24 Horas Contigo

#129.- Lo que ella espera

#129.- Lo que ella espera

Rebeka había caminado detrás de Allen un buen rato;; quería hablar bien sobre su relación, pero su timidez la volvía más tonta de lo usual. Como había pasado tanto tiempo siendo protegida por su madre y, no se relacionaba con nadie más que con ella, sus propias habilidades sociales eran malas. De hecho, tenía miedo de que decir una palabra equivocada provocara una acción irreparable.

Cuando por fin vio que ellos se despedían, apresuró el paso y, justo en el lobby del hotel, Allen se encontró con un hombre y una mujer que parecían divertirse.

—¡Allen! ¡Julian y yo te hemos buscado! —dijo la mujer—. ¿No me digas que no me extrañaste?

—Lo que diría es «no me toques» —le dijo, intentando soltarse—. Creí que estarían en la playa.

—Para allá vamos, pero Julián ve a cualquier mujer, va tras ella y termina como perro regañado —explicó enojada—. Ayer desapareciste de la cena… estabas con tu esposa, ¿eh, pillin?

Svetlana tenía más experiencia que ellas ocultando sus emociones. Hana es menor, así que su control facial apenas lo estaba entendiendo; Diane tiene la misma edad que Allen por lo que podía controlarse un poco mejor, pero le faltaba práctica, aunque ella ya conocía cómo era el mundo profesional, por lo que fingir hipocresía no era nada del otro mundo.

—Entonces vamos a la playa —propuso Julián empujándola hacia afuera, lo que hizo que Rebeka se diera por vencida. En algún momento, su esposo debía volver a la habitación y, en ese momento, lo atacaría.

Subió al elevador y al mismo tiempo salieron Bambi y Hana, quienes pasaron de largo. Ella entró y presionó el botón; otra persona subió después de ella y parecía muy agitada. Sonó un celular.

—Hola, habla Alexander Walker… —dijo el muchacho—. Ah, sí, ya voy por mi equipaje y ya me disculpé con el anfitrión. Sí, mi vuelo sale en tres horas, si… Adiós Lucía —colgó.

Hasta un extraño tenía más suerte que ella. Bajó en su piso y caminó a su habitación. Cuando entró, fue a revisar las maletas. Debía tener algo de lencería que hiciera que Allen la viera y la deseara. Probaría con lo que compró, esperando un buen resultado. Todavía no quería darse por vencida.

❀❀❁❀❀

En la playa.

—¿Qué eres, Allen? ¿Un vampiro? —dijo Svetlana al verlo bajo la sombrilla.

—Odio el sol, así que sí, soy un vampiro —respondió. Se quedaron solos, pues Julián fue a perseguir chicas. Svetlana lo dejó un momento. Él solo quería alejarse del sol; empezaba a dolerle la cabeza.

Cuando Svetlana volvió, en sus manos llevaba algunas bebidas. Le ofreció una a Allen y se sentó al lado de él. Usaba un bikini que fácilmente llamaba la atención de todos los hombres a su alrededor, menos del chico que ella quería.

—¿Cómo van las cosas con Rebeka?

—No lo sé, ¿por qué todos son tan metiches? ¡Consigan una vida! —se quejó, tratando de sonar molesto. Si Hana estuviera allí, sería mejor.

—Bueno, conforme pasan los años, el tema de conversación cambia… Tu programa favorito, el chico que te gusta, qué carrera estudiar, a qué trabajo postular, sí ya ahorraste, sí te casaste, para cuándo los hijos, tu casa nueva… En fin, muchos temas y todos igualmente aburridos.

—Solo quiero estar con Hana. ¿Es tan difícil de entender?

—Suenas como un niño al que le quitaron su juguete favorito —señaló—. No sé qué tiene de increíble serle fiel a una sola persona; yo me divierto sin tener un compromiso, así como Julián las invita solo porque son bonitas.

—Está bien eso; cada uno decide qué hacer con su vida —contestó. El dolor ya no lo dejaba pensar bien.

—Sabes… Cuando pensé en el proyecto de Happy… Deseé con todo mi corazón que Hana no estuviera involucrada.

—Y no lo estará. Ella dijo por sí misma que no invertiría hasta que todo mejore. Probablemente no sé qué ocurre con mis emociones, pero aún puedo leer los rostros de las personas.

—Eso duele —contestó, intentando no reír—. ¿Cómo conociste a Hana?

—Secreto.

—¿Nunca me dirás?

—Nunca.

—¿Por qué?

—Porque quiero que esa memoria sea de nosotros dos. Svetlana, aprecio lo que intentas hacer, pero me resulta fastidioso que alguien sea amable sin ningún propósito —le dijo directamente, sin enojarse—. Lo sé, sé cómo me miras y será mejor que te detengas antes de que salgas herida.

—No eres el único que no cayó en mis encantos al principio —confirmó—, y es cuestión de tiempo para que vengas a buscarme.

—No pasará. Quiero estar con Hana, nada más.

—¿Ah, sí? Pues creo que es estúpido. ¡Eres un estúpido malnacido! ¿Qué tiene de fabulosa esa chica? ¿Qué tiene de especial? Te investigué y esa familia usa tortura psicológica e incluso ataques físicos… ¡Eso no es amor! —alzó la voz, pero sin llegar a gritar—. Eso no es amor, pero estás tan ciego por una bruta como ella que intentas soportar todo eso. ¿Acaso crees que tendrán una vida feliz? ¿Acaso crees que vivirán juntos para siempre? ¡Este no es un cuento de hadas! ¡Ya no están juntos! ¿Por qué debes de rogar para vivir con ella?

Su discurso comenzó a atraer miradas incómodas. Allen recordó que debía entregarle ese librito a Hana; se levantó listo para darle una respuesta.




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