24 Horas Contigo

#106.- Los daños causados sin remuneración

Mirei por fin pudo dejar su casa.

Cuando le entregaron su teléfono, tenía incontables llamadas de Allen, Franco y Akira, asimismo, parecía que los mensajes sobrepasaron el cupo regular y no pudo leerlos todos.

Regresó a la casa en la que solía vivir, pero allí no había nadie. Todo estaba roto detrás de la puerta. Creyó encontrar a Akira esperándola, pero no fue el caso. Después intentó llamar a su mamá o a su hermana Callie, y ninguna respondió. Intentó de nuevo hablar con los vecinos, quienes le dijeron que la joven señorita que vivía al lado se mudó después de que unos hombres intentaran asaltar su casa.

Decidió buscar algo que pudiera servirle, pero no tendría más opción que regresar a la casa en la que estaba confinada. Más tarde, pasó al bar que le pertenecía y lo encontró clausurado por violar las normas de sanidad. Quiso investigar la causa de la suspensión, pues siempre había trabajado al lado de la ley, pero le dijeron que la multa por venta de alcohol a menores era bastante alta.

Queriendo comenzar de nuevo, fue a verificar su estado de cuenta, pero estaba en cero. Lo que había ahorrado y lo que su padre le dio para vivir, todas las cuentas estaban vacías. Caminó sin rumbo hasta que sus pies la llevaron al viejo consultorio de su madre.

—¿Mami? ¿Estás en casa?

—¿Mirei? ¡Pasa! —dijo una voz. Entró y se dirigió a la parte de atrás. La doctora Scherry estaba curando las heridas del señor Koban.

—¿Papá? ¿Qué pasó? ¿No estabas en prisión?

—Nada, ¿Cómo estuvo todo en casa? — quiso saber él. Su espalda mostraba rasguños y golpes con algún objeto punzocortante—. Perdóname, Mirei, no quería encerrarte, pero ese Kanronji no se tentaria el corazón al atacar a una joven.

—Pues estaba molesta, pero... dijiste que acordaron no involucrarse en los asuntos de otros... ¿Es mi culpa? ¿Es porque pedí que ayudaras a Hana? ¿También lastimaron a Akira?

—No es tu culpa. Es ese señor, que no sabe nada más que cumplir sus propios deseos. Mirei, ¿quién es Akira?

Vaciló. Debía decirles y pedirles ayuda, o solo decirles y marcharse.

—Mi pareja —respondió. Se dio una tercera opción, decirles y ya.

La doctora Scherry les sirvió la cena. Koban no se divirtió nada en prisión. Mínimo su aspecto debía inspirar algo de respeto, pero entre los demás presos había algunos que fueron encarcelados por su causa e intentaron saldar cuentas. No fue solo eso, sino que Anton se apoderó de todo el dinero que manejaba Koban y su sección. Ni Coco pudo detenerlos antes de recibir otra orden.

—Ma, ¿Sabes dónde está Callie?

—En prisión. Su sentencia salió ayer y fue condenada a cadena perpetua por tráfico. —contestó—. Sabes...Mirei, tienes la opción de dejar esta familia si no quieres verte involucrada.

—¿Y tu má? —preguntó por inercia—. Mamá, ¿dejarás a la familia?

—No, cómo podría. Aren me necesita —respondió.

Durante varios años, ella ignoró completamente que se seguían viendo, aunque su papel decía que estaban divorciados.

Mirei se despidió y fue al lugar donde Akira solía trabajar. Llegó a esa tienda antes de lo previsto, buscó con la mirada y después preguntó al gerente. Akira había dejado su trabajo allí hacía tres meses y se decía que regresó a su pueblo natal. No sabía las causas, pero fue repentino.

Imaginó que Hana seguiría en su casa o a lo mejor en el apartamento, por lo que fue a buscarla. Había intentado llamarla, pero no contestó nadie. En esa casa que presumían tanto, solo había hombres vigilando; supuso que eran de Kanronji o, en el mejor de los casos, eran los hombres de Franco, pero no estaba segura.

Anocheció y continuaba caminando como si nada. Ni siquiera entendía cómo no le pidió dinero a sus padres al menos para trasladarse; la ciudad era enorme para llegar a todos lados caminando, sin embargo, ella lo intentó. Pasaba de la medianoche cuando llegó al edificio. Por suerte no había cambiado la contraseña y entró a la casa como si nada.

Aún estaban las cosas que Allen y Hana habían comprado o recibido. En el centro había muchos sobres de un solo remitente, "C.C"; había algo de comida enlatada y se sentó a comer. Parecía que nadie había vivido allí en meses.

Como los sobres iban dirigidos a Allen, se los llevaría apenas amaneciera. Busco dinero; seguramente Hana la perdonaría si tomaba un poco, y después lo pagaría cuando la viera.

Amaneció muy pronto para su gusto. Agarró una mochila que encontró y, justo cuando abrió la puerta, se encontró con un rostro que solo había visto en fotos.

—¿Quién eres? ¿Qué haces en casa de Hana? —dijo el hombre.

—Soy Mirei Scherry… ¿Puedes llamar a Hana o sabes cómo está? —recordó haberlo visto en las fotos de Hana aunque no sabía su nombre.

—Ah, ya sé quién eres. Dime Yuji —contestó—. Solo vine a limpiar.

—¿Por qué?

—Porque ese es mi trabajo —respondió—. Cuando termine, podemos ir a mi casa para que comas algo y te cambies los zapatos… tienes unos muy feos.

—Bueno, caminé desde la sección A hasta aquí.

Yuji se sorprendió. Caminar durante casi siete horas, requeria un gran aguante o fuerza de voluntad, quién sabe. Esperó algunos minutos hasta que terminó su limpieza. Se estaba haciendo cargo por Hana, ya que ella insistió en conservar ese lugar unos meses hasta que terminaran de mover las cosas; sin embargo, ella había desaparecido como si nada.




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