Caminó..Necesitaba pensar. O quizá necesitaba reunir el valor necesario para aceptar lo que significaba retirarlo. Porque quitar el anillo no era simplemente deshacer un hechizo. Era renunciar. Renunciar a saber siempre dónde estaba Cronos. Renunciar a poder detenerlo. Renunciar a limitar su cronoquinesis..Renunciar a aquella seguridad artificial que le prometía que, sin importar lo que ocurriera, Cronos permanecería bajo su autoridad.
Era aceptar que su hijo podía marcharse. Y confiar en que elegiría volver. Cuando finalmente llegó al corredor donde estaba la habitación de Cronos, era pasada la medianoche..La puerta estaba abierta. Como siempre. Zeus se detuvo frente a ella.
—Cronos.
No hubo respuesta. Entró despacio..El muchacho dormía..La luna atravesaba la enorme ventana. Aquella ventana que Cronos había deseado tanto. El aire nocturno movía suavemente las cortinas. Había libros sobre una mesa, ropa juvenil negra y roja doblada sobre una silla y, junto a la cama, una taza con té completamente frío. Zeus sonrió tristemente. Por fin había una habitación habitada. No una celda. No un laboratorio. No una instalación sin relojes.
Una habitación. La habitación de su hijo. Entonces miró hacia la cama. Y la sonrisa murió. Cronos estaba acurrucado sobre un costado. Sus cabellos rojos caían desordenadamente sobre la almohada. Respiraba lentamente. Parecía tranquilo. Hasta que Zeus vio sus manos. La izquierda estaba cerrada alrededor de la derecha. No como quien busca calor. No como una postura casual. Cronos sujetaba su propia mano. Y sus dedos izquierdos cubrían casi completamente el anillo.
Zeus dejó de respirar. Se acercó un paso. Después otro. Cronos no despertó. Zeus pudo verlo mejor. El muchacho tenía la mano derecha apretada contra el pecho mientras la izquierda ocultaba el oro. Incluso dormido. Incluso inconsciente. Incluso cuando ya no podía discutir ni pedir ni suplicar..Estaba intentando cubrir el anillo.
—No...
Zeus sintió que algo se le hundía en el estómago. Recordó otra noche. La primera. Cronos dormido en su cama después del rescate. Agotado. Seguro por primera vez. Zeus sentado a su lado. Cronos despertando y preguntando qué hora era..Después aquella voz somnolienta:
No te vayas mientras duermo.
Y Zeus se había quedado. Cronos había vuelto a cerrar los ojos porque confiaba en él. Entonces Zeus había esperado. Había abierto el lugar donde guardaba objetos divinos. Había elegido el anillo. Había tomado aquella misma mano. Y lo había colocado. Mientras dormía. Zeus sintió vergüenza. No culpa. La culpa ya la conocía. Aquello era diferente. Vergüenza. Una sensación antigua y terrible que atravesó al rey del Olimpo hasta dejar únicamente al hombre.
—Dioses...
Se sentó lentamente junto a la cama. Miró al muchacho.
—¿Qué te hice?
Cronos se movió dormido. Zeus quedó inmóvil. La mano izquierda se cerró todavía más alrededor de la derecha. Protegiéndola. Ocultándola..Zeus vio que sus dedos incluso habían dejado pequeñas marcas rojizas sobre la piel por la presión. El dios bajó la cabeza. Atenea tenía razón. Cronos ya no necesitaba explicarle nada. Su cuerpo lo estaba haciendo mientras dormía..El niño tenía miedo.
No necesariamente de que Zeus fuera a golpearlo. No de que fuera a matarlo. Era un miedo más complejo. Miedo de no pertenecer completamente a sí mismo mientras Zeus estuviera cerca. Miedo de despertar y descubrir una nueva orden. Miedo de que un “no” volviera a transformarse mágicamente en obediencia.
Miedo de que la persona a quien había llamado para salvarlo pudiera decidir que protegerlo significaba controlarlo. Zeus cerró los ojos.
—Me tienes miedo.
Las palabras apenas salieron. Cronos siguió durmiendo. Zeus quiso tocarle el cabello. Levantó la mano..Se detuvo. Por primera vez se preguntó si tenía derecho. Aquello terminó de destruirlo. Porque Cronos había querido sus abrazos..Los había imaginado. Había construido noches enteras alrededor de la fantasía de poder acurrucarse contra su padre después de una pesadilla. Y Zeus había conseguido que ahora dudara incluso antes de tocarlo mientras dormía. Retiró la mano.
—No voy a tocarte. No mientras no puedas decirme que sí.
El rey del Olimpo permaneció sentado..Y miró..Solo miró..No buscó señales de poder. No calculó energía..No pensó cuánto tiempo podría detener..No imaginó ejércitos. No se preguntó qué ocurriría si aquella mente entrara en la de un dios..Por primera vez desde el rescate, todas esas preguntas desaparecieron. Vio un muchacho de cabellos rojos. Un niño que había pasado demasiado tiempo solo.
Alguien que había sobrevivido a siglos sin padre y que, encerrado en una habitación sin amaneceres, había inventado uno. Un niño que quería saber qué hora era..Que amaba las ventanas. Que robaba pasteles. Que hacía preguntas absurdas. Que quería conocer el bosque. Que deseaba descubrir si podía detener un rayo únicamente porque hacerlo junto a su padre habría sido divertido..Vio a Cronos. No al sexto destructor..No a la cronoquinesis. No a la telepatía..No a una ventaja estratégica. No a una amenaza potencial..No a un arma.
A su hijo.
Zeus comenzó a llorar. Silenciosamente. No quería despertarlo.
—Tú me llamaste.
Miró el rostro dormido.
—Yo ni siquiera sabía que existías y tú me llamaste.
La cinta roja apareció sobre su mano.
—Me elegiste antes de que hiciera una sola cosa para merecerlo.
Una lágrima cayó sobre su propia muñeca.
—Y cuando finalmente te encontré...—Miró el anillo oculto entre los dedos de Cronos—...tuve tanto miedo de perderte que hice que empezaras a perderme tú.