—Ahora el camino parece despejado para tu Jacob.

Hizo una pausa.

—¿No es eso lo que querías?

January abrió los ojos de par en par.

—Hermana, ¿Cómo puedes decir algo semejante?

Intentó adoptar una expresión ofendida.

—Yo jamás...

La duquesa avanzó otro paso.

January retrocedió involuntariamente.

Había algo inquietante en aquella mujer.

Hasta hacía unos momentos parecía incapaz de reunir fuerzas para caminar por sí misma.

Y, sin embargo, ahora la observaba con una intensidad que la hizo sentirse amenazada.

—¿Crees que no sé lo que estás tramando?

La voz de la duquesa se volvió fría.

January negó apresuradamente con la cabeza.

—Hermana, debe de haber un malentendido.

Intentó sonreír.

—Nunca he deseado...

No pudo terminar.

La duquesa extendió una mano y la agarró violentamente del cabello.

—¡Kyaaa!

El grito de January resonó por todo el vestíbulo.

La concubina intentó apartarse, pero la duquesa tiró de ella con una fuerza inesperada.

—¡Fuera de mi casa!

Su voz se elevó hasta convertirse en un grito.

—¡Lárgate ahora mismo!
—¡Hermana!

January trató de sujetarle la muñeca.

—¡¿Qué estás haciendo?!

La duquesa no la soltó.

Sus ojos, antes vacíos, ardían de una furia casi desesperada.

—¡Te he dicho que te vayas!

Los sirvientes contemplaban la escena con expresiones alarmadas.

Nadie se apresuró a intervenir.

January nunca había contado con demasiado afecto dentro de la residencia Ephreney.

Aunque algunos criados habían procurado mantenerse neutrales durante las disputas entre las dos mujeres, aquel día ninguno parecía dispuesto a enfrentarse a la duquesa.

La señora de la casa acababa de regresar después de perder a su hijo.

Y su dolor era evidente.

Además, nadie sabía que January había celebrado en secreto la muerte de Henry.

—¡Llévate esa sangre inmunda y desaparece de mi casa!

La duquesa tiró nuevamente de su cabello.

January lanzó otro grito.

—¡Aaaah! ¡Suéltame!

Intentó liberarse.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 25.10.2026

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