Cástor estaba tumbado sobre la alfombra de la biblioteca, Pólux ocupaba un sillón y Cronos estaba sentado junto a la ventana leyendo cuando el primero preguntó:
—¿Cuándo cumples años?
Cronos pasó una página.
—No sé.
Silencio. Pólux levantó la cabeza.
—¿Qué?
—Que no sé.
Cástor se incorporó.
—Todo el mundo sabe cuándo cumple años.
Cronos lo miró.
—Yo controlo el tiempo.
—¿Y?
—Mi relación con las fechas es complicada.
Pólux cerró el libro que tenía entre las manos.
—No. Eso no sirve como explicación.
Cronos suspiró.
—He vivido demasiado. He pasado temporadas fuera del flujo temporal normal, he saltado periodos, he permanecido en dimensiones donde el tiempo transcurría de otra manera y hubo épocas en las que directamente no utilizaba calendarios humanos.
Cástor frunció el ceño.
—Pero naciste algún día.
—Supongo.
—¿Supones?
—No estaba tomando notas.
Pólux miró a Cástor. Cástor miró a Pólux. Cronos conocía demasiado bien aquella mirada.
—No.
Los gemelos sonrieron.
—No dijimos nada —respondieron juntos.
—Lo pensaron.
Cástor se puso de pie.
—Perfecto. Entonces nos ahorramos explicaciones.
—No.
Pólux también se levantó.
—Necesitamos organizarlo.
—No.
—Decoraciones.
—No.
—Comida.
Cronos vaciló.
—Eso...
Se corrigió inmediatamente.
—¡No!
Los gemelos salieron corriendo. Cronos dejó caer la cabeza contra el respaldo.
—Cometí un error.
Una hora después, Cástor y Pólux irrumpieron en el despacho de Zeus.
—Cronos no tiene cumpleaños.
Zeus levantó la mirada de unos documentos.
—Buenos días para ustedes también.
—No sabe cuándo nació —explicó Pólux.
Zeus frunció el ceño.
—¿Cómo que no lo sabe?
—Exactamente eso.
Cástor se dejó caer en una silla.
—Su explicación fue algo sobre dimensiones, siglos y calendarios.
Zeus permaneció pensativo. Aquello tenía sentido. Para alguien que podía alterar el tiempo, que había vivido siglos y atravesado periodos difíciles de medir, una fecha podía acabar perdiéndose.
—Entonces tendremos que preguntarle qué quiere hacer.
Los gemelos intercambiaron una mirada. Zeus conocía aquella mirada.
—¿Qué?
Cástor sonrió.
—Ya decidimos.
Zeus dejó la pluma.
—Eso no es preguntar qué quiere hacer.
—Vamos a inventarle uno.
—¿Inventarle qué?
—Un cumpleaños.
Zeus los contempló. Pólux sonrió.
—Hoy.
Zeus miró por la ventana.
—¿Por qué hoy?
Cástor respondió con absoluta seguridad:
—Porque hoy descubrimos que necesita uno.
Zeus abrió la boca. La cerró. No encontró ninguna objeción razonable.
—Sorprendentemente...
Los gemelos esperaron.
—...eso tiene sentido.
Cástor golpeó el escritorio con ambas manos.
—¡Entonces está decidido!
—Yo no dije...
Pero ya habían salido. Zeus se quedó solo.
—¿Por qué sigo fingiendo que gobierno este castillo?
La conspiración se propagó con una velocidad alarmante. Las ninfas fueron las primeras en sumarse. Después los sirvientes. Luego apareció comida. Flores. Guirnaldas. Pasteles. Muchos pasteles. Demasiados, según Zeus. Cantidad insuficiente, según Cronos, aunque todavía no sabía para qué eran. Las ninfas decoraron el gran salón con cintas rojas, negras y doradas..Cástor insistió en colocar un cartel. Pólux escribió:
FELIZ PRIMER CUMPLEAÑOS OFICIAL, CRONOS
Cástor añadió debajo:
EDAD: COMPLICADA
Zeus encontró el cartel.
—Quiten eso.
—¿Qué parte? —preguntó Pólux.
—“Edad: complicada”.
—Pero es verdad.
—Pólux.
—Está bien.
Cinco minutos después decía:
EDAD: CLASIFICADA
Zeus decidió rendirse. El único problema era mantener a Cronos alejado del salón. Lo cual resultaba extraordinariamente difícil cuando el homenajeado era telépata.
—Están ocultando algo.
Cronos estaba sentado frente a Zeus en el jardín.
—No.
—Acabas de pensar “que no mire hacia el salón”.
Zeus palideció.
—Deja de escuchar.
—No estaba escuchando. Pensaste muy fuerte.
Zeus improvisó:
—Hay... una reparación.
Cronos entrecerró los ojos.
—¿En el salón?
—Sí.
—¿Qué se rompió?
—Una...
Zeus miró alrededor buscando inspiración.
—...mesa.
Cronos miró hacia las ventanas del salón.
—¿Una mesa requiere quince ninfas?
Zeus sintió un profundo respeto por todos los padres mortales que conseguían organizar fiestas sorpresa sin enfrentarse a hijos telépatas.
—Era una mesa importante.
Cronos comenzó a reír.
—Eres pésimo mintiendo.
—Soy el rey del Olimpo.
—Eso tampoco te hace bueno mintiendo.
Finalmente Cástor apareció en una ventana e hizo una señal. Zeus se levantó.
—Ven conmigo.
Cronos arqueó una ceja.
—¿Adónde?
—Al salón.
—¿La mesa sobrevivió?
—Camina.
Cuando las puertas se abrieron, Cronos se quedó inmóvil.
—¡SORPRESA!
El grito sacudió el salón. Cronos dio un paso atrás. Había flores. Cintas. Comida. Dulces. Ninfas. Sirvientes. Cástor y Pólux estaban en el centro con expresiones orgullosas. Y detrás de ellos colgaba el enorme cartel:
FELIZ PRIMER CUMPLEAÑOS OFICIAL, CRONOS
EDAD: CLASIFICADA
Cronos lo leyó. Volvió a leerlo.
—¿Qué...?
Cástor abrió los brazos.
—¡Feliz cumpleaños!
—Pero no es mi cumpleaños.
—Ahora sí.
—¡No pueden decidir eso!
Pólux señaló a Zeus.
—Papá lo autorizó.
Cronos giró inmediatamente.
—¡Papá!
Zeus levantó ambas manos.