24 Horas Contigo

#114.- Traicion de amor IV

Tetsuya viajó y viajó, volviéndose hábil en un juego de cartas; siempre ganaba aunque le acusaran de hacer trampa, lo que convirtió eso en su sello: un jugador tan hábil que los tramposos lo acusaban de hacer trampa. Al paso de los años, ya tenía suficiente poder, como un señor feudal, y comenzó a cambiar un poco el sistema de trabajo que se dictaba en ese entonces. Sin embargo, con las cosas cambiando rápidamente, no pasaron muchos días antes de que se volviera blanco de asesinatos.

De alguna manera, se mantuvo al margen del reconocimiento, lo suficiente como para ver cómo sus propiedades prosperaban. En los años que no vio a su amada hermana, ella había construido su vida nuevamente y, al visitarla, quería platicar con Toshiaki. Tenía muchas dudas acerca de por qué la ayudó y, más aún, por qué la protegió; no había muchos maridos que hicieran eso, pues el matrimonio solo era una alianza de poderes. Sabía que Toshiaki rechazó a muchas mujeres solo para tener a su lado a Satomi.

Cuando se lo comentó a Toshiaki, durante una visita casual, él no dio ninguna razón, pero explicó que su padre y su fallecido suegro confiaban ciegamente en el otro, por lo que esperaba que su relación de confianza permaneciera intacta por muchos años más. Tetsuya quedó conforme con la respuesta. Había sentimientos y deseos que no podían ser explicados con palabras. Después visitaría a su hermana, quien estaba en cama después de dar a luz a su tercer hijo.

—Tetsuya, deja de preocuparte por mí; mamá y papá estarían tristes si no tienes hijos pronto. Casi creo que tu deber es preservar el nombre de nuestra familia.

—Sabes, construiré una casa enorme donde se asome el sol y te haga sonreír. Quisiera apostar que a este país vienen grandes cambios. Ya me conoces, no hay nadie como yo en las apuestas.

—Deja de apostar o un día todo saldrá muy mal —pidió.

—Hermana, siempre me he preguntado algo.

—¿Qué? —dijo, intentando levantarse.

—Lo que decía aquel extranjero, tú lo entendías, ¿no? Tú sabías lo que decía, pero lo negabas… —comentó con cautela—. ¿Por qué lo ocultabas?

Satomi sonrió para sí antes de contestar:

—Sí, lo sabía. Aunque no al principio. Yoshimitsu me ayudó a entender las palabras claves de la oración, pero no sé si era amor o no… estaba destinado a fracasar. No me sentí con derecho a amar o ser amada hasta que lo conocí; fue breve, pero quizás era lo único que merecía.

—Entiendo —aunque no sé cómo lo sabes, pensó—. Hermana, cuando mi casa esté terminada, ven a visitarme, quién sabe, podría conseguir el título de señor feudal.

—Me encantaría eso —le dijo, alegre.

Así, Tetsuya construyó aquella casa enorme. Un año más tarde se casó con una joven que compró en una okiya* y tuvieron un hijo varón casi de inmediato. Su apellido Kanronji se volvió conocido en mar y tierra al retomar el comercio marítimo solo pagando a marineros experimentados, invirtiendo en la construcción de navíos y en la exportación de mercancías que ellos mismos cultivaban en una región cercana.

Adicto a las apuestas, iba a pequeños lugares a seguir jugando y ganando hasta que los mismos guardias buscaban a imitaciones de nobles que no podían poseer las mismas riquezas que un señor feudal o alguien de rango más alto, lo que dio origen a una de las peores cacerías en busca de dinero.

Tetsuya hizo dibujos de los lugares que le pertenecían, así como también les dio nombres para distinguirlos. Cuando vio la oportunidad, compró a su hermana pagando la deuda de su padre, pero Satomi decidió quedarse al lado de su marido. Después de tantos años juntos y con cuatro hijos en común, no quería dejarlo, pues se sentiría vacía.

No olvido que existía una familia de apellido Til; según Yoshimitsu, esperaba que le pasaran las peores desgracias del mundo. No podía perdonarlos por maltratar a alguien y mucho menos porque ese alguien era su amada familia. Rogaba por no tener que relacionarse de nuevo con ellos.

Yoshimitsu no hizo ningún comentario. Junto a Ichika, dejaron la posada en manos de Toshiaki y comenzaron a construir casas para los señores feudales, contratando carpinteros. Ichika intentaba resaltar, pero su palabra no valía nada, como le dijo a Tetsuya, así que con sus nuevas ideas intentaba ganar algo de reconocimiento.

Con su poder en aumento, fue uno de los líderes que se opuso a abrir las puertas a los extranjeros, por lo que se cerró de nuevo el país. Su base, siendo el cultivo y comercio marítimo, continuaba hacia China y países vecinos. Incursionó en la importación de sedas elegantes para ropas de gala que regalaba a su esposa y a su hermana.

Su fortuna igualaba a la del gobernante supremo, por lo que se le vio como una amenaza. Tetsuya no dejaría que eso sucediera y, abusando de su suerte, comenzó a comprar armamento y a formar un ejército personal que estaría a su servicio de inmediato. Quería sentirse seguro, así como proteger a su esposa, a su hijo y a su familia política.

Así comenzó uno de los poderíos más grandes en ese entonces, hasta que llegó un día en que no había nada más que hacer que pasar el tiempo y convirtirse en sabio. Mejoraron las condiciones para los trabajadores, quines ya no eran llamados esclavos, aunque mantenían un extenso contrato. Aprendió muchas cosas en sus viajes; solo había que aplicarlas.

Viajando constantemente para visitar a su hermana, enfermó gravemente. El médico, sin darle mayor esperanza, le pidió que reconsiderara su rutina habitual, pero Tetsuya se negó. Si un líder flaquea, sus seguidores lo harán. Le pidió a su único hijo que le recordara a sus descendientes que no se relacionaran con los extranjeros. Quería vengarse, pero las palabras de su hermana aún sonaban en su cabeza:




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.