Algunos días más tarde, Svetlana y Julián los visitaron de nuevo; Hana iba saliendo cuando ellos llegaron. Hana no había vuelto a mencionar ese asunto de su familia y, siendo fiel a sus propias palabras, no había ninguna razón para que los atacaran de esa manera. Eso no era ninguna justificación válida.
Mientras iba por la calle con Bambi, pensó que ahora podían vivir al margen de todo mientras estuvieran allí; si bien eso no borraría sus memorias, podían avanzar a su propio ritmo y por sus propios medios, es decir, comenzar de nuevo.
Por otro lado, Allen platicaba con Svetlana sobre su propuesta; encontraba muchos huecos o cosas no definidas que podrían afinarse antes de que iniciaran el proyecto. Julián estaba encantado; después de todo, el país donde vivían era el centro de organismos mundiales muy famosos. Svetlana saldría de viaje pronto, pero le recordó a Allen que no dedicaría todo su tiempo a la empresa que querían crear pues también debía trabajar para superarse.
Mientras descansaban, Svetlana acomodó su ropa y maquillaje, intentando darle un aire sexy que hiciera que Allen la mirara. Cuando salió y se dirigió a la sala, solo estaba Julián.
—¿Dónde está Allen?
—Está allá contestando una llamada —señaló la terraza—. Parece que la firma que paga sus estudios aquí, lo quiere en la sede.
—Hmm… Vigila por mí —dijo levantándose. Svetlana regresó al baño y buscó. Después sin hacer ruido entró al dormitorio y buscó entre los cajones de ropa. No encontró nada y regresó a la sala.
—No vigilé, pero si no me das un argumento convincente, le diré lo que hiciste —le advirtió.
—No te importa. Puedes decirle si quieres —contestó.
Allen regresó y continuaron hablando sobre su asociación. Svetlana, por más que lo intentó, no logró que Allen la mirara. Ni su escote, ni su labial, ni sus gestos, nada. Eso la hizo sentir tonta. Muy tarde, Allen comenzó a preparar la cena.
—Svetlana, ¿qué te sucede? Es obvio que te estás insinuando a él.
—¡Quiero que me mire! O sea, me veo mejor que su esposa, pero aun así no me hace caso.
—¡Eres una payasa! —contestó—. ¿Le ayudaste y ahora lo quieres robar?
—¡Como si tú no quisieras hacer lo mismo con ella! —replicó—. Vete, di que tienes algo que hacer y vete.
Lo obligó a salir. Ni siquiera dejó que hablara; solo hablo por él.
—Julián tiene una cita —dijo cuando fue a la cocina—. La chica estaba furiosa, así que se fue rápido. Parece que cenaremos solos.
—Ah, qué pena, Julián quería probar esto —contestó con indiferencia—. En fin, esperemos a que lleguen Hana y Bambi, no deben de tardar.
Svetlana sintió curiosidad y le preguntó qué lo enamoró de Hana. Allen la miró y habló por casi una hora de lo maravillosa que era su esposa: sus hermosos rasgos, sus habilidades y todo lo que quería decir de ella. Svetlana lo encontró raro; no mencionar ningún defecto era algo que ningún humano podría pasar por alto. Supuso que la estaba idealizando, lo cual era obvio si estaban juntos desde jóvenes.
—Oye, ¿y sus defectos? ¿No me digas que es perfecta y no tiene ninguno?
—Claro que los tiene, pero ¿por qué los diría? Para la persona que lo escuche, eso serían quejas y podríamos tener malentendidos. No quiero eso —respondió y se levantó al escuchar la puerta abrirse.
Hana acababa de llegar junto con Bambi. Llevaban algunas bolsas. Bambi estaba tímida y cansada, nada que ver con los trabajos que hacía como guardaespaldas.
—¿Qué sucede, Bambi?
—Ir de compras con ella es agotador; no, peor que eso —se quejó—. Me daré un baño.
Cenaron y, cuando se despedía, le recordó a Allen que su asociación comenzaría a trabajar la siguiente semana. Salió contrariada; ambos estaban muy enamorados o eran muy raros. Mientras Allen lavaba los platos, Hana se iba a cambiar de ropa cuando vio que algunas de sus cosas estaban movidas de su lugar. No le prestó mucha atención. Ella era práctica y dejaba cerca de su mano lo que fuera a usar.
Iban a dormir cuando Allen mencionó que probablemente debían regresar en unos meses, pues la sede de la firma lo quería allá para algunos proyectos nacionales. Hana estaba encantada y tenía más confianza en sí misma para defenderse por lo que un cambio de ese tipo no la asustaría.
❀❀❁❀❀
La semana pasó muy rápido y llegó el día de la inauguración. Tal como dijo Svetlana, había muchas personas esperando aportar su granito de arena para sus proyectos. Ese día, ella usó un vestido ajustado que apenas le permitía respirar, pero dejaba ver todas las curvas de su cuerpo; por el contrario, Hana usó un vestido sencillo y un maquillaje de temporada que resaltaba su belleza natural.
—Oye, Julián, llévate a Hana de aquí.
—No. ¿Sabes lo que pasaron estando separados? ¿Quieres que Allen se retire?
—Bien, iremos a hablar de negocios donde ella no pueda intervenir.
Contrariada, notó que su plan no funcionó; Hana y Allen sabían tanto de negocios como ella gracias a sus antecedentes familiares. Cuando Julián se unió a la conversación, decidieron nombrar a su proyecto «Happy»; sin más pretensiones que llevar felicidad a las personas. Svetlana estaba molesta, pero eso no significaba que no tendría más oportunidades de tenerlo. Allen continuó hablando con los invitados sobre todos los temas que le preguntaban.
Editado: 20.09.2026