24 Horas Contigo

#139.- Olvídate de todo y confía

#139.- Olvídate de todo y confía

Hana salió junto al chofer a la panadería Jahre. Después de escuchar la historia de Renato y Lara o al menos solo un fragmento de ella, podía entender cómo pudieron continuar juntos y, para ella, la respuesta fue muy sencilla: se apoyaron en sus decisiones.

Cuando se enteró de que su divorcio fue procesado estaba furiosa, pero al mismo tiempo sentía libertad. No es como si su decisión fuera mala desde el principio, sino que había muchas cosas involucradas. Obviamente, a su tierna edad no se daría cuenta; ahora que era mayor podía decir que no tomó las mejores elecciones respecto a sus vidas.

El viaje fue inusualmente corto; compró pan artesanal y mermelada que esperaba le gustara. El chofer la llevó lo más cerca que se podía de la casa del bisabuelo Til, argumentando que usualmente se llega caminando. Agradeció y le dijo que lo llamaría cuando fuera a regresar.

El camino estaba demasiado tranquilo, pero gracias a eso podía disfrutar de la naturaleza. Para ser invierno, no parecía que hubiera nevado recientemente. Esperaba que la mermelada no se calentara con el viaje o tendría mal sabor.

Después de 20 minutos caminando solo hacia arriba distinguió una figura solitaria saludando alegremente. Hana fue a saludarlo apropiadamente y el anciano la invitó a entrar. Allí estaba Allen.

—Hola, Hana.

—Hola, ¿viniste temprano?

—Sí, creí que vendrías temprano también —contestó sin pizca de vergüenza.

El bisabuelo solo quería burlarse de ellos y les dijo:

—Si quieren, pueden pasar un tiempo de calidad. Este anciano no dirá nada a nadie; aprovechen que ni Freja ni Sabrina vienen hoy —y salió caminando.

Hana escondió su mirada y le dijo que lo acompañaría a ver sus cultivos para después hacer una cena para los tres. Le pidió ayuda a Allen para llevar lo que compró a la cocina: pan, mermelada y algunas cosas que llevó desde la mansión Kayser.

Su tiempo de calidad consistía solo en estar juntos. Ayudaron al bisabuelo a regar las plantas y a revisar qué frutos ya se podían consumir; pasaron algunos brotes de las macetas a la tierra, así como a plantar semillas en las macetas. El anciano se veía contento de tener compañía; Hana no entendía por qué lo dejaron solo.

—Bisabuelo, empezaré a preparar la cena.

—¿Estás segura? Yo podría preparar algo —empezó a decir, dispuesto a cocinar.

—Estoy segura. Prepararé un platillo que le gusta a Allen y estoy segura de que también le encantará —dijo muy alegre.

El bisabuelo accedió. Mientras él iba a bañarse, Allen le ayudó en la cocina.

—Te extraño.

—Yo también. La casa se siente solitaria. Algunas noches quiero llamarte —empezó a decir Hana—. Solo para oír tu voz; también quiero verte, pero me digo a mí misma, que si me llaman amante solo por mis acciones, la perjudicada siempre seré yo, y estoy segura de que no podré soportarlo.

Allen cortaba verduras.

—Es similar a lo que me digo —comentó— Siempre pienso en ti, quiero verte en casa cocinando para los dos y yo aquí funcionando como tu mano derecha, que me cuentes de tus días, pero esa sensación de ser vigilado no desaparece.

Hana lo abrazó.

—Es un abrazo de consuelo —dijo—. ¿Convenciste a Rebeka?

—No, asegura que nunca me dará el divorcio, pero sé que lo hará. Ella es sensata y no le gusta sufrir. Cuando se dé cuenta que la engañan, ella misma lo tramitará… Espero que sea pronto —respondió de manera seca.

—Se acabó el abrazo —y se separó.

—Recuerdo este plato; fue uno de los experimentos exitosos cuando recién aprendíamos a cocinar.

—Ay, no, qué pena —se sonrojó y él la abrazó.

—No me importaría quedarme aquí contigo, olvidarme de que hay un mundo afuera que espera por mis fabulosas acciones o personas que creen que seguiré obedeciendo lo que me digan. Mi única ambición es quedarme a tu lado.

—Muy ambicioso resultó mi hombre —contestó—, y quemado resultará si no mueve sus brazos.

—Está bien, una cicatriz más ya no es importante.

La cena fue servida y alabada por el bisabuelo. Había muchas recetas de ese tipo de estofado, pero el que preparó Hana tenía una sazón diferente que ni Allen podía adivinar, porque el plato parecía tan diferente cuando ella cocinaba.

—Antes de que lo olvide, la habitación de atrás es para ustedes. Quédense aquí el tiempo que quieran.

—Bisabuelo, no podemos hacer eso —dijo Allen—. Si alguien llegara a enterarse de que Hana está aquí, sería un peligro para Hana.

—Si eso sucede, le dispararé con mi escopeta —contestó seriamente—. Allen, ¿por qué no eres honesto con nosotros? ¿Aún estás enfermo?

—Bisabuelo, ¿por qué dice eso?

—Tus expresiones, muchacho, son ensayadas. ¿Qué te ocurre?

Allen no sabía qué decir, así que Hana le platicó sobre el accidente de auto. Hana ya sabía que no se recuperó totalmente, pero no quería decirlo en voz alta. Si alguien se entera de que estás enfermo te trata con una falsa consideración, y ambos odiaban eso. El bisabuelo estaba enterado de algunas acciones que provocaron su hijo y su nieto, así que más o menos entendía qué sucedía.




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