El Último Poder Del Olimpo

El padre detrás del rey

Zeus encontró a Cronos en la biblioteca al anochecer. El muchacho estaba sentado junto a una ventana, con un libro abierto sobre las piernas. No estaba leyendo. Zeus lo supo inmediatamente. Durante unos segundos se limitó a observarlo. Después entró.

—Cronos.

El pelirrojo levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

Zeus quiso hablar con calma. No pudo.

—Ya no sé qué esperas de mí.

Cronos cerró lentamente el libro.

—¿Qué?

—No sé qué puedo hacer sin lastimarte.

Había frustración en su voz. No ira. Era algo mucho más doloroso.

— Si me fascina lo que haces, piensas que solo veo al destructor. Si quiero conocer tus poderes, crees que estoy estudiando un arma. Si te pregunto hasta dónde llegan, temes que esté pensando cómo utilizarlos.

Cronos abrió la boca.

—Papá...

—Déjame terminar.

La palabra papá casi lo hizo detenerse. Casi. Zeus caminó hasta la ventana.

—¿Sabes qué sentí cuando detuviste aquel patio?

Cronos bajó la mirada.

—Sí. Fascinación.

—¡Por supuesto que sentí fascinación!

Cronos se estremeció. Zeus respiró profundamente.

—Eres capaz de detener el tiempo, Cronos. ¿Cómo pretendes que no me maraville?

El muchacho permaneció callado.

—Hiciste que veintisiete minutos existieran dentro de cinco.

Zeus se volvió hacia él.

—¡Eso es extraordinario!

Cronos lo observó.

—Y cuando descubrí que podías hacerlo, quise saber más. Quise comprenderlo. Quise saber hasta dónde puedes llegar — Su voz comenzó a quebrarse —Pero ahora siento que ni siquiera puedo preguntarte.

Cronos dejó el libro a un lado. Zeus continuó:

—También quería mostrarte lo que puedo hacer yo.

Aquello sorprendió al muchacho.

—¿Qué?

—Creí que algún día podríamos entrenar juntos.

Cronos parpadeó.

—Yo también.

Zeus se quedó quieto.

—¿Qué dijiste?

—Que yo también quería eso.

El silencio cayó entre ambos. Zeus negó lentamente.

—Entonces ya no entiendo nada.

Había auténtica desesperación en sus ojos verdes.

—Quería enseñarte a controlar tormentas. Mostrarte cómo funciona mi energía. Llevarte conmigo sobre las nubes. Quería ver si tu cronoquinesis podía interactuar con mis rayos.

Cronos comenzó a emocionarse pese a todo. Porque aquello era exactamente lo que había deseado.

—Quería descubrir si puedes detener un relámpago.

Cronos murmuró:

—Probablemente.

Zeus soltó una pequeña risa.

—¿Ves?

Por un instante apareció el padre. No el rey. Un padre genuinamente fascinado con su hijo.

—¡Quiero saberlo!

Cronos sonrió débilmente. Zeus también. Pero entonces el dios miró el anillo. La sonrisa desapareció.

—Y ahora tengo miedo de preguntártelo.

Cronos sintió un dolor profundo.

—Porque temo que pienses que estoy buscando otra arma — Zeus bajó la voz —No sé cómo admirarte sin que creas que quiero utilizarte.

—Papá...

—Yo también quiero al niño.

Aquello silenció a Cronos. Zeus se tocó el pecho.

—También quiero al niño que roba mis pasteles.

Cronos casi protestó.

—Quiero al que me contradice por todo.

—No por todo.

—Por casi todo.

—Eso es diferente.

Una sonrisa diminuta apareció en Zeus. Duró poco.

—Quiero desayunar contigo. Quiero caminar por ese bosque. Quiero enseñarte cosas. Quiero que tú me enseñes las tuyas — Su voz se quebró —También quiero al hijo.

Cronos se levantó.

—Entonces escúchame.

Zeus lo miró..Cronos levantó su mano izquierda. La libre.

—Yo quiero mostrarte todo.

Zeus parpadeó.

—¿Qué?

—Todo lo que puedo hacer — Cronos avanzó —Quiero enseñarte mi cronoquinesis. Quiero que veas cómo detengo cosas. Quiero enseñarte cómo construyo mis barreras telepáticas — Sonrió entre lágrimas— Quiero descubrir contigo cosas que ni siquiera sé que puedo hacer todavía.

Zeus permaneció inmóvil.

—Y quiero ver tus rayos — La sonrisa creció —Quiero saber cómo controlas tormentas. Quiero saber si puedo detener un relámpago. Quiero descubrir qué ocurre si ralentizo el tiempo dentro de una tormenta tuya.

Zeus lo miraba como si acabara de entregarle el mundo.

—Quiero que avancemos juntos.

Cronos señaló primero a Zeus y después a sí mismo.

—Padre e hijo.

Zeus tragó saliva.

—Entonces ¿qué estoy haciendo mal?

Cronos levantó lentamente la mano derecha. El anillo dorado respondió. Y toda la luz que había aparecido en la conversación desapareció.

—Esto.

Zeus cerró los ojos..Cronos se acercó.

—No arruinaste mi deseo de mostrarte mis poderes. Arruinaste mi seguridad de saber cuándo los estoy mostrando porque quiero.

Zeus abrió los ojos.

—Cuando me preguntas algo y yo digo que sí, quiero poder saber que ese sí es mío.

Cronos tocó el anillo.

—Cuando digo que no, necesito saber que el no también lo es. Eso es todo.

Zeus miró la joya..Parecía tan pequeña. Ridículamente pequeña. Y, sin embargo, estaba entre ambos como una muralla.

—Yo te seguiría eligiendo —susurró Cronos.

Zeus levantó la mirada.

—¿Qué?

—Siempre.

Cronos señaló la cinta roja sobre el brazo del dios.

—¿Todavía no lo entiendes?

La luz roja brilló.

—Eso existe porque te elegí — Cronos sonrió tristemente —No necesito que me obligues a quedarme para quedarme.

Zeus no respondió. Cronos esperó. Pero nuevamente el miedo apareció en los ojos del rey..El miedo a perderlo. El miedo a su poder. El miedo a no poder protegerlo. Cronos lo reconoció. Y supo que todavía no estaba preparado.

—Buenas noches, papá.

Se marchó. Zeus permaneció solo en la biblioteca. Pasaron varios minutos. Después miró su mano. La cinta roja apareció. Brillante. Hermosa. Voluntaria..Zeus la acarició.

—¿Por qué no puedo hacerlo bien?

Su voz se quebró. El rey del Olimpo se sentó lentamente. No había nadie allí para verlo. Ningún dios. Ningún ejército. Ningún súbdito..Solo Zeus. Y la prueba luminosa de que un niño había atravesado el horror llamándolo padre. Una lágrima cayó. Después otra.




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