Mirei llegó conmocionada después de la llamada de Bambi, solo para ver a su mejor amiga durmiendo tranquilamente debajo de la cama. La intentaron despertar para cenar, pero no se quiso levantar, por lo que la dejaron allí.
En la mañana, Bambi miraba las noticias cuando una nota sacudió su interior. Asahi Kanronji fue encontrada muerta en su isla artificial, y la supuesta teoría de su deceso era que cayó accidentalmente en su jardín privado. Quienes daban la cara en ese momento eran Eileen y Nikki, quienes tambien anunciaron que el funeral sería privado.
Mirei también escuchó la noticia, pero no podía alegrarse. Hana se levantó poco después y fue directo a lavarse la cara, como si su colapso de la noche anterior no hubiera sucedido.
—Oye, ¿estás bien?
—Sí… En un momento preparo el desayuno.
Bambi y Mirei se miraron consternadas. Hana cambió de actitud de un momento a otro y, seguramente volvería a comportarse como cuando Allen estaba allí.
—Hana, ¿estás bien?
—¿Me preguntas de nuevo? —le dijo a Mirei, quien la había seguido hasta el baño.
—Bueno, ayer Bambi me dijo que estabas muy mal y escondió cualquier objeto peligroso, pero ahora te veo bien —le dijo, preocupada.
—Es evidente que no estoy bien —contestó sin mirarla—, pero trabajaré mucho en mí para que él vea lo que se ha perdido.
—¿Eso qué significa? Hana, ¿por fin te patina el coco?
—No, pero quiero creer que, si somos el uno para el otro, las circunstancias harán que nos encontremos de nuevo.
—¿Saldrás con alguien más?
—No, no puedo —respondió—. Yo lo amo demasiado —afirmó y fue a cambiarse.
Los siguientes días se volvieron monótonos. Despertar, comer, escribir, comer y dormir. Solo eso. Incitaba a Bambi a que saliera a conocer los alrededores, pero ella no quería relacionarse con nadie. Mandó algunos emails a Allen, pero no tuvo respuesta. Pensó que si tal vez, y solo tal vez, los revisaba, podría saber lo que él estaba pasando.
La partida de su abuela no le provocó nada; ni siquiera asistió al funeral. Su editor y su editor junior estaban muy preocupados, pues la historia se tornó totalmente oscura, sin pizca de fantasía, y creían que era mejor pausar todo hasta que mentalmente estuviera más estable.
Sin nada más que hacer, lo único que quería era ver por la ventana.
❀❀❁❀❀
En algún lugar de Alemania.
Rebeka empezó a usar nuevas tácticas para llamar la atención de Allen; incluso contrató a un detective para investigar lo que le gustaba comer y lo que no. Allen a veces salía de la oficina en casa, pero dormían en habitaciones separadas. Su computadora y celular estaban siendo revisados constantemente por los guardaespaldas contratados por su familia, así que no podía revisar su e-mail.
Se enteró del fallecimiento de la anciana, pero no hizo ni la más mínima muestra de tristeza o alguna otra expresión; alguien que actúa tan mal en vida también merecía ser castigada. En sus ratos de descanso podía beber un poco, y Franco aprovechó esos días para visitarlo de nueva cuenta, junto a su nueva amante, Verónica.
—Así que has dejado a la amable damisela que te robó tus primeras veces en otro continente… Sí que eres valiente.
—Por favor, quiero considerar esto una prueba —contestó—. Quiero creer que, al terminarla, podremos encontrarnos de nuevo y formar una familia.
—Deseas mucho, pero no te pones en acción. ¿Y si alguien se la lleva? —le dijo, regañandolo—. ¿Y si te enamoras de esa princesa chiflada? ¿No has pensado que, mientras planeas algo, quizás alguien ya se adelantó?
—Sí, y quien quiera que sea que se atreva a hacer eso… tomaré de vuelta a Hana.
—Ella no es una cosa. Allen, tus sentimientos pueden quedarse como están, pero los de ella pueden cambiar. Hana está esperándote y no hay garantía de que lo haga por siempre —aclaró.
—Ya lo sé. Ya lo sé —y se sirvió algo de una botella—. Entonces, ¿voy y la convierto en mi amante?
—O puedo yo convertirla en la mía —contestó—. No me importa lo que hagas mientras no llore más por ti; soy tu amigo, pero no negaré que ella me interesa en serio.
Allen quedó boquiabierto, no sabiendo si bromeaba o no.
—Aunque, por supuesto, soy tu amigo, no hay nada que me impida ir a conquistar a tu exesposa
—¿Estás provocándome?
—No, te estoy revelando mis planes. El próximo mes iré a su ciudad. Administraré los hoteles de esa zona, así que la veré seguido… ¿No te emociona?
Veronica se reía de las expresiones de Franco al provocar a su amigo, quien continuaba con su cara de póker. Por la forma en que hablaba estaba enojado, pero su rostro no lo mostraba.
—No te preocupes, la cuidaré por ti… si es que regresas —decía mientras salía.
Franco se encontró con la chica princesa, quien tenía un montón de hojas en sus manos. Veronica caminó un poco más lento para leer lo que decía y observar algunos rasgos en esa persona.
—Oye, la chica se está desmoronando.
Editado: 11.10.2026