24 Horas Contigo

#107.- Bodas de seda y una propuesta

Bambi se disculpó unos días más tarde por hablar sin pensar y ofender a la persona que le daba un techo. Hana aceptó la disculpa, pero su actitud cambió un poco. En lugar de mostrarse amorosa y amigable, su ánimo era algo reservado en su presencia.

Su traslado a la universidad no tuvo problemas. El dinero que ganaba con la venta de sus libros iba aumentando gracias a su trilogía; sin embargo, sus novelas cortas no daban el ancho por lo que, en comparación, había miles de unidades de distancia entre un trabajo y otro. Eso no la ponía triste, pero era consciente de que tenía que esforzarse más por encontrar un estilo que lograra caracterizarla.

Allen, por su parte, comenzó su internado en una firma de arquitectos local. La firma Midorikawa no lo aceptó cuando lo solicitó, así que debía esperar. Después de que Hana se mudó con él, su ánimo comenzó a mejorar y, pese a todas las circunstancias, disfrutaba su compañía.

Bambi cuidaba de ambos, pero se daba cuenta de que estaban siendo reservados en consideración a ella y a sus cambios de humor. Aunque tocó un tema delicado, ella no lo sabía, así que no tenía por qué enojarse por el repentino cambio de actitud en ambas personas.

Cerca de su aniversario, ninguno se sentía con ganas de festejar algo. Allen propuso que solo cocinaran algo, mientras que Hana añadió al plan que compraran algo de masa moldeable y pinturas para hacer un regalo para el otro. Bambi escuchó el plan; no le pareció importante, después de todo, pero al buscar algunas referencias en línea, encontró muchas imágenes y fotos sobre matrimonios que festejaban echando la casa por la ventana.

—¿Ocurre algo, Bambi? —preguntó después de la cena mientras Allen se daba un baño

—Me fijé en que Allen tiene la misma expresión tranquila de todos los días… No es de mi incumbencia, pero ¿al menos te ama? —Por su manera de preguntar, pareció olvidar que debía hablarle con respeto.

—Sí que eres metiche, Bambi —respondió—. El amor no tiene definición y no lo digo para parecer romántica. Solo sabes lo que es hasta que lo experimentas… Además, no creo que su comportamiento sea algo que debas mencionar.

—Entonces, eso de pasar y sobrevivir a todos los obstáculos, ¿es una mentira porque el amor todo lo puede? ¿Una mentira sin sentido? —quiso saber.

—Exacto —admitió sin pensarlo—. No esperes que la otra persona te apoye en tus loqueras si tú no harás lo mismo o, peor aún, no esperes que la otra persona se desviva por ti sin conocer tus defectos.

—Hana...

—¿Sí? —respondió. Bambi estaba apenada—. ¿Qué?

—Hana… olvídalo. Hay tantas cosas en mi cabeza que no sé cómo decirlas —y salió con los platos sucios.

Hana la despidió y después se dio una ducha. Mientras se secaba el cabello, ayudó a Allen a marcar algunos errores en los trabajos que este se llevó a casa, mientras él los comparó con los datos impresos. Era un trabajo de total concentración y silencio por lo que no había conversación adicional entre ellos. Cuando fueron a dormir, ambos miraban al techo.

Incluso si han pasado cuatro años juntos, la verdad era que, la mitad del tiempo que presumían tener juntos, estuvieron separados por varias causas y no se conocían del todo. A estas alturas, tenían dudas sobre el otro; dudas que no podían mencionar libremente, pero no por ello dejarían de resolver.

❀❀❁❀❀

Llegó el día esperado. Bambi salió a caminar mientras esos dos festejaban; seguramente tendrían una romántica cena, después harían esa tontería de las manualidades como regalo para el otro y terminarían en la cama desnudos, probando sus zonas erógenas.

Lo que ocurría en casa era todo lo contrario.

—¿Qué? —se quejó Allen al ver a Julián y a Svetlana en su puerta.

—Vinimos a festejar con ustedes —anunció Svetlana, quien llevaba un vestido con escote pronunciado—. Trajimos pastel y vino.

—¡Hana! —saludó entusiasmado Julián, entrando a la casa—. Tan bella como siempre. Si te aburres de este hombre adicto al trabajo, llámame —y le dio su nueva tarjeta. Ahora tenía un puesto como ingeniero, según leyó.

—¿Por qué están aquí?

—Es obvio, queríamos ser parte de esta maravillosa ocasión donde todos somos felices —confesó Svetlana—. No es la primera vez que nos vemos, así que ¿qué tal si me presento? Soy Svetlana Yakova.

—Hana Kanronji.

—Oh, tu apellido me suena a ese personaje —comentó emocionada—. Ya sabes, ese personaje de ficción.

—Bueno, mi apellido es antiguo y raro, así que es normal que lo asocies —contestó molesta por la interrupción.

Los dejaron pasar.

La romántica cena se convirtió en una cena común. Allen y Hana cocinaron para ellos alguna receta que encontraron en un libro cualquiera; además de un pastel que nunca habían probado, ya estaba cociéndose en el horno. Simplemente la idea de tener visitas les parecía repugnante.

Julián leyó fácilmente sus caras. Decidió mencionar el motivo de su visita.

—Tenemos un plan y tú nos ayudarás.

—¿Qué? —se sorprendió Allen.

Julián le mostró un plan de negocios que dejó que leyera con detenimiento. Svetlana manejaba una fundación sin fines de lucro que ayudaba a zonas devastadas por la guerra o desastres naturales; Julián también era partícipe y él, junto a su equipo de trabajo, intentan desarrollar algunas ideas sobre casas que fueran rápidas de construir y trasladar a esos lugares, sin importar el tipo de terreno que fuera.




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