La habitación parecía demasiado grande. Allen tenía a Hana entre sus brazos. Apenas pasó un día desde que dejó el hospital y casi una semana desde que ella llegó. Hana le platicó todo sin guardarse nada, y sospechaba que su ausencia de cualquier medio público indicaba que los dejarían en paz al menos por un tiempo.
El matrimonio falso que tenía con Jin llegaría a su fin después de que ella decidiera quedarse con Allen en Zúrich; de esa manera podría cuidarlo y Jin dedicaría su tiempo a Reed y a Tonio.
—Bambi, tienes una opción… regresas a la ciudad conmigo o te quedas aquí a proteger a Hana y a Allen —le explicó Jin con la máxima claridad posible.
—¿Y Coco? ¿Qué hará él?
—¿Tu decisión depende de su respuesta? —preguntó extrañado—. Coco regresará al lado del señor Koban. Es su hombre, no el mío.
—¿Me quedo? —respondió dudando y preguntando al mismo tiempo; daba lo mismo, ya que no tenía amigos en ningún lado.
La manera en que se estaban arreglando todos los desperfectos no le gustaba a nadie. No podían sentirse tranquilos hasta que los dejaran vivir sin perseguirlos. Contactaron a Julián, quien se ofreció a prestarles una vieja casa en unas calles más alejadas de la zona céntrica, la cual a veces ella, Svetlana, usaba como hotel de paso. Estaba en horribles condiciones, pero les serviría para una estancia de unos meses.
Hana salió a ver la casa mientras Allen iba a hablar con la universidad para saber qué cosas raras había sucedido en su ausencia;; sorprendentemente, no había nada que valiera la pena mencionar, salvo que no alcanzaría a pasar las materias si continuaba faltando. Jin le dio a Hana una cantidad de dinero considerable como pago por ser su esposa, además de una indemnización como si se estuvieran divorciando.
No harían nada público; su trabajo solo era que se reunieran y él seguía instrucciones de su padre. Hana se lo agradeció y lo despidió. Bambi continuaba pensando en que los perdonaba muy rápido. Cuando fue con ella a limpiar, entendió lo equivocada que estaba.
—Señorita Hana... ¿le gustan estas cortinas?
—No, son feas. Usa aquellas de tergal francés —señaló una bolsa que tenía escrito garabatos en ella y solo se distinguía la palabra "Julián"—. Si te gustan esas de brocado, puedes usarlas en tu habitación.
—¿Me quedaré aquí? Pensaba quedarme en el hotel… el señor Midorikawa me dijo que no habría problema ya que sigue pagando mi salario.
—Ya veo. En parte, tienes razón, pero si quieres quedarte aquí, eres bienvenida en cualquier momento. — aseguró Hana, intentando averiguar qué decía la letra de doctor de Julián.
La casa comenzó a verse más habitable solo con una limpieza. Después, acompañó a Hana a comprar cosas. Hana sabía que, no importaba cuánto intentara pagarles, quedaría debiendo esa deuda durante mucho tiempo.
—Entschuldigung, ich brauche ein Glas Pfeffer und ein Glas Kreuzkümmel (Disculpe, necesito un frasco de pimienta y otro de comino) —pidió Hana al dependiente. El chico, hábilmente, le dio lo que necesitaba y cobró.
—Señorita...no sabía que hablaba alemán —comentó intentando sonar sorprendida, pero no lo logró.
—Sí, estudié mucho para poder comunicarme con Allen; irónicamente, él estudió mucho japonés para comunicarse conmigo —contestó riendo. Bambi lo encontraba atractivo. Nadie sabe de límites cuando quieres algo.
Después fueron a comprar ropa. Hana fue a algunas tiendas de ofertas y tiendas pequeñas muy escondidas en el centro de la ciudad. Su teléfono sonó y se sorprendió de ver que era Allen quien iba a buscarla en ese momento.
Bambi reconoció a ese hombre mientras se acercaba a ellas. Parecía de otro mundo dada la atención que atraía, pero no lo encontraba atractivo. Su rostro era muy serio y su sonrisa parecía muy mecánica. No parecía el tipo de persona orgullosa a la que le gustara ser el centro de todo solo por considerarse guapo; y hasta el momento, no los habían presentado adecuadamente.
—Hola, soy Allen Til-Shiroyama, mucho gusto.
—El gusto es mío, soy Bambi —se presentó.
—¿Bambi? —repitió sorprendido.
—Ammm Kurahi Enoko —hace mucho que no decía su nombre completo. Se sorprendió de poder pronunciarlo de manera adecuada.
No intercambiaron más palabras y fueron a la nueva casa. Allen decía que solo sería provisional, a lo mucho un año más. Julián les dio permiso de que la usaran como quisieran, pues la dueña estaba viajando por negocios. Bambi fue con ellos.
Cuando llegó la hora de preparar la cena, se puso de inmediato el delantal; sin embargo, Hana y Allen hicieron lo mismo. Ellos también estaban cocinando, poniendo la mesa y lavando platos. Le parecía un tanto extraño ese comportamiento, tan distinto a lo que ella conocía. Sirvieron la cena. Al contrario de lo que ofrecían en casa de Jin o en la casa de los ancianos, no había comida rebosante, pero sí deliciosa. Estaba extrañada. Eran personas tan diferentes a lo que la vieja Asahi mencionaba.
Podía notar cómo ellos cambiaban de temas en la conversación y no morían sus ganas de hablar; en las otras casas donde fue invitada, se sentía muy forzada la comunicación. No quería comparar, pero simplemente no parecían de la misma familia.
Editado: 20.09.2026