24 Horas Contigo

#110.- El sobre que envió Mirei

—Señorita Hana, tiene correo —anunció Bambi, que iba entrando.

—¿Correo? Qué raro —señaló. A nadie le había dicho su dirección en Zúrich y tampoco había estado en contacto con Mirei; en realidad, no sabía si ya estaba libre o no.

Bambi le entregó un gran sobre amarillo cuyo remitente era Mirei. Hana lo abrió con rapidez. Adentro había un montón de papeles escritos y algunos tenían partes de un dibujo; lo hojeó un poco y, pues, no entendía de qué se trataba, simplemente era extraño.

—Bambi, llama a Franco por mí, ¿está bien?

—Sí, ¿qué mensaje debería darle?

—Quiero que vaya a ver a Mirei —respondió con lentitud.

—De acuerdo —y fue a buscar su teléfono.

Hana encontró una nota con la hermosa letra de Mirei. Decía así:

«Hana, lo siento, de verdad lo siento. Sabía que tu abuelo estaba detrás de todo, pero quise culparte a ti y a tu rebeldía, así que, perdóname. Si me perdonas, me gustaría saber cuándo vas a regresar; pedí tu dirección en la editorial Kiki. Lo siento, pero tenía que enviarte esto. Callie lo investigó por petición de Allen y parece ser un trabajo de años. No lo leí, en realidad, lo encontré en la casa y estaba dirigido a él, pero sí lo revisé en caso de que fuera una bomba. No te preocupes, estoy bien. Llámame cuando te sientas segura. T. q. m.».

Pensó que sería mejor que Allen estuviera presente para leerlo y esperaría su llegada. Lo que ella no sospechaba era que Allen se encontraría con quien menos se imaginó: su padre.

—Allen, ¿de verdad estabas aquí ¡Qué alegría!

—Papá, ¿por qué estás aquí?

—Vine a buscarte —respondió—. ¿Me aceptas una comida?

—Hmmm... Seguro.

Allen lo llevó hasta un lugar que solía frecuentar en el que también servían un rico café y deliciosos postres. Después de que ordenaron, Frederick Til posó su mirada en el viejo piano que había allí.

—¿Recuerdas cuánto me rogaste que te comprara un piano para que, después de tres años, te rompieras la mano?

—¿Eso pasó? —respondió. Allen no lo recordaba. Si se rompió una mano estaba claro, pero no recordaba rogar por un piano—. Papá, ¿qué te trae aquí?

—¿Puedes volver a considerar tu enlace con esa chiquilla? He estado muy tranquilo porque tenía la esperanza de que lo pensaras con la cabeza fría y entraras en razón. Esa chica no es apropiada para ti.

—Papá, no es nuevo que me digas eso, pero ¿por qué? Hasta donde sé, tú y el señor Kanronji fueron amigos y ya. No me das motivos de por qué debería dejar a Hana. Lo que haya pasado entre ustedes no me interesa, amo a Hana y así será hasta el final de mi vida.

—Hijo... ¿Solo tienes 22 años y crees que sabes del amor? Todas las mujeres están interesadas en la fama y el estatus. ¿Acaso crees que te busca porque eres atractivo? ¿Por qué tienes un gran físico? No es el caso, Hana busca la fortuna de nuestra familia.

—Papá, no digas eso de ella, lo sacaste de alguna serie chafa de algún lado. ¿También pensaste lo mismo de mamá? ¿Nunca amaste a mamá?

—Eso no tiene relación contigo.

—Tampoco mi relación con Hana. No me importa lo que digas de mí, pero no la molestes a ella. No digas que eres un buen padre porque lo único que recuerdo de ti es tu espalda —se levantó y se fue.

Frederick lo intentó en repetidas ocasiones. Había acordado con Shinichi que este se haría cargo de su ruptura, pero todo iba muy lento. Shinichi tampoco informaba muy seguido, ya que estaba ocupado trabajando en su empresa enlatadora. Decidió que era tiempo de tomar cartas en el asunto.

Allen, por otro lado, regresó a casa por la noche. Cuando llegó, escuchó a Hana quejarse de dolor de cabeza y cuerpo por lo que parecía una recaída de su último resfriado. Bambi no estaba, aunque debía estar cerca por si algo se ponía mal, pero no a la vista.

—Allen, mira lo que envió Mirei —dijo mostrándole el sobre. Allen no quería, pero miró el pecho de su esposa—. ¿Qué?

—Sonaré como pervertido, pero ¿por qué no usas brasier?

—Me dolían mis senos —respondió—, pero eso no es lo importante. Mirei me envió esto de parte de Callie.

—¿Qué es?

—¡Tú se lo pediste! ¿No recuerdas?

Allen intentó hacer memoria.

«Considéralo hecho, pero no haré favores como tú crees, aún no estoy desesperado», respondió Allen.

«Quiero información también.»

«¿Te parece que soy una biblioteca?», contestó enojada mientras le daba un post-it y una pluma.

«No te aseguro que consiga algo, ¿ok?»

«Sí, lo sé...»

Garabateó algo y se despidió.

«Recuerda llamarme aneesan Callie...», le dijo antes de cerrar la puerta.

—Lo recuerdo, pero creí que no encontró nada porque se tardó un poco.

—Pues bien… Con esta nota, parece que le molestó tu encargo —contestó Hana y le entregó un trozo de papel amarillo:

«¡Hey bastardo! No sé por qué tienes tanta suerte, pero te lo diré desde este momento. Lo investigué tan profundamente como me fue posible, pero casi todo es información sacada de los ilegibles registros familiares. Ojalá te pueda servir de algo. Pasar a dejarlo en tu casa fue un acabose, pero creo que valdrá la pena. Ojalá podamos vernos de nuevo en vida, si no, te esperaré en el otro lado. C».




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