Desayunaba en el castillo, caminaba por los jardines, leía junto a las ventanas y conversaba con algunas ninfas. Aparentemente estaba mejor. Pero había cerrado el vínculo mental. La cinta verde seguía apareciendo. La roja también. Solo que Zeus ya no sentía nada al otro lado. Y aquel silencio comenzaba a resultarle insoportable. La mañana del cuarto día encontró a Cronos en uno de los patios orientales. Estaba sentado sobre el borde de una fuente, dejando que el agua pasara entre sus dedos. Zeus se acercó.
—Buenos días.
Cronos levantó la mirada.
—Buenos días.
Correcto. Educado. Distante. Zeus detestó aquello. Prefería al niño que robaba pasteles y discutía con él.
—Necesito pedirte algo.
Cronos miró inmediatamente el anillo. Zeus lo vio.
—Una demostración.
—¿Para quién?
—Para mí.
Cronos suspiró.
—¿Qué quieres?
—Detener el tiempo alrededor de este sector del castillo.
El muchacho se quedó quieto.
—¿Para qué?
—Quiero conocer la extensión exacta que puedes mantener ahora que te has recuperado.
Cronos volvió a mirar el agua.
—Ya sabes que puedo hacerlo.
—Quiero medirlo.
Silencio.
—No.
Zeus sintió frustración.
—Cronos.
—No quiero.
—Serán cinco minutos.
—No importa.
—No vas a hacerle daño a nadie.
—Tampoco importa — Cronos levantó la cabeza —Simplemente no quiero hacerlo.
Zeus debería haber terminado allí. Cinco palabras.
Simplemente no quiero hacerlo.
No necesitaba ninguna explicación adicional. Pero Zeus seguía pensando como rey.
—Necesito comprobarlo.
Cronos sonrió tristemente.
—Entonces realmente no viniste a pedirlo.
Zeus frunció el ceño.
—¿Qué?
—Dijiste que necesitabas pedirme algo — Cronos se levantó — Pero si mi respuesta no puede ser “no”, entonces no estabas preguntando.
Zeus apretó la mandíbula.
—Cinco minutos, Cronos.
—No.
—Solo este sector.
—No.
—Hazlo.
El anillo brilló. Cronos cerró los ojos.
—No hagas eso.
Zeus sintió una punzada de culpa.
—Cronos...
—Por favor.
El muchacho extendió la mano.
—No uses el anillo.
Zeus miró la joya. Todavía podía detenerse. No lo hizo.
—Detén el tiempo alrededor de este sector durante cinco minutos.
La orden atravesó el oro. Cronos se dobló ligeramente. Su mano derecha se cerró.
—No...
La magia del anillo se aferró a su voluntad. Cronos intentó resistirse. La cinta verde se encendió. La roja respondió. Y después......Nada. El mundo quedó en silencio. Absoluto. El agua de la fuente dejó de caer. Cada gota quedó suspendida como cristal. Las hojas de los árboles permanecieron inmóviles. Una mariposa quedó detenida a pocos centímetros de una flor. Dos ninfas que conversaban bajo una galería se congelaron a mitad de una frase. Un sirviente permaneció inmóvil con una bandeja entre las manos.
Una manzana que acababa de caer de un árbol quedó suspendida antes de tocar el suelo. Hasta las partículas de polvo dejaron de moverse bajo la luz. Solo Zeus y Cronos permanecían fuera de aquella quietud. Zeus miró alrededor. Era extraordinario..No había viento. No había pájaros. No había voces. Nada..Una sección completa del castillo había quedado arrancada del curso normal del tiempo. Zeus caminó hasta la fuente..Pasó una mano junto a las gotas inmóviles.
—Increíble.
Cronos no respondió.
—¿Hasta dónde llega?
Silencio.
—Cronos.
—Todo el sector oriental.
Zeus giró.
—¿Incluyendo los jardines?
—Sí.
—¿Y las habitaciones?
—Sí.
Zeus miró hacia las torres.
—¿Cuántas personas?
—Cuarenta y siete.
Zeus volvió lentamente la cabeza.
—¿Sabes exactamente cuántas?
Cronos lo miró.
—Puedo sentir cada estructura temporal que mantengo detenida.
La fascinación volvió a aparecer en los ojos verdes de Zeus. Cronos la reconoció inmediatamente. Era la misma mirada. La del rey.
—¿Podrías ampliar el campo?
Cronos bajó la mirada.
—Sí.
—¿Cuánto?
—No sé.
—¿Todo el castillo?
—Probablemente.
—¿El bosque?
Cronos no respondió. Zeus se acercó.
—¿Todo el Olimpo?
—No lo sé.
—Pero crees que es posible.
Cronos cerró los ojos.
—Papá...
La palabra hizo que Zeus se detuviera..Hacía días que no la escuchaba.
—¿Sí?
Cronos abrió los ojos. Estaban llenos de lágrimas.
—Mira alrededor.
Zeus obedeció. Silencio. Agua inmóvil. Personas congeladas. Naturaleza suspendida. Poder absoluto sobre un instante.
—Estoy mirando.
Cronos negó.
—No — Su voz se quebró —Estás mirando lo que puedo hacer.
Zeus quedó inmóvil. Cronos caminó hacia una de las ninfas detenidas. La joven estaba congelada con una sonrisa en el rostro.
—Ella no sabe que estamos hablando.
—No.
—Para ella estos cinco minutos no existirán.
—Lo sé.
Cronos pasó junto al sirviente.
—Él tampoco.
Señaló la mariposa.
—Ni siquiera eso.
Después miró a Zeus.
—Podría detenerlos durante horas. Quizá días.
Zeus no respondió.
—Y si siguiera creciendo...
Cronos miró sus manos.
—No sé cuál sería mi límite.
Zeus dio un paso hacia él.
—Por eso necesito entender tu poder.
Cronos rio suavemente. No había humor.
—Siempre vuelves a eso.
—Porque es importante.
—Para el rey.
Zeus frunció el ceño.
—También para tu padre.
Cronos lo miró.
—¿De verdad?
La pregunta dolió.
—Sí.
—Entonces dime algo.
Cronos caminó hasta quedar frente a él. El mundo entero permanecía inmóvil alrededor de ambos.
—Cuando estaba en Aión...