Kendra no ganó el concurso; sin embargo, llamó la atención de Franco y este le ofreció un premio especial para aparecer junto a la ganadora en una sesión fotográfica para su cadena de hoteles. Quería tener a una persona ambiciosa en sus promociones; ella era bastante confiada y eso le gustaba.
Bambi y Hana, ajenas al asunto, solo la reconocieron cuando ella salió en algunas fotos promocionales. Hana se alegró y le deseó suerte, pero escuchó a muchas personas decir que la conocían bien. De Yuji también escuchó que muchos de sus excompañeros comunicaban a todos sobre su pasado y cómo la conocieron; nadie de su generación podía verla avanzar frente a ellos sin enloquecer por los celos.
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—Allen, ¿conoces a esta chica? —le preguntó uno de sus subordinados—. Es la nueva imagen de los hoteles Gersin; se ve muy joven, pero su cara parece extraña, ¿quizás una cirugía?
—Ah, vaya, bien por ella —dijo con total desinterés—. Volvamos al trabajo —ordenó.
Al ver y sentir su apatía, decidieron no mencionar nada más.
Con la suerte de su parte, Kendra comenzó a recibir propuestas para contratos publicitarios. Estaba encantada y quería hablar y presumir con su hermana, pero ella dijo que no. Kendra aun así quería intentarlo, así que accedió a promocionar varias cosas que ella misma elegía.
Cuando acabó el concurso, se preguntó de dónde había salido ese vestido durazno, pues Rocío fue a decirle que lo podía conservar; pero cuando volvió por él, estaba hecho pedazos. Se disculpó con todos, pero nadie sabía qué había sucedido. Estaba extrañada; al parecer, la molesta manera de actuar no cambiaba aunque pasaran mil años. Incluso la ganadora la miraba de arriba a abajo, pues, en efecto, ganó, pero Kendra era quien recibía los elogios.
—Allen, te buscan —dijo Jin, entrando a la oficina.
—¿Quién? —pregunto, al ver que Franco entraba detrás de él—. Ah, eres tú.
—Así es, soy yo —saludó, riendo—. ¿Me extrañaste?
—No, en realidad —contestó.
Los tres comenzaron a hablar sobre negocios. Cuando terminaron, cambiaron de tema, llegando al concurso de belleza. Según Jin, la ambición es buena, pero en una modelo es mala, pues, al querer más, puede perder muchos contratos; según Franco, le gustaba la actitud de la chica, pues era una paradoja andante al no querer ser un ejemplo y, aun así, participar en un concurso que la haría ver como un ideal. Los rankings no fueron altos, pero ella llamó la atención, así que se daban por bien servidos.
Allen no tenía ni idea de qué hablaban, así que miraba insistentemente su celular. Quería llamar a Hana, pero, mientras estuviera amarrado a la otra, ella no contestaba sus llamadas. Ambos se dieron cuenta e intentaron incluirlo en la conversación, pero no funcionó.
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La cara de Kendra se hizo muy conocida y, al mismo tiempo, hubo muchas personas que se le acercaron a ella con el fin de tomarse fotos, así que fingían ser sus amigos. Ella lo sabía, pero no hizo nada para cambiarlo. Estaba feliz y no quería que esa atención acabara tan pronto.
Keira era la que no estaba de acuerdo con eso. Lo odiaba por hacer que ella se expusiera así; no había forma de que algo cambiara, por mucho que quisiera. Su adorada hermana seguía un camino distinto al de ella y, por lo tanto, no podía reclamar nada, ya que fue ella quien se fue sin consultarlo.
En un parpadeo, su popularidad acabó. Apenas duró un mes, o eso fue lo que contó. Estaba conforme.
—Hana, ¿no es esa la chica que salía en las revistas? —preguntó y apuntó a una figura solitaria.
—Bambi, ¿la recuerdas? Está muy cambiada a como la recordaba —respondió Hana. Era Kendra, pero su semblante era distinto.
—¿En serio? ¿Estará bien? —comentó—. Porque no se ve bien.
—Bambi, vamos… aunque sea ella... ella siempre me trata mal. No sé qué sucedió, pero creo que no está feliz de vernos.
Kendra esperaba su comida. Tuvo un boom y, solo por una pequeña discusión, algunos contratos fueron rotos sin pagar compensación. No le importó, al menos podía continuar representando al hotel. Franco le dijo que esas discusiones eran comunes, pero ambas partes podrían acordar un contrato exclusivo; de ese modo, ella aún tendría su ingreso, pero escucharlo no le parecía algo relevante.
—Señorita, su comida —le sirvió el mesero.
—Gracias —contestó.
Kendra comió tranquilamente. Ahora podía ir a la universidad, de compras y al cine sin que personas extrañas la acosaran. Fue un mes divertido; si llegara de nuevo la oportunidad, la tomaría. Ser el centro de atención era más agobiante de lo que pensaba.
Caminó de nuevo por las calles de esa ciudad. Se detuvo a ver las revistas y vio una donde estaba su cara, pero ¿por qué tenía una expresión triste?
—¿Siempre me vi así?
—Sí, tenías una mirada triste que las ediciones no podían arreglar. Eres «la modelo triste» —dijo Hana a un lado de ella—. Así te conocen en el lugar donde trabajo.
—Te apareces en momentos extraños —dijo con apatía—. ¿A qué vienes?
—Lo siento —se disculpó. No respondería a su pregunta y continuó caminando hacia donde Bambi la esperaba.
Editado: 01.11.2026