Fuego y Hielo

Capítulo 17: Parte 4

LO QUE DEJARON ATRÁS

El teléfono de Hannah seguía conectado con Joe cuando ella levantó la vista de la pantalla, con el rostro tenso iluminado por el brillo azulado del móvil.

—Dice que la tercera operación de Parker aparece también en los registros que estamos cruzando con los de 2014.

Alex miró el apartamento. Un apartamento pequeño, de los años 80, con olor a cerrado y a café frío.

El silencio parecía más pesado ahora. Denso. Cargado de la ausencia de alguien que se fue a la fuerza.

Hasta unos minutos antes, Elliot Parker había sido un nombre dentro de una documentación. Un antiguo responsable administrativo de una empresa de servicios portuarios. Un intermediario que aparecía en determinados registros. Un posible testigo al que habían decidido localizar.

Ahora era un hombre desaparecido. Y su casa estaba revuelta. Violentada.

—Cinco minutos más —dijo Hannah, con voz baja, de cazadora.

Alex asintió, con la mandíbula apretada.

—Cinco.

No necesitaban justificarlo. Tampoco buscar una explicación inmediata. Si alguien había entrado allí antes que ellos, la vivienda podía contener todavía información sobre lo sucedido.

Tobías se incorporó y los siguió, con las uñas haciendo clic contra el suelo de parqué viejo, con el hocico pegado al suelo.

La segunda revisión comenzó sin prisas. Pero con el corazón acelerado.

Hannah recorrió el salón observando antes de tocar, como si la escena pudiera hablar. Alex hizo lo mismo, pero concentrándose en los espacios que parecían haber sido manipulados y en el posible recorrido de quien hubiera registrado el apartamento. Siguiendo huellas invisibles con la mirada.

No tardaron en coincidir.

El despacho. Era allí donde la búsqueda había sido más intensa. Donde la violencia había sido más quirúrgica.

—Aquí —murmuró Hannah, señalando con un gesto mínimo.

Alex se acercó, pegado a ella, hombro con hombro.

Había cajones abiertos, carpetas desplazadas y varios documentos en el suelo. Sin embargo, algunos espacios permanecían intactos.

—No registraron todo —dijo él, con la voz ronca, intrigado.

—No. Sabían qué no tocar.

Hannah señaló una estantería, alta, llena de polvo, excepto en un hueco.

—Mira.

Libros, archivadores y cajas seguían perfectamente colocados.

Tobías se aproximó, olfateó el suelo y se detuvo unos segundos junto a la estantería, con el lomo erizado, gruñendo muy bajo.

Alex bajó la mirada hacia él.

—¿Qué pasa, chico?

El pastor alemán permaneció atento, con la cola rígida, apuntando con la nariz.

Hannah no apartó los ojos de la estantería.

—Puede haber detectado un olor o un cambio reciente. Sangre. Miedo. Sudor. Algo que nosotros no olemos.

Alex asintió.

—Puede ser.

Ninguno añadió nada más.

Tobías no era una respuesta. Era, como mucho, una razón para mirar con más atención. Una brújula peluda en medio del caos.

Hannah recorrió con los dedos el borde de una carpeta sin moverla. Entonces vio algo que no encajaba. Una carpeta estaba completamente vacía.No tirada en el suelo ni abierta. Vacía y colocada con cuidado en su sitio. Como una provocación. Como un mensaje.

En la etiqueta solo había un dato. 2014.

Hannah se quedó inmóvil, con la sangre helada. Alex lo vio, y sintió un escalofrío que le recorrió la nuca.

—Otra vez ese año.

—Sí. Otra vez. Siempre vuelve.

Sacó el teléfono y fotografió la carpeta desde varios ángulos, con manos temblorosas por la adrenalina.

—Joe tendrá que cruzarlo.

—Ya lo está haciendo.

El móvil vibró casi inmediatamente. Un zumbido estridente en el silencio sepulcral.

Joe.

Hannah respondió, poniéndolo en altavoz.

—Dime.

La voz de Joe llegó rápida desde el otro lado, entre interferencias.

—La tercera operación de Parker aparece en los registros de ese periodo. Y hay una referencia de ruta que me resulta familiar.

Alex intercambió una mirada con Hannah, con los ojos muy abiertos.

—¿Bradford? —preguntó.

—Documentación relacionada con Bradford —precisó Joe—. No estoy diciendo que sea el mismo movimiento.

—Bien —respondió Hannah—. Porque no lo sabemos. Todavía.

—Exacto.

La llamada terminó. Clic.

Alex miró la carpeta, como si fuera una bomba.

—Hecho.

Hannah entendió.

—Indicio.

Y continuaron, con la tensión subiendo por las paredes.

En la pequeña habitación de almacenamiento encontraron algo diferente.

El lugar estaba prácticamente intacto. Demasiado intacto comparado con el resto. Sospechosamente intacto.

Tobías entró unos pasos y olfateó el suelo. Después giró hacia una esquina, rascando con insistencia. Alex siguió su mirada. Había una marca rectangular sobre el polvo, nítida y reciente. Un espacio limpio, como si durante mucho tiempo hubiera habido allí una caja, una carpeta gruesa o algún objeto de tamaño similar.

Ahora no quedaba nada. Solo el fantasma de algo que estuvo allí durante años y que alguien se llevó hacía unas horas.

Hannah se agachó sin tocar la superficie, conteniendo la respiración.

—Algo estuvo aquí.

—Sí.

—Pero no sabemos qué.

—Ni quién lo retiró.

Hannah tomó una fotografía, con flash. Otro hecho. Otra pieza. Nada más. Y todo a la vez.

Un ruido procedente de la calle interrumpió el silencio. Un motor diesel que se acercaba lento. Demasiado lento.

Tobías levantó las orejas, con un ladrido ahogado en la garganta. Alex giró la cabeza, instintivamente hacia la ventana. Un vehículo oscuro había reducido la velocidad frente al edificio. Hannah apagó la luz del salón de un manotazo. ¡Clic! Hubo una oscuridad repentina.

Durante unos segundos ninguno habló. Ni respiraron.

Alex se acercó a la ventana y observó desde un ángulo que no permitiera verlo fácilmente desde el exterior, pegado a la pared, como un francotirador.




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