Hana se levantó muy temprano una mañana de otoño. Estaba habituada a vivir allí. Allen trabajaba mucho en dos empresas distintas, por lo que tenía que hacerlo conciliar el sueño antes de que muriera de agotamiento.
Vestía una playera larga. Escuchó que tocaron la puerta y bajó a abrir. Bambi asomó la cabeza; era temprano, pero ella aún no se levantaba.
—¿Señorita?
—Yo abro, no te preocupes.
Apenas abrió la puerta, se encontró cara a cara con Helian, acompañado de otra persona cuyo rostro no conocía. Atrás de ellos había más hombres.
—¿Qué sucede?
—El anciano nos ha pedido que tomen de inmediato el jet de la familia hacia la isla privada.
—Helian —suplicó, a punto de cerrar la puerta—. Por favor.
—Le ruego que no haga esto más difícil —pidió el otro hombre—. Estamos autorizados a usar la fuerza bruta para llevarlos al jet. Por favor, vaya a hacer sus maletas.
Claro, esos meses de tranquilidad por fin acabaron. No podían esconderse para siempre.
Cerró la puerta después de dejarlos entrar y subió a despertar a Allen. El chico estaba aún en la cama; después de escuchar voces, no se levantó tras reconocer la voz de su esposa conversando con el invitado. Ella comenzó a hacer las maletas y explicó la situación en voz baja. El hombre que acompañaba a Helian le provocaba tanto miedo que quería estar lo más lejos posible de él. No habían pasado más de diez minutos cuando ellos entraron y tomaron las maletas; los llevaron a un auto donde subieron en silencio.
Hana creyó reconocer una insignia que solía usar Bambi cuando trabajaba para ellos. Esa insignia significaba que pertenecían al área de expertos en artes marciales y que eran tan sobresalientes al grado de obtener la confianza de esos ancianos locos.
Subieron al jet. Iban solos con algunos guardaespaldas. Pensándolo bien, hasta fueron amables; de lo contrario, los hubieran raptado o algo similar. El vuelo duró al menos dos horas hasta una isla artificial que pertenecía a su abuela. Hana nunca la había visitado, pues la seguridad era exagerada.
Después de media hora de control y seguridad en el jet, bajaron y subieron a un auto. En ningún momento Allen soltó la mano de Hana; no quería que nada los separara. Uno de los guardias se burlaba discretamente de ellos, pero, bueno, él no sabía todo lo que habían atravesado en el último año.
Llegaron a la casa. Los llevaron a su habitación, donde sus maletas ya estaban esperándolos. Hana fue directo a la ventana. Nunca las había visto de esa manera: cristal, reja, cristal. Al abrir un poco la puerta, vio a un guardia. No se imaginaban cuál era el motivo para que los quisieran allí.
❀❀❁❀❀
Por la noche, cerca de la hora de cenar, los llamaron.
Hana y Allen bajaron con tranquilidad. Llegaron al comedor, donde aún no había gente. Poco a poco fueron apareciendo personas como Renato y Lara, así como Nikki y Charles. Lo único que pudieron decirse fue: «Apareció Helian y nos trajo aquí».
Poco a poco fueron apareciendo personas como Rebeka y Eileen; Shinichi llegó detrás de ellas e hizo acto de presencia ese anciano, quien mostraba una cara feliz y, al mismo tiempo, calculadora.
—Me alegra que todos hayan venido a verme. Hace mucho que planeé esta cena y por fin está la familia reunida —les dijo. Hana podía ver fácilmente que esa fantástica reunión familiar no tramaba nada bueno.
Los sirvientes sirvieron la cena. Después de que los ancianos comenzaron a comer, ellos comieron también. No había nada malo con la comida; solo era el hecho de que desconfiaban de ellos.
Shinichi no dijo palabra alguna a modo de saludo. Solo era una mesa donde todos comían porque así les fue ordenado. Allen miraba alrededor solo para darse cuenta de que había muchas ventanas de seguridad. Nadie conversaba, ni siquiera la animada Rebeka, quien no dejaba de mirar a Allen.
—Abuelo, quiero casarme con él —exigió con dulzura, apuntando a Allen.
Todos bajaron los cubiertos. Vaya sorpresita que estaba dando y, peor aún, Eileen estaba consciente de que se comportaría de esa manera.
—Mi niña, me alegro de que por fin hayas elegido prospecto —comentó el anciano con una sonrisa discreta—. De hecho, te alegrará saber que, justamente, sus padres y abuelos fueron invitados a nuestra reunión familiar, solo que llegan mañana.
Hana, al ver a Helian cerca de ella, podía decir que realmente fue una invitación descarada y no un rapto.
La comida sabía a papel. ¿Por qué todos actuaban tan normalmente después de su declaración?
—Dime, Allen, ¿tomarás el negocio de tu familia? —preguntó Eileen sin obtener respuesta.
—Allen, tu futura suegra te hizo una pregunta —le llamó la atención el anciano Kanronji.
—Discúlpeme, pero Hana es mi esposa y mi suegra se llama Dalia —lo corrigió—. Yo…
—Eso se puede solucionar rápidamente —aseguró, y dio por terminada la cena.
Fueron escoltados a sus habitaciones. Hana estaba aún en silencio. No le sorprendió, pero tampoco esperaba un ataque directo. Para el anciano, ella estaba casada aún con Jin y ahora estaba con su amante; por lo que según él, legalmente, Allen estaba soltero. No pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
Editado: 11.10.2026