Jin Midorikawa reunió a los afectados por causa de la familia Kanronji. Deseaba extender su ayuda ahora que Hana se encontraba en un lugar seguro junto a su amado esposo. De alguna manera, sentía envidia al saber que ya estaban juntos, lejos de miradas curiosas e intentando recuperar el tiempo perdido. Cuando regresó de su viaje, fue directamente a ver a Reed, quien cuidaba de Tonio en su casa; pero tras una breve plática, ella dejó claro que necesitaba tiempo para volver a pensar si ella podía estar con él o si solo los unía su hijo.
Al decidir reunirse con ellos, pensó que al obtener buenos puntos en la vida podría pasar a ser una buena persona. No olvidaba ese momento en el que le pidió a alguien que lastimara a Hana y, peor aún, ocultó el accidente que hizo que Allen sufriera de una rara enfermedad. No podía decir quién estaba en deuda con quién.
—Señor, los invitados lo esperan en el comedor.
—Entendido. ¿Reed ha llamado?
—No, señor —respondió el asistente.
Jin caminó hasta el comedor de su casa. Lo único que vio pasar fueron a sus conejos; Hana le había pedido cuidarlos mientras estaba fuera. Sonrió. Ahora ese lugar estaría silencioso. Su padre no le dijo por qué debían ayudarla, pero igual lo hizo. Se comportaba de una manera distinta a sus creencias.
Al entrar, vio a Yuji, a Kanade y a Natasha; estaban ausentes Mirei y Akira. Bueno, al mal paso darle prisa.
—Bienvenidos, soy Jinpei Midorikawa, mucho gusto —saludó.
—Señor, ¿por qué nos reunió aquí? —preguntó Yuji—. ¿Le molestaría hablar pronto? Mi turno en el trabajo comienza a las ocho de la noche.
—Sí, los reuní porque sentí que ustedes merecen saber por qué sus vidas dieron un montón de giros inesperados y la manera en que voy a compensarlos.
Tomó aire para añadir algo más, pero Natasha habló.
—Oye, sé exactamente lo que es esto; tú, como rico, quieres reparar el daño que no has infligido solo para sentirte mejor —comentó—. Mejor ve al grano y así podremos decidir si aceptamos o no.
—Enseguida —accedió Jin molesto de que lo interrumpieran—. Me han informado que tu familia Yuji… bueno, su empresa se declaró en bancarrota y fue comprada por una compañía distinta, incluso tus padres fueron despedidos.
Yuji no mencionó nada. Tampoco quería ayuda. Habían pasado varios meses, por lo que podrían decir que su vida se volvió modesta, pero no morían de hambre. Sus padres eran personas de acción y no de lamentaciones.
—Y tú Kanade. Tu padre perdió el fruto de todo su trabajo, quizás de una vida. Además, tienes una familia que mantener y, por si fuera poco, no has conseguido ningún trabajo estable… Tu situación es delicada en este momento.
Kanade lo miró. Aparte de raro, él hablaba como si lo supiera todo cuando no era así. Sus padres, al ver que les quitaron los terrenos, empezaron a trabajar para sacar su hogar adelante. Ya había sucedido una vez y sobrevivieron. No querían ver a Anita lamentándose de tener una vida miserable.
—Les he preparado algo a todos para compensar su pérdida —anunció.
El secretario les entregó unos sobres a los tres. En ellos había documentos que explicaban de forma detallada cómo se compensarían los daños. Pudo enviarlos por medio de su abogado, pero prefirió dar la cara. También se sentía culpable.
—¿A usted esta cantidad de dinero le parece justa solo por ocho terrenos? —preguntó Kanade—. Solo habla de tierras, pero todo estaba construido; además, no incluyen el valor de los muebles y de los víveres que había en el momento de la demolición. No puedo aceptar esto.
—¿Estás seguro? Tu familia es de tres; con un sueldo mísero como el que recibes, dudo mucho que puedas darle una buena vida a las dos personas que dependen de ti. Además, me parece que no estás en posición de negarte; también tienes una hermana pequeña que iniciará la preparatoria en unos meses.
—Tampoco puede obligarme a aceptarlo. Investigué un poco y fue un anciano llamado Kanronji quien compró ese terreno. El dueño anterior era alguien de apellido Andrews, por lo que usted no tiene vela en el entierro —respondió.
Jin no sabía qué decir para hacerlos cambiar de opinión.
Natasha no abrió el sobre, pero Yuji leía el suyo con atención.
—Señor, ¿esta es la cantidad que ofrece como valor de la empresa? ¿Tan poco? Papá tardó años en invertir, pero ¿solo vale esto?
—Tu padre fue inteligente, sin embargo, hubo mucha pérdida en el mercado actual. Esta es la cantidad suficiente para que puedan llevar una vida digna. Deberías ser sabio. Ustedes tienen razón, fue la familia Kanronji quien les quitó todo, pero les doy la opción de recuperar un porcentaje. Están acostumbrados a llevar una vida cómoda, así que ¿por qué negarse a la oferta que presenté?
Yuji miró a Kanade y a Natasha quienes platicaban entre ellos. Él no era valiente. No sabía trabajar tanto como ellos y aspiraba a trabajar en un buen lugar para darle una buena vida a Keira cuando regresara. Si vacilaba más, esa oportunidad no se repetiría de nuevo.
—¿Y bien? ¿Lo pensaron mejor?
—Yo lo acepto. Quiero el depósito de inmediato —dijo Yuji sin mirarlos—. Odio ver que alguien sufre; además, no tuvimos la culpa de nada… solo conocimos a alguien problemático.
Editado: 20.09.2026