24 Horas Contigo

#128.- Lo que ella quiere

#128.- Lo que ella quiere

Bambi despertó en la habitación de Coco. Lo primero que recordó fue que él la había llevado a la habitación y ella se había ido directo a la cama, así que ahora ya era un nuevo día. Se levantó, pero no lo vio por ningún lado.

Salió de la habitación y fue directo a la que compartiría con Hana. Tocó y, al no recibir respuesta, entró.

—¿Hana?

—Estoy bañándome —contestó Hana desde el baño.

Bambi esperó unos minutos y pidió algo de desayunar. La fiesta fue divertida, excepto por la cara triste de Rebeka. Nadie mencionó nada sobre Allen escapando del evento, además de que Svetlana y Diane Diermissen tenían caras de pocos amigos al terminar la noche.

—Bambi, buenos días —dijo Hana, saludando—. ¿Dónde dormiste?

—En la habi… la habitación de Coco.

—Ah, ¿aprovechaste que se tuvo que ir? Eso no está bien —le dijo—. Lamento haberlo pedido así, pero no pretendía mandarte a los brazos de Coco.

—No hicimos nada —dijo tranquila, pero Bambi se escuchaba decepcionada.

—Ve a cambiarte y desayunemos. Quiero disculparme con Reed y Jin más tarde —pidió Hana.

❀❀❁❀❀

En otra habitación, Allen ya estaba desayunando. Cuando regresó a la habitación que compartiría con Rebeka, ella aún seguía acostada. Él solo se cambió de ropa, se duchó antes que Hana y pidió el desayuno. Más tarde, iría a recorrer el lugar, pues Hana no lo dejaría estar cerca de ella mientras aún tuviera ese matrimonio válido.

Rebeka escuchaba cómo él comía en silencio y esperaba, de muchas maneras, que le ofreciera algo, la despertara o al menos le saludara; estaba devastada de tener solo que esperar. El día anterior se había convertido en la comidilla de todo el mundo; quiso hablar con su madre, pero esta jamás respondió el teléfono. Cuando fue a dormir, estaba sola y las lágrimas comenzaron a salir sin que pudiera detenerlas.

Escuchó que cerraron la puerta y deseó, una vez más, que él la mirara.

❀❀❁❀❀

Allen bajó y dio un pequeño recorrido por el lugar hasta salir de allí. Diane apareció frente a él; llevaba un vestido ligero.

—Allen, cariño, ¿dónde estuviste ayer? —dijo, tomándole del brazo, pero él soltó rápidamente.

—Eso no es importante —contestó fríamente—. ¿Necesitas algo? ¿No venías con un acompañante?

—Él es aburrido; solo habla con hombres y me deja cachando moscas —contestó, fingiendo estar molesta—. Hay una comida típica que quiero probar; después de todo, somos viejos amigos. Vamos.

—No quiero.

—Vamos, también te gustará —insistió, haciendo que él la siguiera hasta un pequeño restaurante local. Sin que ellos se dieran cuenta, Rebeka los empezó a seguir. Los vio cuando salieron del hotel.

No caminaban muy rápido, pero no podía acercarse más sin que la vieran.

Diane pidió algunas comidas frías y, mientras esperaba, comenzó a hablar.

—¿Por qué terminamos?

—Tú rompiste conmigo porque dijiste que era aburrido y de mal genio; además, no podíamos llamar a eso una relación —dijo cortante.

—Bueno, pero solo quería que me miraras a mí. En ese momento, estabas obsesionado enviando cartas solo por ese estúpido intercambio de amigo secreto o sabe qué chingadera era. ¡Jamás me besaste o me abrazaste! ¿Cómo querías que lo soportara?

—¿Entonces por qué sigues revoloteando alrededor? Diane, quiérete un poco y olvídame —dijo mirándola sin expresión—. Amo a Hana más de lo que te imaginas, así que ni pienses en intervenir.

—Ah, pero el amor se acaba y las relaciones se agotan. No puedo esperar a que vuelvas a mi —sentenció—. ¿De verdad ya no me quieres?

—No exageres. Eras bonita, pero solo eso —dijo, justo en el momento en que trajeron su comida—. ¿No crees que pediste demasiado?

—No, casi siempre como lo mismo —respondió, tomando sus cubiertos.

Allen la miraba comer sin decir nada. Diane Diermissen era una bailarina famosa; él solo un arquitecto. Si coincidieron en el pasado, no podían esperar que su relación adolescente continuara muchos años en el futuro, ¿verdad? Ni siquiera se llevaban bien y la última vez que la vio, fue cuando tuvo ese accidente de auto. Rebeka estaba cerca, pero sin escuchar totalmente lo que decían.

—Me voy a casar —dijo ella, parecía satisfecha.

—¡Ah! ¿Qué monstruo apareció para ti? Dime que existe, al menos.

—Qué grosero, es humano —dijo y tomó aire—. Se llama Warren Trotssos.

Allen había escuchado ese nombre antes, pero no recordaba su cara. Últimamente tenía esos problemas al tratar de recordar rostros aunque lo atribuyó al estrés.

—¿Es un matrimonio arreglado?

—Sí, ambas familias se conocieron, lo hablaron y aceptaron. No tengo ni idea de si le importo o no, pero hay muchas maneras de construir una buena relación —contestó, intentando quitarle importancia—. Él es amable conmigo, pero ni sueñes que te invitaré a mi boda. Que horror sería ver a tu ex entre los invitados.

—¿Entonces por qué estoy aquí?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.