Su día de descanso coincidió.
Recibió una llamada de Clara diciéndole que fuera a comer con ellos. Ya habían pasado varios días desde que empezó a evitar verlos, pero no podía hacerlo para siempre. Al final, tuvo que acceder.
Bambi se comportaba como antes, pero no hizo ningún comentario sobre lo que le sucedía, por lo que Hana, creyó que no era confiable en esos asuntos. Mirei solo dijo que era un amor no correspondido, así que pronto lo recordaría como una experiencia más.
Llegaron a la casa. Bambi se presentó ante Clara, quien las recibió amablemente, apenas dieron algunos pasos, cuando Anita le arrojó a Hana una cubeta de agua sucia que tenía preparada.
—¡Por tu culpa, papá, mamá y mi hermano perdieron el dinero que tanto les costó ganar con su trabajo! ¿Qué haces en esta casa?
Bambi sometió a la niña; entendía su descontento, pero no ganaba nada con arrojarle agua sucia. Hana no hizo ningún ruido. Clara la obligó a ir al baño y después le daría ropa limpia.
Clara regañó a Anita y la mandó castigada a su habitación. Unos minutos más tarde, llegaron Kanade y Natasha junto con su pequeño. Bambi se sorprendió; parecían demasiado jóvenes para tener un bebé de poco más de un año.
—Mamá, Yuji también vendrá —anunció Kanade—. ¿Eres Bambi?
—Sí, tú eres el editor asistente de Hana, ¿verdad? ¿Eres el que llevó su celular hace unos días?
—Exacto, mucho gusto.
Hana regresó a la sala usando una playera y un pants.
—Hola, Hana, ¿por qué te bañaste en mi casa? —dijo Kanade, mirando a su familia—. Usualmente, las personas vienen bañadas, no a bañarse.
—Kanade, no digas nada. Anita fue quien le echó encima el agua que no tiraste.
—Lo siento —se disculpó—. Compré costillas, ¿las preparo?
—Adelante...
Hana siguió a Clara hasta la cocina. Bambi iba detrás cuando recibió un mensaje de Coco pidiéndole que fuera a su oficina.
—Señorita, surgió algo, vendré a recogerla —avisó de inmediato—. Un placer conocerla señora Clara —dijo despidiéndose de Hana y Clara.
Bambi salió.
—¿Ella es tu guardaespaldas?
—Algo así. Recibe su salario de Jin; originalmente trabajaba para mi abuela —contestó—. Clara, ¿por qué me invitaste? Anita no quiere verme, e incluso siento hostilidad de Kanade y Natasha.
—Oh, no te apures —contestó—. ¿Has estado en contacto con tu madre?
—Claro que no —respondió rápidamente—. Ha sido difícil, eso te lo puedo asegurar.
Mientras Clara cocinaba, Hana le contó lo que había sucedido en los últimos meses. Natasha se quedó en la puerta escuchando lo que ella relataba y entendía que los ricos eran así, pero jamás había escuchado que los castigos físicos aún se hicieran.
—¿Sucede algo? —preguntó Kanade al verla afuera.
—¿Y si dejamos que Hana y Anita platiquen?
—¡¿Quieres que se maten?!
Continuaron escuchando con atención.
—Lo que más me dolió al final fue que la abuela nos separó tal como quería. Cuando nos dimos cuenta del porqué estábamos lidiando con todo eso, no lo entendí, aunque quería hacerlo. Son personas que nunca conocimos, pero ese odio perduró tantos años que ya no se puede explicar.
—Hana, no hagas un juicio sin saber la otra parte de la historia. Quizás haya más cosas escondidas y solo quieres poner a alguien como villano. Te daré un consejo: ustedes también son libres de elegir. Ya no son niños así que saben lo que está bien o mal.
—¡Pero elegí y todo se fue a la mierda!
—No lo has hecho, actuaste como una niña caprichosa a quien no le cumplen sus antojos —la regañó—. Allen te ama y tú lo amas. Si están destinados a estar juntos, tendrán que encontrarse de nuevo.
No dijo nada y ayudó a Clara a servir la comida. Todos juntos comieron y se unió Yuji, quien la saludó como si nada hubiera pasado. Ella no deseaba una familia como esa, pero quería que al menos su familia le preguntara si estaba bien. Obviamente no lo harían, pero decir en voz alta lo que le molestaba, o al menos una parte, la hacía sentir mejor. Por fin sintió calidez.
Como Anita estaba castigada, Hana se ofreció a subir y darle su porción de comida. Ellos estaban en contra porque, si se ponía violenta, nadie podría ayudarla.
—Anita, voy a entrar.
Hana abrió la puerta y la habitación estaba casi vacía, salvo por la cama y la ropa.
—¿Quieres tomarle una foto? ¡Eso durará más!
—Te traje tu comida y esperaba que pudiéramos hablar.
—No me disculparé por arrojarte agua puerca.
—No lo necesito —contestó seriamente—. Me urgía un baño, pero no con esa fragancia.
Anita tomó la bandeja, comenzó a comer alejada y no le ofreció sentarse. Hana se acercó a la ventana.
—Debería disculparme, pero no lo haré. Mi familia intentó dañarme lastimándolos a ustedes y, aunque conozcan la razón, no es como si las cosas volvieran a ser como antes.
Editado: 11.10.2026