El Último Poder Del Olimpo

El rey del Olimpo aprende a jugar

Zeus cometió su primer error a las diez y diecisiete de la mañana. Aceptó acompañar a sus hijos al bosque. El segundo ocurrió a las diez y veintitrés. Aceptó escuchar las reglas del juego. Y el tercero, el verdaderamente imperdonable, llegó cuando Cástor preguntó:

—¿Tienes miedo de perder?

Zeus se detuvo. Cronos cerró los ojos. Pólux sonrió. Cástor supo inmediatamente que había ganado..El rey del Olimpo giró muy despacio.

—¿Qué dijiste?

—Nada.

—Dijiste que tengo miedo de perder.

—Pregunté.

—Es prácticamente lo mismo.

Cronos murmuró:

—Cayó.

Pólux asintió.

—Completamente.

Zeus los señaló.

—Voy a ganar.

Los tres sonrieron. Y así fue como el soberano más poderoso del Olimpo terminó participando voluntariamente en una competencia inventada por tres muchachos que, claramente, no respetaban su dignidad. El juego se llamaba La conquista del bosque. Zeus preguntó quién había elegido el nombre. Cástor levantó la mano.

—Se nota —dijo Zeus.

—Gracias.

—No era un cumplido.

Las reglas eran absurdas..Habían escondido cinco cintas rojas, cinco verdes y cinco doradas en distintos puntos del bosque. Cada participante debía encontrar tres. Después debía llegar hasta una enorme roca junto al río y colocar allí las cintas. El primero en conseguirlo ganaba.

—Eso no parece tan absurdo —admitió Zeus.

Cronos sonrió.

—Todavía no terminamos.

Zeus comenzó a preocuparse. Pólux explicó:

—Está permitido robar cintas.

—No.

—Está permitido esconder las de los demás.

—No.

—Está permitido bloquear caminos.

—No.

Cástor intervino:

—Está permitido engañar.

—Definitivamente no.

Cronos levantó una mano.

—¿Poderes?

Zeus lo miró.

—¡NO!

—Entonces tú tampoco puedes usar rayos.

—No pensaba utilizar rayos contra mis hijos.

Cástor susurró:

—Porque sabe que perdería.

Zeus giró.

—Te escuché.

Finalmente acordaron reglas. Sin ataques. Sin rayos. Sin teletransporte. Sin detener completamente el tiempo. Sin portales. Sin leer la mente de los demás para averiguar dónde estaban las cintas. Cronos pareció especialmente decepcionado con aquella última condición.

—Esto está dirigido específicamente contra mí.

—Por supuesto.

—Discriminación contra destructores.

—Cronos.

—Solo lo señalo.

Zeus levantó un dedo.

—Y nada de ralentizar el tiempo.

Cronos puso expresión inocente.

—¿Por qué me miras?

—Porque te conozco.

—Qué prejuicioso.

—Ayer ralentizaste una manzana para que Cástor no pudiera atraparla.

—Fue un experimento científico.

—La manzana terminó contra su cabeza.

—La ciencia tiene riesgos.

Se colocaron en la línea de salida. Cástor se agachó. Pólux estiró los brazos. Cronos se ajustó la capa roja. Zeus permaneció de pie.

—Esto es ridículo.

Cronos sacó su reloj de bolsillo.

—Son las diez y treinta y uno.

—Gracias.

—Quiero recordar la hora exacta en que perdiste.

Zeus lo miró.

—Voy a disfrutar demasiado derrotándote.

Cronos sonrió.

—Eso sonó muy poco paternal.

—Hoy no soy tu padre.

—¿Qué eres?

Zeus adoptó una expresión solemne.

—Tu rival.

Cástor comenzó a reír..Pólux lo imitó. Cronos guardó el reloj.

—Definitivamente voy a ganar.

Una ninfa dio la señal. Los cuatro salieron corriendo. Y Zeus descubrió inmediatamente que sus hijos habían cometido un error fundamental. Él podía parecer un joven de veinticinco años. Pero seguía siendo Zeus. Rey del Olimpo. Dios del cielo. Señor del rayo. Había luchado contra titanes. Había atravesado campos de batalla..Había sobrevivido a guerras divinas. Encontrar tres cintas en un bosque no suponía ningún desafío. Cinco minutos después ya tenía dos.

—¡JA!

Su grito resonó entre los árboles. Desde lejos llegó la voz de Cronos:

—¡NO TE EMOCIONES TANTO!

—¡TENGO DOS!

—¡NADIE PREGUNTÓ!

Zeus sonrió. Esto era facilísimo. Entonces vio la tercera cinta. Roja..Colgaba de una rama. Corrió hacia ella..Extendió la mano. La cinta desapareció. Zeus quedó inmóvil.

—¿Qué...?

Miró hacia arriba. Nada. A la derecha. Nada. A la izquierda. Cronos estaba detrás de un árbol, sosteniendo la cinta.

—Hola.

Zeus abrió mucho los ojos.

—¿Cómo llegaste ahí?

—Corriendo.

—Estabas a cien metros.

—Soy rápido.

—Cronos.

—Papá.

—¿Ralentizaste el tiempo?

—No puedes demostrarlo.

Y salió corriendo. Zeus fue detrás.

—¡CRONOS!

El muchacho rio.

—¡NO ME ATRAPARÁS!

—¡ESTÁS HACIENDO TRAMPA!

—¡VENTAJA ESTRATÉGICA!

—¡PROHIBIMOS ESA VENTAJA!

Cronos saltó sobre un tronco. Zeus estaba a punto de alcanzarlo. Entonces el mundo alrededor del dios se volvió espeso. No se detuvo. Simplemente se ralentizó. Zeus avanzó como si estuviera atravesando agua invisible.

—Crrrrroooooonooooos...

El pelirrojo se volvió. Caminó tranquilamente hacia atrás.

—Papá, estás hablando muy lento.

—Teeeeee vooooooy aaaaa...

Cronos puso una mano detrás de la oreja.

—¿Qué?

—...aaaaaa...

—No te entiendo.

—...maaaaaataaaaaar...

Cronos sonrió.

—Te quiero también.

Y salió corriendo. El tiempo recuperó su velocidad normal. Zeus salió disparado.

—¡ESO FUE TRAMPA!

—¡FUE UNA ALTERACIÓN TEMPORAL DEFENSIVA!

—¡ESO NO SIGNIFICA NADA!

—¡SUENA BIEN!

Cástor apareció entre los árboles.

—¡Cronos!

El destructor lanzó la cinta. Cástor la atrapó. Zeus quedó horrorizado.

—¡AHORA HAY CONSPIRACIÓN!

Pólux apareció por el otro lado.

—Siempre hubo conspiración.

Zeus frenó. Miró a sus tres hijos. Ellos lo miraron.

—Tres contra uno —dijo Zeus.

Cronos sonrió.

—Eres el rey del Olimpo.




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