El Último Poder Del Olimpo

El bosque fuera del tiempo

Cronos llevaba varios días queriendo enseñarles algo a sus hermanos. No porque fuera peligroso.

No porque estuviera prohibido. Todavía. Simplemente porque estaba bastante seguro de que, una vez que Zeus descubriera su existencia, pasaría a estar prohibido inmediatamente. Por eso eligió cuidadosamente sus palabras.

—Encontré algo.

Cástor levantó la mirada.

—¿Algo divertido?

—Mucho.

Pólux entrecerró los ojos.

—¿Algo que papá aprobaría?

Cronos guardó silencio. Los gemelos intercambiaron una mirada.

—Vamos —dijeron los dos al mismo tiempo.

Los tres se internaron en el bosque después del desayuno. Cronos los condujo lejos de los senderos habituales, hasta una zona donde los árboles crecían tan juntos que sus copas formaban una bóveda natural. En el centro había un claro pequeño. Un arroyo lo atravesaba.

Flores blancas crecían junto a las piedras y una enorme roca cubierta de musgo servía como asiento. Cástor miró alrededor.

—¿Esto es todo?

Cronos lo miró ofendido.

—No.

Pólux señaló el claro.

—Es bonito.

—No los traje para contemplar flores.

—¿Entonces?

Cronos sonrió.

—Miren el agua.

Se arrodilló junto al arroyo. Extendió una mano. La energía recorrió sus dedos. No detuvo el tiempo. Lo ralentizó. El cambio fue inmediato. El agua comenzó a avanzar con una lentitud imposible. Las gotas que saltaban sobre las piedras permanecían suspendidas durante varios segundos antes de continuar su recorrido. Las hojas descendían lentamente. Una mariposa atravesó el claro moviendo las alas como si flotara dentro de miel invisible. Cástor abrió la boca. Pólux también. Cronos sonrió orgulloso.

—Bienvenidos.

Extendió ambos brazos.

—Al bosque fuera del tiempo.

Pólux caminó hasta el borde.

—¿Nosotros estamos ralentizados?

—No.

—¿El resto del mundo?

—Depende de cómo quieras explicarlo.

Cástor lo miró.

—Explícalo bien.

Cronos pensó.

—Creé una burbuja temporal.

Señaló el claro.

—Dentro de ella podemos experimentar varias horas mientras fuera transcurren solamente unos minutos.

Silencio. Los gemelos procesaron la información. Cástor fue el primero.

—Cronos.

—¿Sí?

—Te quiero.

Pólux agarró al pelirrojo por los hombros.

—Eres el mejor hermano que hemos tenido.

Cronos frunció el ceño.

—Soy el único hermano que tienen aparte de ustedes mismos.

—Precisamente.

Descubrieron las posibilidades inmediatamente. Primero jugaron junto al arroyo. Después hicieron una competencia lanzando piedras sobre el agua ralentizada. Cronos descubrió que podía modificar únicamente pequeñas zonas dentro de la burbuja. Eso produjo una nueva competencia.

—Voy a lanzar esta piedra —dijo Cástor—. Tú ralentizas únicamente cuando toque el agua.

—Fácil.

Cástor lanzó. La piedra tocó la superficie. Cronos movió los dedos. La piedra avanzó lentamente. Pólux corrió junto a ella.

—¡LE ESTOY GANANDO A UNA PIEDRA!

—¡ESTÁ RALENTIZADA! —gritó Cástor.

—¡LOS DETALLES NO IMPORTAN!

Cronos se dobló de risa. Después jugaron a perseguirse. Aquello fue un desastre. Cronos creó pequeñas zonas de tiempo lento sin avisar. Cástor entró en una. Su carrera se convirtió instantáneamente en una secuencia absurdamente lenta.

—Crrrrroooooonooooos...

Pólux pasó corriendo a su lado.

—¡Adiós!

—Teeeeee vooooooy aaaaa maaaaaataaaaaar...

Cronos estaba en el suelo riéndose. Liberó la zona. Cástor salió disparado.

—¡VEN AQUÍ!

Cronos corrió.

—¡NO PUEDES ATRAPARME!

—¡DEJA DE HACER TRAMPA!

—¡ES MI PODER!

—¡SIGUE SIENDO TRAMPA!

Pólux decidió vengarse de ambos. Esperó. Se escondió detrás de un árbol. Cuando Cronos pasó corriendo, le saltó encima.

—¡LO TENGO!

—¡TRAICIÓN!

Cástor llegó inmediatamente. Entre los dos sujetaron al destructor del tiempo.

—Ahora detén el tiempo —dijo Cástor.

Cronos sonrió.

—Buena idea.

El tiempo se detuvo. Cuando volvió a correr, Cástor y Pólux estaban sentados uno frente al otro. Cada uno sostenía una rama. Cronos estaba a varios metros comiendo una manzana. Pólux miró su mano.

—¿Por qué tengo esto?

Cástor miró la suya.

—No sé.

Cronos mordió la manzana.

—Parecían necesitar herramientas.

—Voy a tirarte esto.

—Violencia entre hermanos. Qué triste.

La rama voló. Cronos se agachó.

—¡Fallaste!

La segunda lo golpeó suavemente en el hombro. Cronos abrió mucho los ojos. Pólux levantó los brazos.

—¡VICTORIA!

—Esto significa guerra.

—Siempre dices eso.

—Porque siempre estamos en guerra.

Las horas pasaron. Comieron fruta. Treparon árboles. Construyeron una fortaleza ridículamente mala con ramas. La fortaleza se derrumbó sobre Cástor. Pólux afirmó que había sido culpa del diseño. Cástor afirmó que el arquitecto era Pólux. Cronos sostuvo que técnicamente ninguno tenía licencia para construir. Después se acostaron sobre el césped.

—¿Cuánto tiempo llevamos aquí? —preguntó Pólux.

Cronos calculó.

—Unas cinco horas.

Cástor se incorporó de golpe.

—¡¿CINCO?!

—Dentro.

—Papá va a matarnos.

Cronos negó.

—Afuera pasaron...

Cerró los ojos.

Sintió el flujo temporal.

—Diecisiete minutos.

Silencio. Los gemelos se miraron. Luego miraron a Cronos. Después volvieron a mirarse. Y una idea terrible nació simultáneamente en ambos. Cronos la escuchó.

—No.

Cástor sonrió.

—No dijimos nada.

—Lo pensaron.

Pólux señaló al pelirrojo.

—Eso es una ventaja injusta.

—Y ustedes están pensando en utilizar mi burbuja para evitar deberes.

Cástor levantó las manos.

—No evitar.

Pólux intervino:

—Administrar.

—No.

—Optimizar el tiempo.

—No.

—Eficiencia divina.




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