Cuando Bambi vio salir a Hana, se asustó tanto que casi jura con su sangre que no la dejaría sola de nuevo. Ese día estaba haciendo otros mandados para ella y supuso que estar con Kanade la protegería, pero no fue el caso.
La noticia se expandió a través de portales en línea que, sin mencionar el atacante, dejaron a la escritora H.T. como una mujer amante del dinero y merecedora de todo lo que le sucediera hoy y en el futuro. Las ventas de sus libros comenzaron a fluctuar hasta llegar a cero en solo unas horas. Algunas librerías querían quitarlos de inmediato de sus estantes.
Detrás de todo ese acontecimiento, Eileen entregó diversas sumas monetarias para evitar cualquier mención de su amada hija en esa nota. Los empleados, según Jin, se vieron obligados a aceptar ese dinero a través de amenazas y chantajes. Ella, Eileen, no soportaría que acabaran con sus planes antes de iniciarlos. De la nada, recibió una llamada de! anciano de la familia, quien le regañó por no ponerle un mecate a su hija, amenazando con que, si continuaba de esa manera, dejaría de reconocerla como miembro de la familia.
Shinichi también estaba furioso. Podían hacer lo que quisieran mientras no saliera en los medios de comunicación, pues aún no podía borrar el hecho de que seguían siendo padre e hija. Rebeka era una hija adoptada más y solo eso.
En casa de Rebeka, Allen le dijo que fuera con su madre y le preguntara la manera apropiada de comportarse como una dama que ella estaba orgullosa de haber aprendido; Rebeka empezó a gritar hasta que perdió la voz, pero eso no lo hizo sentir ningún apego o lástima. Por supuesto, Allen estaba molesto, pero Hana no contestaba sus llamadas por más que lo intentara. Había dejado claro que no quería ser la otra y ahora todo el mundo la llamaba «cazafortunas».
En una ciudad alejada, Mirei se enteró de todo el ataque y sentía que debía regresar a defenderla. Estaba cerca de la casa donde se suponía que habitaba Akira, pero un vecino le dijo que la familia que vivía allí había emigrado. Recalcó que una mujer que tenía cara de arpía los visitaba con frecuencia, hasta que por fin se los pudo llevar. Mirei estaba molesta; ella ya no tenía suficiente dinero, su bar no estaba trabajando y su padre también estaba en aprietos económicos tales que, si no fuera por Coco, estaría más que sepultado.
Tomó el tren de regreso; ni siquiera tenía dinero para la gasolina y no podía contactar al detective nuevamente mientras estuviera en ceros. Ningún trabajo era gratis. En el trayecto, vio en las noticias que la «escritora cazafortunas» había anunciado un retiro temporal de la escritura hasta que alguien confirmara o negara su comportamiento mientras la parte agraviada estaba por demandar a esa persona por infidelidad y chantaje. Mirei se sintió terrible; su amiga la necesitaba y ella estaba perdiendo el tiempo buscando a alguien que ya no la quería cerca.
En casa, Hana intentaba decirle a Bambi que estaba bien, y Kanade le dijo que se tomarían cartas en el asunto, pues no podían dejar que Rebeka se saliera con la suya cuando había dado el primer golpe.
—Bambi, deja de verme así. ¿Qué te sucede?
—Mi trabajo es protegerte. Si no me hubieras enviado al banco, esto no habría pasado; incluso Jin ya no me pagará si vuelven a lastimarte, porque no hago bien mi único deber.
—¡No exageres! —le pidió—. Me dijiste que saldrías con Coco.
—Eso no es importante, debo quedarme a cuidarte...
Kanade seguía en casa y Coco fue a verlas. Él escuchó lo que dijo Bambi y puso una cara sería.
—¿Escuchaste, Coco? Ya no quiere que salgas con ella.
—Me doy cuenta —contestó. Ese día llevaba una gabardina—. Enoko, ¿deberíamos dejar de vernos?
—¡No! —respondió rápidamente. Coco sonrió y la tomó de la mano. Su relación había avanzado y se llevaban bien, pero solo eso; no eran novios ni mantenían ningún tipo de relación romántica.
Hana les pidió a todos que se fueran; había sido un día largo y agotador.
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Las noticias no terminaban allí. Había muchas fotos editadas de manera fantástica donde Hana se reunía en un hotel con Allen, además de varios testigos que decían haberlos visto entrar muy acaramelados. Los comentarios de los justicieros en línea iban aumentando, por lo que además de llamarla cazafortunas, rompehogares y cosas similares, decían que esperaban que se fuera de esa ciudad, pues no sería bienvenida.
Para Jin fue muy evidente que alguien estaba echando leña al fuego para mantener una llama que estaba por extinguirse, pero acusar a base de suposiciones no era bueno para ninguno de los involucrados. Allen se sentía peor que antes. No podía hacer nada para ayudar a Hana, quien se llevó la peor parte; al no tener poder monetario, solo era otra persona que debía soportar los malos tratos.
Por otro lado, Rebeka fue a ver a su madre como ella le pidió. Eileen, al verla, se enojó tanto que la golpeó con un cinturón mojado. La niña que crió para que se comportara como una dama y no llamara la atención, ahora era el centro de atención de todo el país. Aunque no habían revelado su rostro, no se necesitaban demasiadas neuronas para sacar conjeturas. Después de dejarla llorando, Eileen dijo que se haría cargo de no vincularla a esa nota, sin importar cuánto dinero gastara.
El mayordomo de la familia y unas sirvientas fueron a auxiliarla. Rebeka no dejaba de llorar; jamás le habían pegado de esa manera, por lo que no quería levantarse. Cuando volvió en sí, el mayordomo estaba a su lado curando sus heridas. No tenían ama de llaves y Eileen prohibió que alguien se le acercara, pero el mayordomo Yusuke solo obedecía al señor Shinichi y, a estas alturas, no le importaba perder su empleo.
Editado: 01.11.2026