24 Horas Contigo

#101.- Una tacita de té + Anuncio

Kendra estaba en el hospital.

Sucedía una guerra entre Hana y su familia; ajenos a ello, las personas comunes luchaban por tener un trabajo y sobrevivir en una sociedad cada vez más rancia. Una de ellas era Kendra. Esta chica tomó un permiso en su trabajo para someterse a un tratamiento estético; claro que tenía la aprobación de su padre y, en medio de su recuperación, esperaba la maravillosa visita de su hermana mayor, Keira.

Cuando fue dada de alta, Keira llegó echando humo por el tipo de cirugía estética que se había hecho, pues consideraba que no había necesidad de semejante procedimiento. Kendra sentía envidia del busto de su hermana, así como de la fulana que estaba detrás de Allen. No se había dado por vencida en tratar de conquistarlo, pero también quería que su belleza se notara por encima de las demás personas.

—Kendra, ¿hay alguna diferencia?

La pregunta apareció después de un tiempo de recuperación en el que ambas decidieron guardar silencio sin proponérselo. Keira había visto la evolución de su hermana y no estaba de acuerdo con lo que había hecho; Kendra se había reservado todo el proceso para ella sin avisarle a nadie más que a su padre.

—Por supuesto —respondió—. Me aumentaron los glúteos, el busto y redujeron el tamaño de mi cara; estoy ansiosa por ver el resultado final.

—Ok, vámonos —le dijo.

Keira regresó a visitar a Yuji. Cuando estaba con él, se enteró de todo lo que estaba sucediendo con Hana y su familia; sin embargo, ella tampoco estaba en condiciones de ayudar.

Yuji le propuso que mejor se quedara al margen, mencionando en voz baja que estaban siendo vigilados por entes misteriosos y que cualquier movimiento en falso pondría en peligro su vida. Sonaba exagerado, pero los ricos creen que pueden hacer las leyes solo chasqueando los dedos.

Cuando fueron a casa, pudieron ver con detenimiento el cambio físico de Kendra. Su sueño era participar en concursos de belleza y, de paso, conquistar a Allen. Al someterse a estrictas dietas, tenía que calcular las calorías muy rápido. Incluso cuando Keira compró comida, Kendra se negó a consumirla.

—Hermana, ¿estás loca? ¿Sabes lo que le hará eso a tu cuerpo?

—Tengo hambre —respondió—. No sabes de lo que te pierdes.

—Lo sé, pero mis ambiciones deberían ser más fuertes. Será difícil acostumbrarse, pero no es algo que debas criticar.

Ambas comían en silencio. Solo eran medias hermanas; aun así, desde que lo descubrieron, sintieron que su conexión se había alterado. Principalmente, Kendra lo resentía; su confidente amaba al mismo chico que ella y eso no le gustaba.

—Keira... ¿qué se siente al enamorarse?

Keira le tomó la temperatura, pero parecía normal.

—¿Qué fue eso? ¿A qué viene eso?

—Qué rara —opinó—. Da lo mismo que me preguntes, porque lo experimentamos distinto.

—¿Qué te gusta de Allen?

—Nada —respondió—. Quizás solo fue la novedad de verlo. Ahora siento que está lejos de mi alcance.

—¡Keira! ¿Cómo puedes decir eso? Es Allen, ¿no es perfecto?

—No lo sé, Kendra.Él solo tiene ojos para Hana… No me gusta estar aferrada a algo que no sucederá —respondió.

Keira estaba sirviendo el té. Su infusión favorita era la de manzanilla, a diferencia de Kendra, que prefería la de limón.

—Entonces… dime qué se siente tener relaciones por primera vez —pidió, haciendo que Keira se sintiera incómoda—. ¿No?

—¿Qué? ¿Por qué tanta curiosidad?

—Bueno… por más que me imagino lo que pueda suceder, sé que no es igual que el porno... o sea… no es tan bonito como lo pintan… Seguramente ya tuviste alguna experiencia, ¿no?

—¡Kendra! —alzó un poco la voz.

No había nada malo con el tema, no había nada malo con decirlo, pero se sentía incómoda al describir su experiencia; no es como si le fuera a servir de algo.

—Ya veo, así que las dos somos vírgenes —suspiró un poco aliviada.

Cuando hablaba con sus amigas del tema, todas lo adornaban a más no poder; lejos de ser una nueva experiencia, parecía un requisito más. No se trataba de avanzar de nivel, sino de que ambos crecieran. Kendra no lo entendía, pues el primer chico que le interesó fue Allen; su físico era atractivo, aunque no se atrevía a soñar nada más que eso.

Después de terminar el té, decidieron tomar un baño. Mientras Keira estaba en la ducha, Kendra acomodó la ropa de la maleta. Mientras se movía, por accidente tiró la bolsa de Keira. Al recoger las cosas, las miraba con atención. Había la usual cosmetiquera, una libreta pequeña con su pluma, un cepillo, desodorante, bálsamo labial y una cajita negra.

La curiosidad la mataba. Una de las cosas más importantes en la vida de una mujer era no revisar el teléfono de la otra, no ver sus viejas fotos y, lo más importante, no revisar su bolso de uso diario. Kendra no aguantó, abrió la cajita y soltó un gritito ahogado. Hasta ese momento de su vida, nunca había visto un condón o, mejor dicho, nunca lo había sujetado (casi) entre sus manos.

Keira, asustada, salió con solo la toalla puesta. Quizás vio alguna cucaracha y por eso gritó, pero su sorpresa fue mayúscula cuando vio todas las cosas de su bolso en el suelo.




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