Tras la pérdida de su padre, Satomi tomó a Tetsuya y se mudaron a una habitación pequeña, donde el hijo más joven comenzó a trabajar en la casa de huéspedes de los Midorikawa. Poco después del funeral, su madre enfermó muy gravemente hasta que ella también tuvo que irse. Quedaron solo los dos. La última voluntad de Bashira, su madre, fue que formalizara su unión con el hijo mayor de esa familia para proteger a su hijo menor hasta que lograra recuperar el nombre de su familia.
A diferencia de Satomi, Tetsuya casi no trabajaba y, con lo poco que le pagaban por sus escasas tareas realizadas, empezó a ir en secreto a casas de juegos de azar, las cuales se rumoraba que serían ilegales más tarde. Satomi ahora solo trabajaba dentro de la casa, específicamente en las cocinas, donde pedían siempre su guiso de pescado.
Toshiaki, su prometido, abogaba por sus derechos como próxima mujer y dueña del lugar, pero hasta que no se completara su unión no dejaría de ser una simple sirvienta; además, se escuchaba decir a sus espaldas que, aprendiendo en la cocina, reduciría su entrenamiento como esposa y anfitriona. Sin embargo, ellos no se llevaban mal, había una buena cortesía y hablaban como si se conocieran de toda la vida, aunque su intercambio de palabras no era muy largo. Toshiaki la consideraba una buena mujer y, a diferencia de su padre, esperaba tenerla como esposa hasta el final de sus días.
La señora Ichika empezó a enviar a Satomi a ver a los huéspedes después de enterarse de que aprendía muy rápido todo. Ella, haciendo gala de sus enseñanzas, no debía verlos a la cara para ofrecerles un buen servicio. Uno de esos días se encontró con los extranjeros que llegaron el mismo día en que su padre murió. La joven mujer caminaba del brazo de un hombre joven. Apenas podía distinguirlos como sus huéspedes; además de que resaltaban por la ropa, eran sus ojos los que parecían buscarlos.
—Satomi, deja de ver a los huéspedes, es malo; capaz de que te hacen algo si sigues molestándolos.
—No puedo evitarlo, nunca vi a un extranjero parecido a ellos.
—Sí, pero recuerda que debes respetar a tu futuro marido. Toshiaki confía en que se casen en dos meses.
—¿De verdad? Me alegro, se lo diré después a Tetsuya —contestó alegre.
Tetsuya escuchó todo y no podía creer que su hermana se alegrara por un matrimonio hecho con base en monedas. Como cada tarde, llegó juntando cartas y, al ver que su racha era buena, empezó a apostar una cantidad mayor. Quería comprar alguna tierra y construirle una casa a su hermana; quería un lugar al cual regresar si las cosas entre ellos no funcionaban. Se decía por esa ciudad que era bastante común que los jefes de familia tuvieran alguna otra mujer con quien compartir cama. Ahora, como hijo mayor de la familia Kanronji, debía procurar el futuro de su hermana.
Satomi se enteró y se enojó bastante. Si no tenía cuidado, lo arrestarían y matarían por las nuevas leyes que estaba imponiendo el dueño de ese lugar. Tetsuya le quitó importancia y le pidió que reconsiderara su matrimonio. Pensaba, decía y actuaba de diferente manera, pero le tenía cariño a su hermana.
Un día, mientras lavaba las sábanas, un hombre se acercó.
—Miss, sind Sie an dem Tag verletzt worden, als Sie auf den Boden gefallen sind? (Señorita, ¿se lastimó ese día que cayó al suelo?) —preguntó una voz cerca de ella.
Satomi lo miró y se volvió a perder en sus ojos de color, pero simplemente no sabía qué responder. Miró a un lado y miró a otro buscando a Yoshimitsu, ya que seguramente él le entendería. Creyendo que él le necesitaba, se levantó y se dio la vuelta, pero el hombre la detuvo.
—Keine Panik! Mein Name ist Jérôme, wie ist Ihr Name? (¡No te asustes! Me llamo Jérôme, ¿cómo te llamas? —preguntó con una voz un poco más alta.
Satomi lo miró con atención; el movimiento de sus labios parecía decirle algo. Solo entendió la palabra «Name» y se parecía a su forma de decir nombre, es decir «namae», por lo que se aclaró la garganta y dijo con lentitud:
—Kan-ron-ji Sa- to- mi —respondió.
—Ein schöner Name wie du (Un nombre hermoso como tú) —exclamó, dejando a la chica desconcertada por el repentino cambio de expresión.
Al ver esa escena, Tetsuya fue rápido a rescatar a su hermana sin decir palabra alguna. No debían estar cerca de los huéspedes o la señora Ichika los regañaría.
—¡Tetsuya!
—Lo siento, hermana, pero papá decía que no debías tratar con extraños si no estás en medio del mar —dijo molesto—. Ese hombre te ve como si fueras carne, si no te hubiera salvado, entonces te hubiera comido.
—Exageras; además, deberías estar en la carreta que van a enviar al señor esta noche. —le recordó, disgustada.
Sin embargo, eso no lo detuvo.
Jérôme continuaba cortejando a Satomi enviándole las flores más hermosas que encontraba junto a los versos más románticos que podía expresar; en ocasiones, cuando estaba dando paseos, requería su servicio como guía. A Yoshimitsu no le parecía nada bien su comportamiento y evitaba que fuera ella a servir a los huéspedes, pero Ichika, la dueña, estaba segura de que, si eso los hacía felices, entonces debía complacerlos. Soñaba con hacer de su posada un lugar de encuentro para los comerciantes extranjeros.
Editado: 20.09.2026