A unas cuantas casas de distancia, Allen cenaba tranquilamente. Rebeka se ausentó diciendo que tenía migraña. Aunque solo habían pasado cerca de tres días desde que llegaron, no se sentía bienvenido. Sospechaba que Hana estaba viviendo en la misma casa que rentaban, por lo que quería buscarla. Los guardaespaldas que lo vigilaban le prohibieron acercarse, así que veía esa visita como una misión secreta, pero no imposible.
Cuando fue a su dormitorio, revisó su celular y vio que tenía un mensaje de Jin pidiéndole que lo viera en su casa para hablar de un asunto importante. Se bañó y se metió entre las cobijas. Decidió que le daría el libro a Hana para que lo leyera antes que él. No serviría de nada, podía estar seguro. Leerlo no iba a regresar el tiempo, eso también era evidente, y, por supuesto, no cambiaría nada más que aumentar su conocimiento sobre el tema.
Antes de que saliera el sol, Rebeka estaba en la cocina esperando que la avena que cocinaba estuviera lista. Cuando fue a buscar a Allen, este ya no estaba en casa. Le envió un mensaje diciéndole que compraría algunas cosas para su hogar, pero él no respondió. Intentó llamar a su madre y tampoco respondió. Al menos en este punto ya era consciente de que ese matrimonio iba a fracasar por más que intentara salvarlo.
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En casa de Jin.
—¡Allen, bienvenido! —le saludó apenas lo vio—. No creí que vendrías antes de desayunar.
—Parecía importante, además, debo ir a la oficina. Al parecer, cargarme con todos los proyectos fue tu idea, ¿no?
—Algo así. Yo diría que queríamos verte feliz trabajando como un robot hasta que mueras de cansancio —le dijo mientras lo llevaba al despacho—. Luego te llevaré a dar un recorrido por la casa; tiene muchos recuerdos de cuando Hana vivía aquí, e incluso sus conejos, que ya tuvieron crías.
—¿Solo para eso me llamaste?
—No, es hora de cobrarme ese favor —confesó—. Le dije a Hana que la ayudaría a reunirse contigo. Ahora quiero el pago.
—¿Y qué quieres?
—Quiero una propiedad de la familia Kanronji. Esta es la ubicación —le mostró los documentos—. Consíguela.
—¿Y cómo la consigo? No soy abogado.
—Oh, no te preocupes —respondió, quitándole importancia—. La necesitaré cuando mi Tonio cumpla la mayoría de edad. Pero no aceptaré menos que esto como pago —señaló—. Originalmente, solo te quería tener trabajando en mi empresa, pero no es suficiente. Lo pensé mejor y llegué a esa conclusión.
—Bien, cuando pueda lo hablaré con Hana —dijo sin ganas.
—Ah, también quería decirte otra cosa —y le entregó un sobre—. Me caso este fin de semana. Espero que vengas. También le envié una invitación a Hana; debemos decirle a todo el mundo que, aunque nos hemos divorciado, seguimos siendo buenos amigos.
—Jin, no uses esa palabra. La odio.
—Hmmm… Les quitas lo divertido —le dijo en tono burlón—, pero te diré otra cosa. Hana decía tu nombre entre sueños. Espero que, sin importar cuánto tiempo pase, su relación sea mejor que antes. No estés a la merced de Rebeka; están casados es verdad, pero es solo un documento. Nada te impide ir por Hana.
—Lo tendré en cuenta, nos vemos en la boda.
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—Mirei, ¿qué sucede con tu cara de pervertida?
—Por fin encontré a Akira —contestó muy contenta—. Me voy.
—Buena suerte… —dijo Hana, despidiéndose con la mano.
Después de cenar con la familia de Kanade, Clara se negó a dejarla ir sola, así que se quedó a dormir. Casualmente, Bambi le dijo que no llegaría a dormir y le pareció sospechoso. Si esto continuaba, Bambi se haría dependiente de estar cerca de ella.
Bambi fue a la oficina de Coco tal como le había pedido. Al entrar, lo vio acompañado por varios hombres y creyó que había interrumpido sus negocios. Esperó un largo rato hasta que casi se quedó dormida. Después de que fuera despedida por la anciana Asahi, había descubierto que la vida tenía muchas cosas por realizar que no fueran solo entrenar y aprender medicina. Hana también fue muy amable al dejarla estar cerca, a pesar de todo lo que había hecho con anterioridad.
—¿Enoko?
—¿Sí? —respondió adormilada—. ¿Terminaste?
—Sí, disculpa, no sabía que tardarían tanto —le dijo, aunque no se veía arrepentido— ¿A dónde me llevarás a cenar?
Enoko tardó más de un minuto en recordar que le había prometido invitarlo a cenar por la ayuda que le había brindado para buscar un regalo para Hana.
—¿Qué se te antoja? —preguntó. Estaba preparada para desembolsar mucho efectivo, pues había visto lo buena que era su lujosa vida. Coco no hablaba de en qué consistía su trabajo y ella, a pesar de tener curiosidad, no preguntaba.
—Fideos.
—(●__●)
Bajaron hasta alguno de los puestos que había cerca del lugar. Coco la llevaba de la mano. Todos continuaban mirándolos como si tuvieran alguna enfermedad rara, hasta que llegaron al establecimiento.
—¡Hajime! —saludó la mujer—. ¿Qué se te ofrece?
—Lo de siempre, dos porciones —pidió.
Editado: 11.10.2026