Kendra salió del centro comercial, abordó un taxi y fue directo a la escuela de modelaje. En los últimos meses, se había dado una «manita de gato» para entrar a concursos de belleza locales. Sentía que todos debían admirar la belleza por la que había trabajado. Todos debían mirarla porque era mejor que Hana. No podía entender cómo alguien como ella era el centro de atención.
En sus clases de pasarela mejoró todo lo que no sabía que tenía mal; si bien fueron estrictos, incluso a la hora de caminar, pudo ver los resultados en poco tiempo. Ella estaba encantada; ganaría por sus propios medios y dejaría en ridículo a todas las personas que le habían quitado algo, incluyendo a Hana.
El certamen al que se inscribió buscaba mostrar a la mujer común y moderna. Un concurso de belleza juzga la belleza física, así como un concurso de cocina juzga la comida que se prepara. Kendra estaba segura de que ella encajaba en ese rol, pues tenía un buen trabajo, estudiaba y era bonita, además de algunos otros secretillos. Estaba más lista que nunca.
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—¿Señor? ¡Señor! —dijo la secretaria.
—Dime, Franco, ¿qué necesitas? —respondió su jefe al escucharla.
—Llegó una invitación. Habrá un concurso de belleza y quieren que sea uno de los jueces.
—¿Solo juez? ¿No seré un patrocinador?
—Solo juez. Actualmente dicen que los concursos solo degradan a la mujer al considerarla un objeto atractivo, pero al mismo tiempo permiten concursos de fisicoculturismo, de cocina o del tema que sea. Solo es un concurso y han existido desde siempre, aunque con otro nombre o criterios; solo se ajustan a la ideología de la sociedad actual.
—¿Por qué me dices eso? —señaló Franco, pues no estaba seguro de haber pedido su opinión.
—El comité organizador lo envió para que lo leyera —respondió—. ¿Debería declinar la invitación?
—No, acepta —contestó. Cualquier evento social era interesante si había personas interesantes—. También envía flores a la dirección de siempre.
—¿Para qué, si las van a regresar? —dijo la joven mujer de inmediato.
—Rocío, ¿de verdad necesitabas decirlo así? —contestó él en voz baja, pero ella tenía razón. Hana siempre le devolvía sus flores.
No había hecho ningún movimiento con Hana, así como el interés que tenía hacia ella iba cambiando; no sabía hacia qué dirección, pues sentía que lo romántico estaba terminando. Aunque no traicionaría a su único amigo, tampoco quería darse por vencido tan fácilmente.
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El día del concurso, Kendra estaba sola en su espacio designado. Todas las participantes estaban nerviosas y mirando hacia todos lados; creyó que, al no mostrar nervios, estaba algo mal en ella. Todo sería grabado antes de transmitirse, así que ellas estaban cautelosas con su imagen desde antes de que se encendieran las cámaras, ya que debía ser impecable.
Llegaron los integrantes del staff y les explicaron el orden de participación, así como los criterios por calificar. Reclamaban que, en lugar de medir algo como la inteligencia y los talentos, lo que querían era creatividad al vestirse. Claro que ser bonita era importante, pero no tanto como saber manejar algunas situaciones con el vestuario en el día a día.
Cuando inició el evento, Franco pudo notar que muchas participantes carecían de personalidad y estilo. Según su criterio, una mujer resalta porque sabe qué le gusta y quién le gusta; pero muchas de ella apenas sabían lo que estaban usando, pues lo vieron en algún medio de comunicación o fue un consejo de alguien cercano.
Kendra comenzó a resaltar por tener mucho cuidado en su imagen y en la ropa elegida. Siempre había sido así; la ropa qué le gustaba, la ajustaba a ella. Las demás mujeres la miraban como buitres; muchas de ellas ya habían participado antes en esos concursos, y este tenía un premio especial de ser la imagen de la cadena de hoteles Gersin, la cual había sido anunciada al principio.
—Kendra, siento que te verías hermosa con este labial —dijo una de las mujeres.
—Lo siento, solo uso labiales que se hacen de manera artesanal —respondió. También tenía medidas todas sus respuestas para futuras preguntas. Quería ganar y así la miraría Allen.
—También creo que este collar sería fabuloso con tu vestido —dijo una concursante más joven.
— Lo siento, pero no. Solo uso metales preciosos genuinos —contestó, al ver que le temblaban las manos a esa chica.
Entre las etapas en las que participaron hubo estilos como: casual, de día, cóctel, fiesta en la playa, traje sastre, deportivo; y el último era una gala. Kendra eligió un vestido liso en color ultravioleta y, al verlo, todas comenzaron a reírse. Cuando se miró al espejo, su carísimo vestido tenía salpicaduras de cloro en cada una de las capas de tela. Si en menos de diez minutos no conseguía un nuevo vestido, perdería.
—Rocio, ¿sucede algo? —preguntó Franco.
—Una de las participantes ha decidido retirarse.
—¿Causa?
—Su vestido tiene manchas de cloro. Aunque investiguemos qué sucedió; no hay manera de que se cambie, pues las reglas dicen que ellas deben traer su propio vestuario.
—Hmmm Rocío, ve al auto… Allí debería estar un vestido que compre para Hana.
Editado: 01.11.2026