Fuego y Hielo

Capítulo 17: Parte 7

NUESTRO PEQUEÑO PLAN

La feria de North Harbour había conseguido algo que ni siquiera el Equipo Bradford podía hacer con facilidad: llenar las calles del ruido suficiente como para que nadie pudiera pensar demasiado. Y de olor a gofre quemado.

Luces de colores colgaban sobre la avenida principal. La música de las atracciones se mezclaba con las voces de los niños, el sonido metálico de las máquinas y el olor de las hamburguesas, las patatas fritas y el azúcar caliente. Había familias por todas partes, parejas caminando despacio y grupos de adolescentes que parecían tener como único objetivo ocupar el mayor espacio posible. Y Will intentando ganar todos los peluches del tiro al blanco y fallando todas.

Connor, en cambio, tenía un objetivo mucho más ambicioso.

—¡Quiero ver eso! —señaló una atracción. Tres segundos después señaló otra—. ¡Y eso!

Alex soltó una carcajada.

—Primer Oficial, si seguimos así vamos a necesitar un mapa. Y una hipoteca.

—¡Pues haz uno!

—Ya tenemos uno —intervino Hannah—. El que llevas tú en la cabeza. Que es peor que el GPS de Joe, que siempre te lleva a 2014.

Connor sonrió, orgulloso de sí mismo, y siguió caminando.

Tobías avanzaba junto a ellos con la tranquilidad de quien ya había aceptado que aquella tarde iba a consistir en seguir a su familia de un lado para otro. De vez en cuando Connor se agachaba para decirle algo al oído, como si el pastor alemán pudiera responderle. Y Tobías lo miraba con cara de "yo solo vine por las salchichas".

Alex los observó durante unos segundos. Connor delante. Tobías detrás de él. Hannah a su lado. A exactamente 47 centímetros de distancia, distancia reglamentaria para dos compañeros que "no están juntos".,Una imagen tan sencilla que, precisamente por eso, le pareció extraordinaria.

No había expedientes, ni pantallas, nombres ocultos detrás de sociedades ni códigos de seis dígitos.

Solo ellos. Una tarde casi normal.

Connor volvió a mirar hacia atrás. Primero a Hannah, después a Alex y sonrió. Con esa sonrisa de niño de ocho años que sabe perfectamente que ellos son novios pero finge que no se ha dado cuenta porque le divierte verlos hacer el ridículo.

Alex arqueó ligeramente una ceja. Hannah también lo había visto. El niño señaló una caseta de juegos.

—Voy a mirar eso.

—¿Solo? —preguntó Alex.

—Sí —la respuesta llegó demasiado deprisa con cara de agente encubierto de 8 años.

Hannah miró a Alex y él la miró a ella. Ninguno dijo nada. Se comunicaron por telepatía de pareja que niega ser pareja. Connor se alejó con absoluta naturalidad, silbando, como un mal actor de película de espías. Cuando desapareció entre dos grupos de personas, Alex volvió la cabeza hacia Hannah.

—¿Tú también lo has notado?

—Sí. Nos está dando vía libre. Nos está haciendo de celestino y ni siquiera nos cobra.

—¿Crees que lo hace a propósito?

Hannah contuvo una sonrisa.

—Es un niño y tiene un máster en manipulación emocional.

—Eso no responde a mi pregunta.

—Precisamente.

Alex soltó una carcajada baja. Después miró alrededor. Como un delincuente buscando a la policía. No había compañeros de trabajo. No había nadie conocido cerca. Bueno, solo toda North Harbour, pero técnicamente nadie de la comisaría. Y, por una vez, no tenían que fingir nada. O sí, porque oficialmente seguían ocultando su relación. Aunque realmente lo están y muy juntos.

Se acercó a Hannah sin perder más tiempo.

—Entonces… ¿dónde estábamos?

Ella fingió pensarlo.

—No me acuerdo. Estábamos en modo "somos solo compañeros de trabajo que casualmente comparten un niño, un perro, velero y cama a veces.

—Mentira.

—Puede ser.

Alex la atrajo hacia él y la besó. No fue un roce breve. Fue un beso apasionado, profundo, de los que llevan horas esperando. Sus labios se abrieron al instante, las lenguas se buscaron con hambre contenida, y las manos de Alex subieron hasta la nuca de Hannah para mantenerla pegada a él. Ella respondió con la misma urgencia, agarrándole la camiseta, empujándolo un poco más cerca, como si el ruido de la feria y la gente a su alrededor no existieran. El beso se alargó, se volvió más intenso, más desesperado, hasta que ambos tuvieron que separarse para respirar, con las frentes juntas y las respiraciones agitadas.

Cuando se separaron, Hannah tenía una sonrisa que intentaba esconder. Y la cara de Inspectora Jefe en modo negación profesional… aunque los labios hinchados la delataban.

—Esto es ridículo. Si nos ve alguien vamos a tener que decir que te estaba haciendo la reanimación cardiopulmonar.

—Me gusta. La parte de lo ridículo. Y la de besarte así.

—¿Escaparnos de un niño? Que además es nuestro cómplice.

—No nos estamos escapando.

—¿Ah, no?

—Nos está dando espacio. El niño es más listo que todo el Equipo Bradford junto.

Hannah negó con la cabeza, divertida, todavía un poco sin aliento.

—No sé qué me preocupa más. Que Connor lo sepa o que tú estés tan contento de que lo sepa. Y que seamos tan malos mintiendo.

Alex iba a responder cuando escucharon la voz del niño.

—¡Mamá!

Los dos se separaron inmediatamente. Como dos adolescentes pillados. Alex miró al cielo. Hannah se puso a mirar un puesto de manzanas con mucho interés, como si nunca hubiera visto una manzana.

Connor apareció unos metros más allá. Los miró, sonrió y no preguntó absolutamente nada. Simplemente continuó caminando. Con cara de "sí, claro, no estáis juntos, claro que no".

Alex esperó hasta que estuvo de espaldas.

—Definitivamente sabe algo. Sabe todo. Nos tiene calados.

Hannah lo miró de reojo.

—Definitivamente. Y nos está vacilando.

Siguieron detrás de él.

Un rato después, Connor encontró otro puesto que quería mirar. Esta vez se acercó a unos niños de su edad y comenzó a hablar con ellos. Les estaba contando, probablemente, cómo ellos son novios pero hacen teatro.




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